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Capitulo 28-Sentimientos
Me hallaba en la UVI, cubierta de extraños aparatos y visitas medicas a cada rato. Sam y Axel me venían a ver muy pocas veces, cuando algún doctor se lo permitían e Ian no había vuelto a venir.
-Buenos días, Yvaine-saludó mi madre con cierto rastro de cansancio-tu padre no tardará en llegar.
-Mama, ya te he dicho que vayas a casa a descansar. Estoy rodeada de médicos y si ocurre algo te avisaran en seguida-repliqué y ella dio un largo suspiro-está bien, no abriré más la boca.
Agarró el periódico y comenzó a leerlo a media voz, para sí misma. Yo no tenía mucho que hacer, excepto aburrirme entre revisión y revisión.
-Es la hora-confirmo una enfermera tras entrar a aquél cubículo con aire concentrado-si le importa, Señora McDullan…-mi madre depositó el periódico encima de la mesa y salió de allí, despacio, mirándome con aquellos ojitos cansados y destrozados por el agotamiento.
Aquello era el pan de cada día. No me apetece describir que tipo de revisiones se ejercían, ya que solo con recordarlo se me ponen los pelos de punta. Simplemente mencionare que no era algo muy agradable, proporcionándome malestar y vomitos.
Los meses fueron pasando sin poder parar el tiempo. Podía dejar un día en concreto en el calendario, sin embargo, mi subconsciente sabía a la perfección que aquél no era el día real, que todo cambiaba, incluida yo.
Me hallaba en un estado catastrófico y todos los doctores que me visitaban diariamente estaban seguros que no tardaría en fallecer. Yo intentaba ser positiva, me tomaba la medicina aunque me produjera asco e intentaba sonreír con mi mayor esfuerzo. Nada parecía funcionar. Mis padres se volvieron un poco más pesimistas día tras día, alejando la esperanza que los conservaba cuerdos. Iban aceptando la realidad que lentamente se les venía encima, como un cubo de agua fría mientras duermes plácidamente.
Echaba de menos la luz del sol, las risas de mis amigos y sobretodo, con más fervor, la sonrisa brillante del hombre que me amaba con toda su alma. Me estaba dando cuenta de que yo también le quería, que siempre había sabido que le quería, pero por algún extraño motivo me lo negaba siempre a mí misma. Deseaba verle, besarle, decirle que todo iría bien, aún siendo mentira.
Y el tiempo seguía pasando, como si tal cosa, indiferente a todo lo de su alrededor. Sin importarle ni una pizca si la gente es feliz o sufre, si ríe o llora, si vive o muere. E Ian nunca se acercaba a verme, después de tantos meses…¿acaso me odiaría? O quizá, ¿no asumía mi estado? Lo único que ansiaba era despedirme de él…hacerle saber que yo también le quería. ¿Acaso pedía mucho?
Me hallaba en la UVI, cubierta de extraños aparatos y visitas medicas a cada rato. Sam y Axel me venían a ver muy pocas veces, cuando algún doctor se lo permitían e Ian no había vuelto a venir.
-Buenos días, Yvaine-saludó mi madre con cierto rastro de cansancio-tu padre no tardará en llegar.
-Mama, ya te he dicho que vayas a casa a descansar. Estoy rodeada de médicos y si ocurre algo te avisaran en seguida-repliqué y ella dio un largo suspiro-está bien, no abriré más la boca.
Agarró el periódico y comenzó a leerlo a media voz, para sí misma. Yo no tenía mucho que hacer, excepto aburrirme entre revisión y revisión.
-Es la hora-confirmo una enfermera tras entrar a aquél cubículo con aire concentrado-si le importa, Señora McDullan…-mi madre depositó el periódico encima de la mesa y salió de allí, despacio, mirándome con aquellos ojitos cansados y destrozados por el agotamiento.
Aquello era el pan de cada día. No me apetece describir que tipo de revisiones se ejercían, ya que solo con recordarlo se me ponen los pelos de punta. Simplemente mencionare que no era algo muy agradable, proporcionándome malestar y vomitos.
Los meses fueron pasando sin poder parar el tiempo. Podía dejar un día en concreto en el calendario, sin embargo, mi subconsciente sabía a la perfección que aquél no era el día real, que todo cambiaba, incluida yo.
Me hallaba en un estado catastrófico y todos los doctores que me visitaban diariamente estaban seguros que no tardaría en fallecer. Yo intentaba ser positiva, me tomaba la medicina aunque me produjera asco e intentaba sonreír con mi mayor esfuerzo. Nada parecía funcionar. Mis padres se volvieron un poco más pesimistas día tras día, alejando la esperanza que los conservaba cuerdos. Iban aceptando la realidad que lentamente se les venía encima, como un cubo de agua fría mientras duermes plácidamente.
Echaba de menos la luz del sol, las risas de mis amigos y sobretodo, con más fervor, la sonrisa brillante del hombre que me amaba con toda su alma. Me estaba dando cuenta de que yo también le quería, que siempre había sabido que le quería, pero por algún extraño motivo me lo negaba siempre a mí misma. Deseaba verle, besarle, decirle que todo iría bien, aún siendo mentira.
Y el tiempo seguía pasando, como si tal cosa, indiferente a todo lo de su alrededor. Sin importarle ni una pizca si la gente es feliz o sufre, si ríe o llora, si vive o muere. E Ian nunca se acercaba a verme, después de tantos meses…¿acaso me odiaría? O quizá, ¿no asumía mi estado? Lo único que ansiaba era despedirme de él…hacerle saber que yo también le quería. ¿Acaso pedía mucho?
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Hinata_Nione- Contratista

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