0= Condones =0
Página 1 de 3. • Compartir •
Página 1 de 3. • 1, 2, 3 
0= Condones =0
Capitulo 1-Inexperta
Condones, ese inventó mágico que revolucionó las relaciones sexuales. Una especie de guante de latex que se pone en el órgano viril, para, o bien no quedarte preñada o no contraer una enfermedad mortal, como el sida.
Pero mi pregunta es... ¿porque habían tantos? normales, fosforitos, de colorines, con sabores, de diferentes formas, más sugerentes... ¿Porque? Todos tenían un único uso. Y allí estaba yo, delante de la sección de limpieza de un supermercado, dónde se encontraban los condones. Pero no sabía cual escoger.
Todo venía por culpa de mi novio, el que más me duraba, hasta la fecha. Llevábamos un año y medio y ya era hora de consumir nuestro amor, practicando sexo. Le había dicho a Harry que yo me ocuparía de los condones, pero era una tarea bastante complicada cuando una no entiende del tema.
Entonces, por arte de magia y para mi absoluta vergüenza, apareció el hijo de los vecinos, un niñato egoísta que se creía el rey del mundo. Si me veía comprar condones, mi cabeza rodaría nada más llegar a casa. Me corrí un poco hacía la izquierda, disimulando en voz alta que tipo de tiritas debía comprarme. Él no me había visto, pero yo sí. También quería preservativos o al menos, sus ojos se dirigían a las cajitas de colores dónde ponía "Durex".
-¡Hola Ian!-dije con voz cantarina. Disimular me salía realmente bien.
-¡Yvaine!-exclamó sobresaltado-tu por aquí…
-Es el súper el centro. ¿Qué compras?-sonreí maliciosamente y miré un momento aquellos objetos que tanto ansiábamos los dos.
-Lejía-cogió un bote cualquiera y lo metió en la cesta.
-Eso es lavavajillas-respondí y él refunfuñó.
-Ya lo sabía. Ahora, si me disculpas, tengo que seguir con la compra-y se esfumó como una sombra.
-Ahora es la mía-pensé y justo cuando iba a coger una caja, una cualquiera, Ian me miró tras una estantería.
-¡Ajá!-chilló y salió corriendo, conmigo detrás.
Al fin, logré atraparle, cogiéndole del pescuezo y llevándomelo a la sección de alcohol. No sé porque, pero nadie ponía un pie ahí.
-¡Cómo digas una palabra te reviento aquí y ahora!-le amenacé y él tragó saliva.
-No diré nada, si tú a cambio mantienes la boca cerrada.
-Trato hecho. Toma-le entregué una caja (que por error había cogido dos) y salí de allí pitando, intentando que la cajera fuera veloz.
Una vez en casa, sin moros en la costa, saque aquella cajita milagrosa y me la quedé mirando durante quince minutos. Creo que llegué aprenderme el relieve, lo brillante que era el plastiquito donde venía envuelta y cuantos colores diferentes tenía.
El ruido del teléfono me sacó de mi ensoñación.
-Residencia McDullan-respondí.
-Gracias por lo de antes-murmuró-acércate a la ventana.
Para más datos, su habitación y la mía quedaban justo delante, así que podíamos vernos desde la ventana. Y sí, allí estaba él, meneando una cajita rojiza, de un lado para otro.
-De nada-musité-ya puedes dejar de balancear los brazos como un mono.
-¿Sabes cómo ponerlos?-preguntó con sonrisilla maliciosa.
-¡Mierda!-gritó mi fuero interno-por supuesto-mentí-claro que sé. Hace tiempo que practico esta arte, antes de nacer tú, fíjate.
-¡Ja! Sé que eres virgen. Ine, a mi no me engañas. Sigues siendo tan virgen como la de la Iglesia.
-No me llames Ien, niñato. Eso solo se lo permito a Harry.
-Puedes venir a mi casa, a practicar conmigo-se ofreció.
-Ni harta vino, chato. Ahora si me disculpas, tengo que prepararme para mi cita-iba a colgar pero oí algo que me dejó colapsada.
-Harry te pone los cuernos-dijo una vocecita tras el aparato.
-¿Qué? No me vengas con historias.
-Es cierto. Decidí no contártelo, porque la verdad es que me da bastante igual, pero ahora que tenemos un trato…
-¿Y que viste?-pregunté nerviosa. No me creía que Harry hiciera esas cosas, pero hacía un tiempo que comenzaba a sospechar en su fidelidad para conmigo.
-Pues...-se rascó la cabeza en la lejanía-le vi con una chica rubia, de tu clase. Sandie o algo así, se llama. En fin, vi como se la mamaba a Harry y él disfrutaba mucho, yo diría que demasiado.
-Mentira-crucé los dedos y me tiré sobre el primer trozo de madera que encontré-es mentira.
-Ien…aún puedo verte-musitó y yo hice una pequeña mueca.
-¡MENTIRA!-colgué el teléfono y corrí la cortina. Seguro que se trataría de un chico parecido a Harry. Tenía una cara muy común y…
Me contemplé en el espejo de cuerpo entero que tenía en la esquina izquierda de mi habitación. Tampoco era tan fea o eso pensaba. Tenía el cabello teñido de rosa chicle, sujeto en un moño. Me había puesto un traje hasta las rodillas y un poco ajustado, de un color rosado. Las medias lilas y unas botas de plataforma a juego con el vestido.
Mis ojos no eran muy grandes, de un color grisáceo. Me pinté simplemente con la típica raya negra, pero en vez de ese color en lila. Mi nariz no era nada especial. Un poquitín ancha, pero sin sobrepasarse. Mis labios jugosos se camuflaban con un carmín chicle y media 1.65 m.
Vale, quizá no era una Afrodita, pero muchos chicos iban detrás de mí y cuando rompía con uno, a la semana siguiente ya tenía otro nuevo.
La gente decía que era un poco buscona, para no decir demasiado, pero yo siempre creí que hay que disfrutar de la vida y pasar de lo que digan. Al menos, sino se enteran mis padres.
Me solté el cabello largo hasta el pecho y me lo miré durante un buen rato.
-Debería teñírmelo de mi color verdadero y cambiar el estilo de vestir. Quizá así comenzarían a respetarme-pero sabía que eso era solo palabrería y no cambiaría nada. Todo seguiría igual que antes. Llegaría al instituto a la mañana siguiente y me señalarían con el dedo.
No tenía ningún amigo en el instituto. Es más, creo recordar que nunca tuve amigos. Siempre me rodeaba de chicos, eso era cierto. Había tenido más novios que bragas, pero únicamente lo hacía para que la soledad que me embriagaba me dejara en paz una temporada.
Condones, ese inventó mágico que revolucionó las relaciones sexuales. Una especie de guante de latex que se pone en el órgano viril, para, o bien no quedarte preñada o no contraer una enfermedad mortal, como el sida.
Pero mi pregunta es... ¿porque habían tantos? normales, fosforitos, de colorines, con sabores, de diferentes formas, más sugerentes... ¿Porque? Todos tenían un único uso. Y allí estaba yo, delante de la sección de limpieza de un supermercado, dónde se encontraban los condones. Pero no sabía cual escoger.
Todo venía por culpa de mi novio, el que más me duraba, hasta la fecha. Llevábamos un año y medio y ya era hora de consumir nuestro amor, practicando sexo. Le había dicho a Harry que yo me ocuparía de los condones, pero era una tarea bastante complicada cuando una no entiende del tema.
Entonces, por arte de magia y para mi absoluta vergüenza, apareció el hijo de los vecinos, un niñato egoísta que se creía el rey del mundo. Si me veía comprar condones, mi cabeza rodaría nada más llegar a casa. Me corrí un poco hacía la izquierda, disimulando en voz alta que tipo de tiritas debía comprarme. Él no me había visto, pero yo sí. También quería preservativos o al menos, sus ojos se dirigían a las cajitas de colores dónde ponía "Durex".
-¡Hola Ian!-dije con voz cantarina. Disimular me salía realmente bien.
-¡Yvaine!-exclamó sobresaltado-tu por aquí…
-Es el súper el centro. ¿Qué compras?-sonreí maliciosamente y miré un momento aquellos objetos que tanto ansiábamos los dos.
-Lejía-cogió un bote cualquiera y lo metió en la cesta.
-Eso es lavavajillas-respondí y él refunfuñó.
-Ya lo sabía. Ahora, si me disculpas, tengo que seguir con la compra-y se esfumó como una sombra.
-Ahora es la mía-pensé y justo cuando iba a coger una caja, una cualquiera, Ian me miró tras una estantería.
-¡Ajá!-chilló y salió corriendo, conmigo detrás.
Al fin, logré atraparle, cogiéndole del pescuezo y llevándomelo a la sección de alcohol. No sé porque, pero nadie ponía un pie ahí.
-¡Cómo digas una palabra te reviento aquí y ahora!-le amenacé y él tragó saliva.
-No diré nada, si tú a cambio mantienes la boca cerrada.
-Trato hecho. Toma-le entregué una caja (que por error había cogido dos) y salí de allí pitando, intentando que la cajera fuera veloz.
Una vez en casa, sin moros en la costa, saque aquella cajita milagrosa y me la quedé mirando durante quince minutos. Creo que llegué aprenderme el relieve, lo brillante que era el plastiquito donde venía envuelta y cuantos colores diferentes tenía.
El ruido del teléfono me sacó de mi ensoñación.
-Residencia McDullan-respondí.
-Gracias por lo de antes-murmuró-acércate a la ventana.
Para más datos, su habitación y la mía quedaban justo delante, así que podíamos vernos desde la ventana. Y sí, allí estaba él, meneando una cajita rojiza, de un lado para otro.
-De nada-musité-ya puedes dejar de balancear los brazos como un mono.
-¿Sabes cómo ponerlos?-preguntó con sonrisilla maliciosa.
-¡Mierda!-gritó mi fuero interno-por supuesto-mentí-claro que sé. Hace tiempo que practico esta arte, antes de nacer tú, fíjate.
-¡Ja! Sé que eres virgen. Ine, a mi no me engañas. Sigues siendo tan virgen como la de la Iglesia.
-No me llames Ien, niñato. Eso solo se lo permito a Harry.
-Puedes venir a mi casa, a practicar conmigo-se ofreció.
-Ni harta vino, chato. Ahora si me disculpas, tengo que prepararme para mi cita-iba a colgar pero oí algo que me dejó colapsada.
-Harry te pone los cuernos-dijo una vocecita tras el aparato.
-¿Qué? No me vengas con historias.
-Es cierto. Decidí no contártelo, porque la verdad es que me da bastante igual, pero ahora que tenemos un trato…
-¿Y que viste?-pregunté nerviosa. No me creía que Harry hiciera esas cosas, pero hacía un tiempo que comenzaba a sospechar en su fidelidad para conmigo.
-Pues...-se rascó la cabeza en la lejanía-le vi con una chica rubia, de tu clase. Sandie o algo así, se llama. En fin, vi como se la mamaba a Harry y él disfrutaba mucho, yo diría que demasiado.
-Mentira-crucé los dedos y me tiré sobre el primer trozo de madera que encontré-es mentira.
-Ien…aún puedo verte-musitó y yo hice una pequeña mueca.
-¡MENTIRA!-colgué el teléfono y corrí la cortina. Seguro que se trataría de un chico parecido a Harry. Tenía una cara muy común y…
Me contemplé en el espejo de cuerpo entero que tenía en la esquina izquierda de mi habitación. Tampoco era tan fea o eso pensaba. Tenía el cabello teñido de rosa chicle, sujeto en un moño. Me había puesto un traje hasta las rodillas y un poco ajustado, de un color rosado. Las medias lilas y unas botas de plataforma a juego con el vestido.
Mis ojos no eran muy grandes, de un color grisáceo. Me pinté simplemente con la típica raya negra, pero en vez de ese color en lila. Mi nariz no era nada especial. Un poquitín ancha, pero sin sobrepasarse. Mis labios jugosos se camuflaban con un carmín chicle y media 1.65 m.
Vale, quizá no era una Afrodita, pero muchos chicos iban detrás de mí y cuando rompía con uno, a la semana siguiente ya tenía otro nuevo.
La gente decía que era un poco buscona, para no decir demasiado, pero yo siempre creí que hay que disfrutar de la vida y pasar de lo que digan. Al menos, sino se enteran mis padres.
Me solté el cabello largo hasta el pecho y me lo miré durante un buen rato.
-Debería teñírmelo de mi color verdadero y cambiar el estilo de vestir. Quizá así comenzarían a respetarme-pero sabía que eso era solo palabrería y no cambiaría nada. Todo seguiría igual que antes. Llegaría al instituto a la mañana siguiente y me señalarían con el dedo.
No tenía ningún amigo en el instituto. Es más, creo recordar que nunca tuve amigos. Siempre me rodeaba de chicos, eso era cierto. Había tenido más novios que bragas, pero únicamente lo hacía para que la soledad que me embriagaba me dejara en paz una temporada.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:01 pm, editado 2 veces
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
Capitulo 2-Cuernos
Oí como el timbre de la puerta principal sonaba estridente en mis oídos. Guardé las pruebas del delito que iba a cometer en un lugar seguro y abrí la puerta. Fue una sorpresa ver quién me esperaba.
-¿Sandie?-me quedé atónita, mirándole los pies.
-¿Puedo entrar?-preguntó tímidamente-tengo algo que contarte..
-¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Y más mierda!-pensaba, queriendo arrancarme la piel a tiras y que la tierra me tragara-¿Qué ocurre?-me puse en modo chula automáticamente.
-Pues, verás, por dónde empiezo…-dio un paso hacia atrás al ver mi hostilidad y tragó saliva, pensativa, buscando las palabras exactas para no romperme el corazón-Harry y yo hemos tenido algunos roces últimamente. No sé si te habrán llegado rumores…he preferido decírtelo yo misma, a pesar que Harry se opuso rotundamente.
-¿Qué significa todo esto? ¿Qué tipo de “roces”?-pregunté impaciente, con el corazón apunto del declive.
-Sexo oral, básicamente. Nos acostamos una vez, pero solo una. Harry ha estado haciendo lo mismo con otras chicas, así que he creído conveniente abrirte los ojos-su tono era a modo de disculpa. Sandie me odiaba y yo a ella, pero al menos había tenido la decencia de decírmelo.
-Entiendo-musité-¿algo más?-dije fríamente, sobreactuando.
-Nada más. Nos vemos mañana-hizo un breve gesto con la mano y bajó los escalones de mi casa.
Cerré la puerta con un portazo sonoro, que hizo retumbar las paredes y los muebles.
No podía ser cierto lo que acababa de oír. Confiaba tanto en Harry…tantísimo. El único al que amé con toda mi alma. Al que le iba a dar mi virginidad como un acto puro del amor que profesaba hacía él. Pero todo acabó en esa tarde. Un año y medio al traste, lanzado a la basura junto con mi alma.
-Perfecto-me dije al notar unas lágrimas en mis ardientes mejillas-de puta madre-me senté en el suelo y allí comencé a llorar como nunca antes lo había hecho nadie. La idiota que creyó en falsas palabras de amor, en auténticas promesas ahora rotas y en sueños que jamás se verían realizados.
Alcé la cabeza y contemplé el salón de mi casa que me parecía desconocido. Comprendí a la fuerza que volvía a estar sola quisiera o no y apreté mis manos contra la amargura que carcomía a mi corazón.
Oí otra vez el timbre, pero no me levanté. Me quedé allí, sentada en el suelo, intentando entender que aquél lugar era mi casa y no el Infierno.
-¡No hay nadie!-logré decir en un gritó ahogado.
-Entonces me voy a mi casa-musitó una voz conocida tras la puerta.
Abrí los ojos como platos y abrí la puerta. Allí se encontraba él, con sus ojos risueños de un celeste apagado y una curva picarona a modo de boca. Sus facciones varoniles, pero a la vez aniñadas por no haberse convertido aún en un adulto. Con la misma camiseta negra con una estrella roja en el centro y unos pantalones tejanos grises.
-¿Qué haces tú aquí?-dije sorprendida.
-He visto como Sandie se iba y he decidido pasar. Tampoco vivo tan lejos-señaló la casa de al lado con el pulgar y rió.
-No entiendo porqué estás aquí. Nunca hemos hablado más de lo debido-me abracé a mi misma como acto reflejo e Ian entró y cerró la puerta
Oí como el timbre de la puerta principal sonaba estridente en mis oídos. Guardé las pruebas del delito que iba a cometer en un lugar seguro y abrí la puerta. Fue una sorpresa ver quién me esperaba.
-¿Sandie?-me quedé atónita, mirándole los pies.
-¿Puedo entrar?-preguntó tímidamente-tengo algo que contarte..
-¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Y más mierda!-pensaba, queriendo arrancarme la piel a tiras y que la tierra me tragara-¿Qué ocurre?-me puse en modo chula automáticamente.
-Pues, verás, por dónde empiezo…-dio un paso hacia atrás al ver mi hostilidad y tragó saliva, pensativa, buscando las palabras exactas para no romperme el corazón-Harry y yo hemos tenido algunos roces últimamente. No sé si te habrán llegado rumores…he preferido decírtelo yo misma, a pesar que Harry se opuso rotundamente.
-¿Qué significa todo esto? ¿Qué tipo de “roces”?-pregunté impaciente, con el corazón apunto del declive.
-Sexo oral, básicamente. Nos acostamos una vez, pero solo una. Harry ha estado haciendo lo mismo con otras chicas, así que he creído conveniente abrirte los ojos-su tono era a modo de disculpa. Sandie me odiaba y yo a ella, pero al menos había tenido la decencia de decírmelo.
-Entiendo-musité-¿algo más?-dije fríamente, sobreactuando.
-Nada más. Nos vemos mañana-hizo un breve gesto con la mano y bajó los escalones de mi casa.
Cerré la puerta con un portazo sonoro, que hizo retumbar las paredes y los muebles.
No podía ser cierto lo que acababa de oír. Confiaba tanto en Harry…tantísimo. El único al que amé con toda mi alma. Al que le iba a dar mi virginidad como un acto puro del amor que profesaba hacía él. Pero todo acabó en esa tarde. Un año y medio al traste, lanzado a la basura junto con mi alma.
-Perfecto-me dije al notar unas lágrimas en mis ardientes mejillas-de puta madre-me senté en el suelo y allí comencé a llorar como nunca antes lo había hecho nadie. La idiota que creyó en falsas palabras de amor, en auténticas promesas ahora rotas y en sueños que jamás se verían realizados.
Alcé la cabeza y contemplé el salón de mi casa que me parecía desconocido. Comprendí a la fuerza que volvía a estar sola quisiera o no y apreté mis manos contra la amargura que carcomía a mi corazón.
Oí otra vez el timbre, pero no me levanté. Me quedé allí, sentada en el suelo, intentando entender que aquél lugar era mi casa y no el Infierno.
-¡No hay nadie!-logré decir en un gritó ahogado.
-Entonces me voy a mi casa-musitó una voz conocida tras la puerta.
Abrí los ojos como platos y abrí la puerta. Allí se encontraba él, con sus ojos risueños de un celeste apagado y una curva picarona a modo de boca. Sus facciones varoniles, pero a la vez aniñadas por no haberse convertido aún en un adulto. Con la misma camiseta negra con una estrella roja en el centro y unos pantalones tejanos grises.
-¿Qué haces tú aquí?-dije sorprendida.
-He visto como Sandie se iba y he decidido pasar. Tampoco vivo tan lejos-señaló la casa de al lado con el pulgar y rió.
-No entiendo porqué estás aquí. Nunca hemos hablado más de lo debido-me abracé a mi misma como acto reflejo e Ian entró y cerró la puerta
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:02 pm, editado 3 veces
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
3 Capitulo-Ganador
-¿Has llorado mucho?-preguntó, apartando el rímel corrido de mi cara.
-Tampoco tanto-me hice la dura y me alejé de él-¿quieres algo?
-Sandie salía conmigo. Lo llevábamos en secreto porque no estaba preparada, pero en realidad quería parecer libre para salir con otros-sonrió amargamente y se sentó en el sofá-cuando he llegado a casa, estaba allí, esperándome. Después te he llamado y la he obligado a venir aquí.
-Gracias-musité, aún de pie-¿desde cuándo piensas en los demás?
-Solo es una fachada. Debo disimular por la reputación que tengo. Básicamente soy popular para que la gente me deje a mi aire.
-¿Y porque te abres conmigo?-me senté a su lado y lo escudriñé-hace unos años que no nos llevamos nada bien.
-Principalmente, porque los dos somos unos cornudos-rió-y porque nunca me caíste mal.
-Te metes conmigo en el instituto-afirmé.
-Yo no digo nada, son J.J. y Fred. Siempre están dando por saco.
Me quedé pensativa, intentando recordar algún insulto de Ian, pero tenía razón. Nunca me había dicho nada.
-¿Te acuerdas cuando éramos pequeños?-murmuró.
-si-dije-siempre jugábamos juntos, hasta que los dos cambiamos. Fue una pena, quería seguir teniendo un hermano pequeño. Pero en el fondo de mi corazón sabía que nuestra amistad terminaría, tarde o temprano. El instituto es lo que tiene.
-Yo siempre he querido volver a ser tu hermanito.
-¿Para qué sirve ahora? Si quieres tener tu reputación intacta, no puedes hablar con frikis como yo.
-Tienes razón-al menos era sincero-no te lo negaré. Tampoco quiero que pienses que eres una amistad interesada.
-No claro-dije con ironía-¿cómo iba a pensar así?
-En serio, quiero volver a ser tu amigo. No soporto ver como la soledad te consume.
-A mí no me consume nada ni nadie-mentí-no me siento sola.
-A mí me parece lo contrario. Siempre estás sola en el instituto, con tus pensamientos. Tienes cincuenta novios para olvidarte de ella, ¿verdad?
-Mentira. Tengo los novios que quiero. No es algo que te importe mucho.
-Siempre estoy preocupado por ti. Sé que piensas que soy el típico niñato rompecorazones, pero vuelvo a repetir que no soy así.
-No me lo trago. No sé qué quieres de mí, pero no te lo daré. No intentes ir de bueno. No quiero volver a sufrir por tu culpa.
-¿Sufriste cuando nos separamos?
-Sabes que aunque intente ir de dura, soy una blanda. Muy cerrada. Al único que me he abierto de verdad, aunque haya pasado ya mucho tiempo, es a ti. Ni siquiera con Harry me he abierto al 100%.
-Duele-musitó.
-Mucho-admití-después de un año y medio, ya me dirás.
-Yo te trataría bien-bromeó-soy un hombre de una sola mujer.
-¿Seguro? Me da otra sensación.
-¿Recuerdas la última vez que hablamos “en serio”?
-Con once años, antes de comenzar el instituto. Dijiste que te casarías conmigo y viviríamos en la Luna.
-Aún sigo queriendo cumplir esa promesa.
-¡Venga ya! Deja de decir mentiras y dime porque has venido. No voy a suicidarme, puedes irte.
-¿Puedo quedarme a dormir?
-No. Ian, el pasado es pasado. No podemos empezar de 0.
-Porque tú no estás dispuesta.
-“Porque tú no estás dispuesta”-repetí-¡Ja! No me fio. No me fio de nadie.
-Quiero quedarme a dormir, en serio. Tus padres estarán encantados.
-Vete con tus amigos. Sal y olvídate de mí.
-No puedo. Eres extremadamente sensible o al menos, antes.
-Ahora he aprendido a ser un poco más fuerte, aunque sigo siendo una blandengue. Pero estoy bien, sobreviviré.
-¿Qué harás ahora con los condones? No le habrás dado la virginidad a ese imbécil, ¿no?
-¡No! Se la hubiera dado esta noche, pero me parece que lo único que va a recibir es una patada en la entrepierna.
-Perfecto-sonrió-puedo ir contigo. Yo también quiero decirle cuatro cosas.
-Como quieras, a eso no me opongo.
La puerta principal se abrió, acompañada con un ruido de llaves. Una mujer madura, de cabellos castaños rizados, un poco pintarrajeada y vestida con un traje marrón, entró.
-¡Ian!-exclamó sorprendida-tu por aquí. No me digas que volvéis a ser amigos.
-Más o menos-dijo, levantándose y dándole dos besos.
-No le hagas caso, mamá. Solo ha venido a por azúcar.
-Quédate a cenar-dijo ella pasando completamente de mí-o a dormir, como prefieras.
-Es lo que le estaba diciendo a Ine. Ella me ha dicho que no, pero…
-¡Quédate!-ordenó mi madre-hace tanto que no disfrutamos de tu presencia. Yvaine, pórtate bien.
-Si mamá-se fue a la cocina, a dejar las cosas de la compra mientras Ian me miraba con aire triunfador.
-¿Has llorado mucho?-preguntó, apartando el rímel corrido de mi cara.
-Tampoco tanto-me hice la dura y me alejé de él-¿quieres algo?
-Sandie salía conmigo. Lo llevábamos en secreto porque no estaba preparada, pero en realidad quería parecer libre para salir con otros-sonrió amargamente y se sentó en el sofá-cuando he llegado a casa, estaba allí, esperándome. Después te he llamado y la he obligado a venir aquí.
-Gracias-musité, aún de pie-¿desde cuándo piensas en los demás?
-Solo es una fachada. Debo disimular por la reputación que tengo. Básicamente soy popular para que la gente me deje a mi aire.
-¿Y porque te abres conmigo?-me senté a su lado y lo escudriñé-hace unos años que no nos llevamos nada bien.
-Principalmente, porque los dos somos unos cornudos-rió-y porque nunca me caíste mal.
-Te metes conmigo en el instituto-afirmé.
-Yo no digo nada, son J.J. y Fred. Siempre están dando por saco.
Me quedé pensativa, intentando recordar algún insulto de Ian, pero tenía razón. Nunca me había dicho nada.
-¿Te acuerdas cuando éramos pequeños?-murmuró.
-si-dije-siempre jugábamos juntos, hasta que los dos cambiamos. Fue una pena, quería seguir teniendo un hermano pequeño. Pero en el fondo de mi corazón sabía que nuestra amistad terminaría, tarde o temprano. El instituto es lo que tiene.
-Yo siempre he querido volver a ser tu hermanito.
-¿Para qué sirve ahora? Si quieres tener tu reputación intacta, no puedes hablar con frikis como yo.
-Tienes razón-al menos era sincero-no te lo negaré. Tampoco quiero que pienses que eres una amistad interesada.
-No claro-dije con ironía-¿cómo iba a pensar así?
-En serio, quiero volver a ser tu amigo. No soporto ver como la soledad te consume.
-A mí no me consume nada ni nadie-mentí-no me siento sola.
-A mí me parece lo contrario. Siempre estás sola en el instituto, con tus pensamientos. Tienes cincuenta novios para olvidarte de ella, ¿verdad?
-Mentira. Tengo los novios que quiero. No es algo que te importe mucho.
-Siempre estoy preocupado por ti. Sé que piensas que soy el típico niñato rompecorazones, pero vuelvo a repetir que no soy así.
-No me lo trago. No sé qué quieres de mí, pero no te lo daré. No intentes ir de bueno. No quiero volver a sufrir por tu culpa.
-¿Sufriste cuando nos separamos?
-Sabes que aunque intente ir de dura, soy una blanda. Muy cerrada. Al único que me he abierto de verdad, aunque haya pasado ya mucho tiempo, es a ti. Ni siquiera con Harry me he abierto al 100%.
-Duele-musitó.
-Mucho-admití-después de un año y medio, ya me dirás.
-Yo te trataría bien-bromeó-soy un hombre de una sola mujer.
-¿Seguro? Me da otra sensación.
-¿Recuerdas la última vez que hablamos “en serio”?
-Con once años, antes de comenzar el instituto. Dijiste que te casarías conmigo y viviríamos en la Luna.
-Aún sigo queriendo cumplir esa promesa.
-¡Venga ya! Deja de decir mentiras y dime porque has venido. No voy a suicidarme, puedes irte.
-¿Puedo quedarme a dormir?
-No. Ian, el pasado es pasado. No podemos empezar de 0.
-Porque tú no estás dispuesta.
-“Porque tú no estás dispuesta”-repetí-¡Ja! No me fio. No me fio de nadie.
-Quiero quedarme a dormir, en serio. Tus padres estarán encantados.
-Vete con tus amigos. Sal y olvídate de mí.
-No puedo. Eres extremadamente sensible o al menos, antes.
-Ahora he aprendido a ser un poco más fuerte, aunque sigo siendo una blandengue. Pero estoy bien, sobreviviré.
-¿Qué harás ahora con los condones? No le habrás dado la virginidad a ese imbécil, ¿no?
-¡No! Se la hubiera dado esta noche, pero me parece que lo único que va a recibir es una patada en la entrepierna.
-Perfecto-sonrió-puedo ir contigo. Yo también quiero decirle cuatro cosas.
-Como quieras, a eso no me opongo.
La puerta principal se abrió, acompañada con un ruido de llaves. Una mujer madura, de cabellos castaños rizados, un poco pintarrajeada y vestida con un traje marrón, entró.
-¡Ian!-exclamó sorprendida-tu por aquí. No me digas que volvéis a ser amigos.
-Más o menos-dijo, levantándose y dándole dos besos.
-No le hagas caso, mamá. Solo ha venido a por azúcar.
-Quédate a cenar-dijo ella pasando completamente de mí-o a dormir, como prefieras.
-Es lo que le estaba diciendo a Ine. Ella me ha dicho que no, pero…
-¡Quédate!-ordenó mi madre-hace tanto que no disfrutamos de tu presencia. Yvaine, pórtate bien.
-Si mamá-se fue a la cocina, a dejar las cosas de la compra mientras Ian me miraba con aire triunfador.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:02 pm, editado 2 veces
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
4 Capitulo-Las marcas
-Esto está buenísimo, señora McDullan-dijo Ian, devorando un pollo al horno con salsa de miel y naranja.
-Llámame Katy, querido. La receta me la inventé un día y tampoco me salió tan mal.
-Y que, muchacho, ¿a qué universidad quieres ir?-preguntó mi padre.
-Solo tengo dieciséis años. Tengo tiempo para decidir. Lo único que tengo claro es que no quiero irme muy lejos.
-Nuestra pequeña quiere hacer biblioteconomía y documentación-añadió mi madre.
-Es solo una idea-contesté-no estoy segura.
-Deberás teñirte el cabello. Con lo guapa que estás con tu color natural-dijo mi padre-y dejar de vestir de ese modo. Pareces una barbie.
-¡Pápa! Ya sabes que no soporto que te metas con mis cosas. Cada cual es libre.
-Creo que no le queda mal del todo-intervino Ian-aunque es cierto que su color natural es mejor.
-Me irritais-musité-me teñiré cuando vaya a trabajar, no os preocupéis. De momento, dejadme ser libre.
Cuando acabamos la cena, mis padres me obligaron a subir a mi habitación, junto a Ian. Él se quedó impresionado al ver la gran evolución de mi cuarto.
-Vaya, ahora es más personal-dijo mirando la pared purpura y azul oscuro.
-Mi hermana se casó el año pasado, ya lo sabes. Fuiste a la boda.
-Estupenda, por cierto. Me lo pase genial con tu prima Elisa.
-Ya, ya me enteré que te liaste con ella.
-No la obligué-sonrió y se sentó en mi cama, con una colcha de Bob Esponja-me gusta.
-Gracias-refunfuñé y me senté en la silla del escritorio.
-¿Me lo enseñas?-preguntó señalando mi barriga.
-¿El qué?-me hice la tonta.
-Lo sabes perfectamente-dijo seriamente y suspiró.
Me levanté la vieja camiseta azul desgastada (tenía puesto el pijama) y le dejé ver una marquita oscura cerca del ombligo. Él se acercó y me la acarició. Sus dedos hicieron que me estremeciera.
-Ha cambiado un poco, es normal-se dijo a sí mismo.
-Ahora muéstrame la tuya-ordené y él no se opuso. Se levantó la camiseta y observé aquella pequeña marca parecida a la mía. Yo no la acaricié, solo la miré embobada, recordando cómo nos la habíamos hecho.
-Nuestros padres nos regañaron-murmuré-y encima escocía mucho.
-Estábamos locos.
-Fuiste tú el que insistió. Querías que fuéramos iguales y no tuviste mejor idea que quemarnos a los dos.
-Porque te encontré llorando, diciendo que no éramos hermanos auténticos. Es lo único que se me ocurrió-rió y se bajo la camiseta-me alegro por haberlo hecho. Aún seguimos teniendo una conexión.
-Siempre que la miraba me ponía triste. Perdí a mi hermano, que se transformó en un idiota.
-¿Verdad? Un auténtico gilipollas-añadió y sonreí-al fin veo tu sonrisa.
Me ruboricé ante sus palabras y me alejé, poniendo la silla frente a la ventana. Entonces fui oyendo el ruido endeble de la ropa al caer al suelo.
-¿Qué haces degenerado?-me tapé los ojos, pero pude vislumbrar su exuberante figura acompañada con unos bóxers negros.
-Poniéndome el pijama que me ha dejado tu madre.
-No deberías ponértelo si quieres patear a Harry.
-¿Te escapas por la noche?-preguntó sorprendido.
-Claro. Nunca me han descubierto. Hasta las once no se van a dormir y mientras se duermen y no, me visto, me maquilló y me peinó.
-Vaya, lo tienes todo meticulosamente planeado.
-Esto está buenísimo, señora McDullan-dijo Ian, devorando un pollo al horno con salsa de miel y naranja.
-Llámame Katy, querido. La receta me la inventé un día y tampoco me salió tan mal.
-Y que, muchacho, ¿a qué universidad quieres ir?-preguntó mi padre.
-Solo tengo dieciséis años. Tengo tiempo para decidir. Lo único que tengo claro es que no quiero irme muy lejos.
-Nuestra pequeña quiere hacer biblioteconomía y documentación-añadió mi madre.
-Es solo una idea-contesté-no estoy segura.
-Deberás teñirte el cabello. Con lo guapa que estás con tu color natural-dijo mi padre-y dejar de vestir de ese modo. Pareces una barbie.
-¡Pápa! Ya sabes que no soporto que te metas con mis cosas. Cada cual es libre.
-Creo que no le queda mal del todo-intervino Ian-aunque es cierto que su color natural es mejor.
-Me irritais-musité-me teñiré cuando vaya a trabajar, no os preocupéis. De momento, dejadme ser libre.
Cuando acabamos la cena, mis padres me obligaron a subir a mi habitación, junto a Ian. Él se quedó impresionado al ver la gran evolución de mi cuarto.
-Vaya, ahora es más personal-dijo mirando la pared purpura y azul oscuro.
-Mi hermana se casó el año pasado, ya lo sabes. Fuiste a la boda.
-Estupenda, por cierto. Me lo pase genial con tu prima Elisa.
-Ya, ya me enteré que te liaste con ella.
-No la obligué-sonrió y se sentó en mi cama, con una colcha de Bob Esponja-me gusta.
-Gracias-refunfuñé y me senté en la silla del escritorio.
-¿Me lo enseñas?-preguntó señalando mi barriga.
-¿El qué?-me hice la tonta.
-Lo sabes perfectamente-dijo seriamente y suspiró.
Me levanté la vieja camiseta azul desgastada (tenía puesto el pijama) y le dejé ver una marquita oscura cerca del ombligo. Él se acercó y me la acarició. Sus dedos hicieron que me estremeciera.
-Ha cambiado un poco, es normal-se dijo a sí mismo.
-Ahora muéstrame la tuya-ordené y él no se opuso. Se levantó la camiseta y observé aquella pequeña marca parecida a la mía. Yo no la acaricié, solo la miré embobada, recordando cómo nos la habíamos hecho.
-Nuestros padres nos regañaron-murmuré-y encima escocía mucho.
-Estábamos locos.
-Fuiste tú el que insistió. Querías que fuéramos iguales y no tuviste mejor idea que quemarnos a los dos.
-Porque te encontré llorando, diciendo que no éramos hermanos auténticos. Es lo único que se me ocurrió-rió y se bajo la camiseta-me alegro por haberlo hecho. Aún seguimos teniendo una conexión.
-Siempre que la miraba me ponía triste. Perdí a mi hermano, que se transformó en un idiota.
-¿Verdad? Un auténtico gilipollas-añadió y sonreí-al fin veo tu sonrisa.
Me ruboricé ante sus palabras y me alejé, poniendo la silla frente a la ventana. Entonces fui oyendo el ruido endeble de la ropa al caer al suelo.
-¿Qué haces degenerado?-me tapé los ojos, pero pude vislumbrar su exuberante figura acompañada con unos bóxers negros.
-Poniéndome el pijama que me ha dejado tu madre.
-No deberías ponértelo si quieres patear a Harry.
-¿Te escapas por la noche?-preguntó sorprendido.
-Claro. Nunca me han descubierto. Hasta las once no se van a dormir y mientras se duermen y no, me visto, me maquilló y me peinó.
-Vaya, lo tienes todo meticulosamente planeado.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:03 pm, editado 2 veces
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
5 Capitulo-Algo más que una pelea
Llegó por fin la hora de ir a visitar a nuestro amado Harry, aquél ser sin sentimientos que había jodido a los dos por igual.
No me arregle mucho. Me ricé un poco el cabello, me maquillé sin poner mucho esfuerzo en ello y me puse algo cómodo. Unos tejanos negros, una camiseta lila de tirantas y una chaqueta verde lima con capucha.
Bajamos por el tubo del tejado, por dónde baja el agua de la lluvia. Fue relativamente fácil y una vez fuera, corrimos hasta perdernos en la oscuridad.
La casa de Harry no andaba cerca de las nuestras. A cuatro manzanas más o menos. Su casa era como todas las del barrio, de color marrón clarito y un tejado de dos aguas. Él me estaba esperando en el porche, como siempre.
-¡Ine!-exclamó al verme-cariño…
-No me toques-me alejé de él e Ian se puso en medio.
-¿Quién es este tío?-preguntó con cara de asco.
-¡El que te va a partir las piernas!-le pegó un puñetazo en toda la cara y la nariz de Harry comenzó a sangrar-¡Gilipollas! ¡Cómo te atreves a hacerle daño a Ine!
-¿Pero qué dices, subnormal?-se levantó, apoyándose a una barandilla y nos miró desafiante.
-¡Lo sé todo!-dije-se que te has liado con un montón de zorras. Conmigo no podrás.
-¿De dónde has sacado eso, amor? Es todo mentira.
-Sandie me lo confesó todo. Estaba saliendo con Ian.
-Vaya…así que esa zorrita lo ha confesado todo…menuda puta, ¿no?-rió y se secó la sangre-bueno Ine…fue bonito mientras duró.
-¡Vete a la mierda, soplapollas!-gritó Ian y le dio una patada en toda la barriga.
Y así comenzó una pelea, rozando lo sangriento, que levantó a medio vecindario. No sabía cómo pararla, aunque no me importaba ver como Ian machaba a aquél inútil.
-¡Ian!-grité-¡Tenemos que largarnos o mañana saldremos en el periódico local!-intenté cogerle de un brazo y él asintió.
-¡Espero que esto te haya servido de lección!-y le escupió en toda la cara antes de empezar a correr.
Yo me había puesto la capucha, porque mi cabello rosa era bastante fácil de reconocer. Aunque mi chaqueta verde lima no pasaba desapercibida.
Entramos en mi casa sin hacer ruido y nos metimos los dos en mi habitación, cerrando la puerta con pestillo.
-¡Estás como una cabra!-exclamé flojito-¡me ha encantando!-reí.
-Ha sido divertido-se tocó la nariz e hizo un gesto de dolor.
-¿Te ha hecho daño?
-Me duele un poco, pero no está rota. Tampoco tengo sangre.
-Déjame ver-le inspeccione cada rincón de la nariz, pero no pareció haber nada importante-mañana te saldrá un bonito moratón. Tendré que inventarme alguna escusa…
-Resbalé en la ducha-sonrió-y ya está.
-De acuerdo. Si cuela, cuela. Espero que no le digan nada a mi madre sobre una chica con chaqueta verde.
-Yo te defenderé si hace falta.
-Ya sabes cómo es mi familia de conservadora. Si se enteran que me he estado escapando de casa... ¡buf! ¡Adiós cabeza!
-¿No han cambiado nada, eh? Bueno, en mi familia tampoco se puede tirar cohetes.
-¿Tus padres siguen llevándose a matar?-pregunté interesada.
-Están en trámites de divorcio.
-Vaya…lo siento…-intenté disculparme, aunque no sabía muy bien de qué.
-No es culpa tuya, solo de ellos. No importa. ¿Puedo dormir contigo?
-¡No!-negué rápidamente-dormirás en el suelo.
-Le he dado una paliza a tu ex novio. Es lo menos que podrías hacer…
-Bueno, pues tú duerme en la cama y yo en el suelo, ¿vale?
-Supongo que no puedo ganar esta batalla-suspiró.
-Exacto-saqué el saco de dormir de su funda y lo estiré en el suelo-ahora si no te importa, quiero cambiarme.
-Vamos Ine, te he visto muchas veces desnuda.
-¡Cuando tenía 11 años!-exclamé y él se dio la vuelta. Me fui quitando la ropa lentamente hasta que noté su mano sobre mi espalda.
-Sigues igual de suave-me confesó y yo me tapé con las manos-y tan blanca como siempre. Hay cosas que no cambian.
-¿Qué te he dicho antes?-murmuré enrojecida. No quería darme la vuelta y tampoco deseaba que apartara la mano. Me gustaba su contacto físico, para que negarlo.
-No me he podido estar. Ya te dejo tranquila…-me pasó sutilmente su mano por toda la espalda hasta acabar en mi nuca. No pude evitar un escalofrío-también sigues igual de sensible cuando te tocan.
-¡Cállate y aléjate! Para mí, ahora, eres un desconocido. A esto se le llama abuso sexual-afirmé y él rió detrás de mí.
-Ya paro, ya paro-apartó su mano de mi piel erizada y yo lamenté haberle dicho nada. Me quité el sujetador, los pantalones y los calcetines. Cuando tuve el pijama puesto, me giré y le pude ver perfectamente. Su cabello castaño oscuro revuelto sobre su frente. Su torso desnudo tan perfecto que se me cortaba la respiración y su sonrisa blanca como la nieve más virgen.
-Bueno, buenas noches-dije y me metí en el saco.
-Buenas noches-apagó la luz de la mesita y hasta que no oí su respiración tranquila, no me quedé dormida.
Llegó por fin la hora de ir a visitar a nuestro amado Harry, aquél ser sin sentimientos que había jodido a los dos por igual.
No me arregle mucho. Me ricé un poco el cabello, me maquillé sin poner mucho esfuerzo en ello y me puse algo cómodo. Unos tejanos negros, una camiseta lila de tirantas y una chaqueta verde lima con capucha.
Bajamos por el tubo del tejado, por dónde baja el agua de la lluvia. Fue relativamente fácil y una vez fuera, corrimos hasta perdernos en la oscuridad.
La casa de Harry no andaba cerca de las nuestras. A cuatro manzanas más o menos. Su casa era como todas las del barrio, de color marrón clarito y un tejado de dos aguas. Él me estaba esperando en el porche, como siempre.
-¡Ine!-exclamó al verme-cariño…
-No me toques-me alejé de él e Ian se puso en medio.
-¿Quién es este tío?-preguntó con cara de asco.
-¡El que te va a partir las piernas!-le pegó un puñetazo en toda la cara y la nariz de Harry comenzó a sangrar-¡Gilipollas! ¡Cómo te atreves a hacerle daño a Ine!
-¿Pero qué dices, subnormal?-se levantó, apoyándose a una barandilla y nos miró desafiante.
-¡Lo sé todo!-dije-se que te has liado con un montón de zorras. Conmigo no podrás.
-¿De dónde has sacado eso, amor? Es todo mentira.
-Sandie me lo confesó todo. Estaba saliendo con Ian.
-Vaya…así que esa zorrita lo ha confesado todo…menuda puta, ¿no?-rió y se secó la sangre-bueno Ine…fue bonito mientras duró.
-¡Vete a la mierda, soplapollas!-gritó Ian y le dio una patada en toda la barriga.
Y así comenzó una pelea, rozando lo sangriento, que levantó a medio vecindario. No sabía cómo pararla, aunque no me importaba ver como Ian machaba a aquél inútil.
-¡Ian!-grité-¡Tenemos que largarnos o mañana saldremos en el periódico local!-intenté cogerle de un brazo y él asintió.
-¡Espero que esto te haya servido de lección!-y le escupió en toda la cara antes de empezar a correr.
Yo me había puesto la capucha, porque mi cabello rosa era bastante fácil de reconocer. Aunque mi chaqueta verde lima no pasaba desapercibida.
Entramos en mi casa sin hacer ruido y nos metimos los dos en mi habitación, cerrando la puerta con pestillo.
-¡Estás como una cabra!-exclamé flojito-¡me ha encantando!-reí.
-Ha sido divertido-se tocó la nariz e hizo un gesto de dolor.
-¿Te ha hecho daño?
-Me duele un poco, pero no está rota. Tampoco tengo sangre.
-Déjame ver-le inspeccione cada rincón de la nariz, pero no pareció haber nada importante-mañana te saldrá un bonito moratón. Tendré que inventarme alguna escusa…
-Resbalé en la ducha-sonrió-y ya está.
-De acuerdo. Si cuela, cuela. Espero que no le digan nada a mi madre sobre una chica con chaqueta verde.
-Yo te defenderé si hace falta.
-Ya sabes cómo es mi familia de conservadora. Si se enteran que me he estado escapando de casa... ¡buf! ¡Adiós cabeza!
-¿No han cambiado nada, eh? Bueno, en mi familia tampoco se puede tirar cohetes.
-¿Tus padres siguen llevándose a matar?-pregunté interesada.
-Están en trámites de divorcio.
-Vaya…lo siento…-intenté disculparme, aunque no sabía muy bien de qué.
-No es culpa tuya, solo de ellos. No importa. ¿Puedo dormir contigo?
-¡No!-negué rápidamente-dormirás en el suelo.
-Le he dado una paliza a tu ex novio. Es lo menos que podrías hacer…
-Bueno, pues tú duerme en la cama y yo en el suelo, ¿vale?
-Supongo que no puedo ganar esta batalla-suspiró.
-Exacto-saqué el saco de dormir de su funda y lo estiré en el suelo-ahora si no te importa, quiero cambiarme.
-Vamos Ine, te he visto muchas veces desnuda.
-¡Cuando tenía 11 años!-exclamé y él se dio la vuelta. Me fui quitando la ropa lentamente hasta que noté su mano sobre mi espalda.
-Sigues igual de suave-me confesó y yo me tapé con las manos-y tan blanca como siempre. Hay cosas que no cambian.
-¿Qué te he dicho antes?-murmuré enrojecida. No quería darme la vuelta y tampoco deseaba que apartara la mano. Me gustaba su contacto físico, para que negarlo.
-No me he podido estar. Ya te dejo tranquila…-me pasó sutilmente su mano por toda la espalda hasta acabar en mi nuca. No pude evitar un escalofrío-también sigues igual de sensible cuando te tocan.
-¡Cállate y aléjate! Para mí, ahora, eres un desconocido. A esto se le llama abuso sexual-afirmé y él rió detrás de mí.
-Ya paro, ya paro-apartó su mano de mi piel erizada y yo lamenté haberle dicho nada. Me quité el sujetador, los pantalones y los calcetines. Cuando tuve el pijama puesto, me giré y le pude ver perfectamente. Su cabello castaño oscuro revuelto sobre su frente. Su torso desnudo tan perfecto que se me cortaba la respiración y su sonrisa blanca como la nieve más virgen.
-Bueno, buenas noches-dije y me metí en el saco.
-Buenas noches-apagó la luz de la mesita y hasta que no oí su respiración tranquila, no me quedé dormida.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:03 pm, editado 2 veces
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
6 Capitulo-El centro de atención
La luz fue entrando poco a poco a mi habitación, ya que olvidé echar las cortinas. Me encontraba cómodamente colocada en mi cama y estuve feliz en esos primeros segundos que no sabes ni quién eres. Pero lentamente recuperé la memoria y recordé que yo no debía estar en mi cama y que alguien no estaba.
-¡Buenos días!-exclamó una voz alegre-te he preparado huevos revueltos con queso y dos tostadas con mermelada de melocotón. Tu madre me ha dicho que seguía siendo tu favorita.
-¿Ian? ¿Aún sigues aquí?-dije quitándome las lagañas de los ojos.
-Claro. No te iba a dejar sola tan fácilmente. Come rápido, que tenemos que irnos.
-¿Cuándo te has cambiado?-observé que llevaba puesta otra camiseta, marrón y unos tejanos normales.
-He pasado por mi casa. Desayuna y vístete-salió de mi habitación, dejando la bandeja sobre la cama, con cuidado.
Desayuné velozmente, hice la cama y me vestí con mi camiseta amarilla rasgada, mi minifalda roja y unas botas de colorines que tenía muertas en el armario.
Me cepillé los dientes con poco ánimo y me peiné con una simple coleta.
-¿Lista?-preguntó Ian desde el salón.
-¡Sí!-bajé las escaleras, cogiendo la mochila y cargándomela en la espalda.
Cerré la puerta con llave y me quedé mirándole.
-Supongo que esto es el fin, ¿no?-murmuré guardándome la llave en la mochila.
-No-dijo sorprendido-te llevo al instituto.
-Tengo coche-protesté-además, no creo que te vean con buena cara si apareces conmigo.
-No me importa. Te llevo-me obligó a seguirle y me hizo entrar en el coche.
-¿No habrás dormido conmigo, no?-me atreví a decir, una vez que inició la marcha.
-No, tranquila. Te cogí cuando te quedaste dormida y te puse en tu cama. Yo he dormido en el saco.
-¡No hacía falta que te molestaras!-me quejé-era tu recompensa.
-No quiero ninguna recompensa. Lo hice porque quise y ya está.
El camino al instituto fue silencioso, rellenado por el ruido del motor. Cuando aparcó el coche, en su parkin correspondiente, me temí lo peor. Los nervios se apropiaron de mí y envidié la tranquilidad de Ian.
-Saldré rápido, te lo prometo.
-Saldrás conmigo-abrió su puerta, salió y abrió la mía-por favor.
-No hace falta que hagas estas burradas-cogí la mochila y salí del auto-no quiero hacerte pasar vergüenza.
-Yo encantando-caminó a mi lado hasta entrar en el instituto y noté la mirada de todos en mi espalda, flipando.
-Bueno, nos separamos aquí-dijo él-ya comeremos juntos.
-No hace falta Ian, de verdad. Soy mayorcita, más que tú-y sin que él pudiera abrir la boca, me dirigí a mi clase. Tenía dos años más que Ian, es decir, dieciocho.
La gente me escudriñaba sin entender que hacía con uno de los chicos más populares del instituto. Yo intentaba pasar de ellos, pero me era imposible. Allí dónde posaba la vista les veía a ellos, observándome desde las sombras, cuchicheando mil cosas inventadas y poniéndome verde, eso seguro.
Me fijé en mis preciosas botas de mil y un colores y entre en clase de Historia.
El resto de las clases pasaron con absoluta normalidad. Nadie me hablaba y yo no hablaba con nadie. Eso, en parte, me tranquilizó. Temí por ver al club de fans de Ian y que me dijeran cosas que no tienen que ver conmigo.
En la hora de la comida, me senté en una mesa alejada del resto, junto a la ventana, como siempre. Me pedí el menú A (compuesto por una ensalada, dos hamburguesas con queso y un yogurt de macedonia como postre) y me quedé absorta con los pajaritos que se encontraban tras el cristal.
-Mírala-bufó Margarett, cerca de dónde estaba yo. Era una amiguita de Ian-vaya conjuntito. Seguro que a la salida tiene que ir a trabajar a la esquina de aquí al lado.
-Yo no pagaría ni tres centavos por ella-dijo J.J.-estará más usada que pañuelo de tela.
-¿Verdad? Y siempre con ese pelo rosa, creyéndose especial. Debería ir al psiquiatra a que la droguen, aunque seguro que ya lo hace ella sin necesidad de nadie-se burló Joshephine.
-No me extrañaría nada, con esa cara de fumada que lleva siempre-murmuró Fred. Yo podía oírles perfectamente, porque tampoco evitaban disimular. No me importaba, que pensaran lo que quisieran. Cada cual es libre.
-Si me disculpáis-susurró Ian y sus pasos se fueron acercando a mi mesa-¿Te importa?-alcé la vista, creyendo que era mentira. No podía ser…su bromita estaba llegando demasiado lejos. Entonces sentí una pequeña punzada en el corazón. ¿Felicidad?
-Haz lo que quieras. El asiento no es mío-dije con indiferencia y miré por el rabillo del ojo a los amigos de Ian, que lo miraban atónito-vaya cara se les ha quedado.
-¿En serio? Vaya, no me lo esperaba-rió y le dio un mordisco de su sándwich de jamón y queso.
-Nos está mirando todo el mundo-puntualicé-todos. Hasta los empollones.
-¿Y qué? ¿No puedo comer con mi hermana mayor?-bebió un poco de su zumo.
-Supongo que su respuesta es un no-sonreí y le di un mordisco a su sándwich-está bueno.
La luz fue entrando poco a poco a mi habitación, ya que olvidé echar las cortinas. Me encontraba cómodamente colocada en mi cama y estuve feliz en esos primeros segundos que no sabes ni quién eres. Pero lentamente recuperé la memoria y recordé que yo no debía estar en mi cama y que alguien no estaba.
-¡Buenos días!-exclamó una voz alegre-te he preparado huevos revueltos con queso y dos tostadas con mermelada de melocotón. Tu madre me ha dicho que seguía siendo tu favorita.
-¿Ian? ¿Aún sigues aquí?-dije quitándome las lagañas de los ojos.
-Claro. No te iba a dejar sola tan fácilmente. Come rápido, que tenemos que irnos.
-¿Cuándo te has cambiado?-observé que llevaba puesta otra camiseta, marrón y unos tejanos normales.
-He pasado por mi casa. Desayuna y vístete-salió de mi habitación, dejando la bandeja sobre la cama, con cuidado.
Desayuné velozmente, hice la cama y me vestí con mi camiseta amarilla rasgada, mi minifalda roja y unas botas de colorines que tenía muertas en el armario.
Me cepillé los dientes con poco ánimo y me peiné con una simple coleta.
-¿Lista?-preguntó Ian desde el salón.
-¡Sí!-bajé las escaleras, cogiendo la mochila y cargándomela en la espalda.
Cerré la puerta con llave y me quedé mirándole.
-Supongo que esto es el fin, ¿no?-murmuré guardándome la llave en la mochila.
-No-dijo sorprendido-te llevo al instituto.
-Tengo coche-protesté-además, no creo que te vean con buena cara si apareces conmigo.
-No me importa. Te llevo-me obligó a seguirle y me hizo entrar en el coche.
-¿No habrás dormido conmigo, no?-me atreví a decir, una vez que inició la marcha.
-No, tranquila. Te cogí cuando te quedaste dormida y te puse en tu cama. Yo he dormido en el saco.
-¡No hacía falta que te molestaras!-me quejé-era tu recompensa.
-No quiero ninguna recompensa. Lo hice porque quise y ya está.
El camino al instituto fue silencioso, rellenado por el ruido del motor. Cuando aparcó el coche, en su parkin correspondiente, me temí lo peor. Los nervios se apropiaron de mí y envidié la tranquilidad de Ian.
-Saldré rápido, te lo prometo.
-Saldrás conmigo-abrió su puerta, salió y abrió la mía-por favor.
-No hace falta que hagas estas burradas-cogí la mochila y salí del auto-no quiero hacerte pasar vergüenza.
-Yo encantando-caminó a mi lado hasta entrar en el instituto y noté la mirada de todos en mi espalda, flipando.
-Bueno, nos separamos aquí-dijo él-ya comeremos juntos.
-No hace falta Ian, de verdad. Soy mayorcita, más que tú-y sin que él pudiera abrir la boca, me dirigí a mi clase. Tenía dos años más que Ian, es decir, dieciocho.
La gente me escudriñaba sin entender que hacía con uno de los chicos más populares del instituto. Yo intentaba pasar de ellos, pero me era imposible. Allí dónde posaba la vista les veía a ellos, observándome desde las sombras, cuchicheando mil cosas inventadas y poniéndome verde, eso seguro.
Me fijé en mis preciosas botas de mil y un colores y entre en clase de Historia.
El resto de las clases pasaron con absoluta normalidad. Nadie me hablaba y yo no hablaba con nadie. Eso, en parte, me tranquilizó. Temí por ver al club de fans de Ian y que me dijeran cosas que no tienen que ver conmigo.
En la hora de la comida, me senté en una mesa alejada del resto, junto a la ventana, como siempre. Me pedí el menú A (compuesto por una ensalada, dos hamburguesas con queso y un yogurt de macedonia como postre) y me quedé absorta con los pajaritos que se encontraban tras el cristal.
-Mírala-bufó Margarett, cerca de dónde estaba yo. Era una amiguita de Ian-vaya conjuntito. Seguro que a la salida tiene que ir a trabajar a la esquina de aquí al lado.
-Yo no pagaría ni tres centavos por ella-dijo J.J.-estará más usada que pañuelo de tela.
-¿Verdad? Y siempre con ese pelo rosa, creyéndose especial. Debería ir al psiquiatra a que la droguen, aunque seguro que ya lo hace ella sin necesidad de nadie-se burló Joshephine.
-No me extrañaría nada, con esa cara de fumada que lleva siempre-murmuró Fred. Yo podía oírles perfectamente, porque tampoco evitaban disimular. No me importaba, que pensaran lo que quisieran. Cada cual es libre.
-Si me disculpáis-susurró Ian y sus pasos se fueron acercando a mi mesa-¿Te importa?-alcé la vista, creyendo que era mentira. No podía ser…su bromita estaba llegando demasiado lejos. Entonces sentí una pequeña punzada en el corazón. ¿Felicidad?
-Haz lo que quieras. El asiento no es mío-dije con indiferencia y miré por el rabillo del ojo a los amigos de Ian, que lo miraban atónito-vaya cara se les ha quedado.
-¿En serio? Vaya, no me lo esperaba-rió y le dio un mordisco de su sándwich de jamón y queso.
-Nos está mirando todo el mundo-puntualicé-todos. Hasta los empollones.
-¿Y qué? ¿No puedo comer con mi hermana mayor?-bebió un poco de su zumo.
-Supongo que su respuesta es un no-sonreí y le di un mordisco a su sándwich-está bueno.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:04 pm, editado 2 veces
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
7 Capitulo-Desconocido
La gente que se encontraba en esa cafetería no dejó de mirarnos ni un segundo. Las manos me sudaban y me notaba inquieta.
-No entiendo cómo te has podido acostumbrar a esto. A mí me pone enferma-admití y él sonrió.
-Llega un momento que todo te da igual. A saber qué me dicen Fred y los otros.
-Sé que estás deseando que se abalancen con sus preguntas. Lo puedo notar en tu mirada.
-Quizá sea cierto-se terminó el sándwich y el zumo-me gustan tus botas. Son originales.
-Gracias. Me las compré en un mercadillo, hará un par de meses. Las vi y me enamoré.
-Cosas que pasan-sonrió y apoyó su mano en la mesa-¿te importaría quedar está tarde? Hay unas cosas de mates que no entiendo y he oído rumores que eres toda una experta en números.
-Vale, no tengo nada que hacer. Ayer rompí con mi novio-y sonreí. Pensar en Harry no me dolía lo más mínimo. Quizá no le quería tanto como creía o tal vez Ian era de gran ayuda.
-Perfecto-y el timbré sonó por toda la sala-es hora de volver a la rutina.
-Tengo miedo-musité-pienso que una horda de gente vendrá a hacerme preguntas.
-Puede-rió-si ocurre algo, avísame. Vendré en tu búsqueda y captura.
-Gracias, así me quedo más tranquila-refunfuñé y dejé la bandeja de la comida sobre las otras.
Cuando Ian se separó de mi lado, me noté desfallecer. No podía enfrentarme a tantas miradas acusadoras juntas. ¡Ni aunque hubiera hecho algo malo!
La situación no mejoró mucho durante las últimas clases. La gente se acercaba un poco a mí, pero al ver mi cara de perro rabioso, tomaban otro camino o se desviaban de su trayectoria. Lo peor llegó cuando salí. Lo que me temía se hacía realidad.
-¿Quién te crees que eres?-preguntó una rubia de bote que no superaba el metro cincuenta-¿Cómo te atreves a engatusar a Ian?
-¿Eres mi madre?-pregunté alucinada-mi vida es privada es totalmente mía, ahora, si me disculpáis…-les di un empujón, pero ellas no me dejaron pasar.
-De aquí no te mueves hasta que no nos digas como lo has hecho-dijo otra morena, un poco más alta.
-¿Hacer qué? Yo no he hecho nada-me crucé de brazos y bufé.
-¡Le has lanzando un hechizo a Ian, bruja!-gritó una al borde de la furia-¡Él nunca se fijaría en ti!
-Claro, en mi no, pero en unas mocosas que no me llegan ni a los hombros si, ¿verdad?
-¿Te crees muy graciosa, no?-la rubia hizo un gesto con la cabeza y las otras dos se acercaron-vamos a darle su merecido.
-No me hagáis reír, niñatas. No tengo ganas de enviaros al hospital.
Y justo cuando una me iba a dar el mejor puñetazo de la historia, una mano la cogió al vuelo.
-¿Ocurre algo?-preguntó él, con cara de pocos amigos.
-No…nada…-musitaron las tres-estábamos hablando…
-¿Con los puños?
-Ya nos vamos-dijo una-¡nos las pagaras!-y las tres se fueron corriendo.
-Em…esto….Gracias…-tuve que levantar mucho la cabeza para poder encontrarme con unos ojos negros llenos de tristeza.
-Axel-susurró-¿estás bien?
-Sí, hubiera podido yo sola contra esas tres niñatas. Pero gracias igualmente.
-De nada-y sin decir nada más, fue alejándose de mi vera. ¿Quién era ese chico tan raro? Era la primera vez en mi vida que le veía, aunque alguien como él no destaca mucho, excepto por su altura. Caminaba con aires pasotas y el cabello era largo, le tapaba media cara y de un color tan oscuro como sus ojos.
-¡Ine!-chilló una voz tras de mí-¿estás bien? ¿Te han hecho algo esas tres?
-¡Ian! Tranquilo, no pasa nada. Ese chico me ha salvado-le señalé con la barbilla.
-¿Ese?-se lo miró con cara incrédula y me miró-es nuevo. Va a mi clase-afirmó-es muy callado y da mal rollo, pero no parece mal chico.
-La verdad es que no. Parece amable-y no le di más importancia al tema. Me subí al coche de Ian y los dos fuimos a mi casa, a hacer matemáticas.
La gente que se encontraba en esa cafetería no dejó de mirarnos ni un segundo. Las manos me sudaban y me notaba inquieta.
-No entiendo cómo te has podido acostumbrar a esto. A mí me pone enferma-admití y él sonrió.
-Llega un momento que todo te da igual. A saber qué me dicen Fred y los otros.
-Sé que estás deseando que se abalancen con sus preguntas. Lo puedo notar en tu mirada.
-Quizá sea cierto-se terminó el sándwich y el zumo-me gustan tus botas. Son originales.
-Gracias. Me las compré en un mercadillo, hará un par de meses. Las vi y me enamoré.
-Cosas que pasan-sonrió y apoyó su mano en la mesa-¿te importaría quedar está tarde? Hay unas cosas de mates que no entiendo y he oído rumores que eres toda una experta en números.
-Vale, no tengo nada que hacer. Ayer rompí con mi novio-y sonreí. Pensar en Harry no me dolía lo más mínimo. Quizá no le quería tanto como creía o tal vez Ian era de gran ayuda.
-Perfecto-y el timbré sonó por toda la sala-es hora de volver a la rutina.
-Tengo miedo-musité-pienso que una horda de gente vendrá a hacerme preguntas.
-Puede-rió-si ocurre algo, avísame. Vendré en tu búsqueda y captura.
-Gracias, así me quedo más tranquila-refunfuñé y dejé la bandeja de la comida sobre las otras.
Cuando Ian se separó de mi lado, me noté desfallecer. No podía enfrentarme a tantas miradas acusadoras juntas. ¡Ni aunque hubiera hecho algo malo!
La situación no mejoró mucho durante las últimas clases. La gente se acercaba un poco a mí, pero al ver mi cara de perro rabioso, tomaban otro camino o se desviaban de su trayectoria. Lo peor llegó cuando salí. Lo que me temía se hacía realidad.
-¿Quién te crees que eres?-preguntó una rubia de bote que no superaba el metro cincuenta-¿Cómo te atreves a engatusar a Ian?
-¿Eres mi madre?-pregunté alucinada-mi vida es privada es totalmente mía, ahora, si me disculpáis…-les di un empujón, pero ellas no me dejaron pasar.
-De aquí no te mueves hasta que no nos digas como lo has hecho-dijo otra morena, un poco más alta.
-¿Hacer qué? Yo no he hecho nada-me crucé de brazos y bufé.
-¡Le has lanzando un hechizo a Ian, bruja!-gritó una al borde de la furia-¡Él nunca se fijaría en ti!
-Claro, en mi no, pero en unas mocosas que no me llegan ni a los hombros si, ¿verdad?
-¿Te crees muy graciosa, no?-la rubia hizo un gesto con la cabeza y las otras dos se acercaron-vamos a darle su merecido.
-No me hagáis reír, niñatas. No tengo ganas de enviaros al hospital.
Y justo cuando una me iba a dar el mejor puñetazo de la historia, una mano la cogió al vuelo.
-¿Ocurre algo?-preguntó él, con cara de pocos amigos.
-No…nada…-musitaron las tres-estábamos hablando…
-¿Con los puños?
-Ya nos vamos-dijo una-¡nos las pagaras!-y las tres se fueron corriendo.
-Em…esto….Gracias…-tuve que levantar mucho la cabeza para poder encontrarme con unos ojos negros llenos de tristeza.
-Axel-susurró-¿estás bien?
-Sí, hubiera podido yo sola contra esas tres niñatas. Pero gracias igualmente.
-De nada-y sin decir nada más, fue alejándose de mi vera. ¿Quién era ese chico tan raro? Era la primera vez en mi vida que le veía, aunque alguien como él no destaca mucho, excepto por su altura. Caminaba con aires pasotas y el cabello era largo, le tapaba media cara y de un color tan oscuro como sus ojos.
-¡Ine!-chilló una voz tras de mí-¿estás bien? ¿Te han hecho algo esas tres?
-¡Ian! Tranquilo, no pasa nada. Ese chico me ha salvado-le señalé con la barbilla.
-¿Ese?-se lo miró con cara incrédula y me miró-es nuevo. Va a mi clase-afirmó-es muy callado y da mal rollo, pero no parece mal chico.
-La verdad es que no. Parece amable-y no le di más importancia al tema. Me subí al coche de Ian y los dos fuimos a mi casa, a hacer matemáticas.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:04 pm, editado 2 veces
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
8 Capitulo-Problemas matemáticos
Una vez en mi casa, nos acomodamos en mi habitación para poder resolver aquellos problemas de matemáticas que tantos dolores de cabeza daban a Ian.
-Veamos, ¿Qué no entiendes?-pregunté y él me señaló varios ejercicios de una libreta-¡Esto es muy fácil!
-Para ti, que serás una empollona. Pero yo no entiendo nada. El profesor Finch no explica absolutamente nada. Se cree que somos Einsteins o algo…
Fui explicándoselo paso por paso, intentando ser clara y concisa. Él empezó a cogerlo a mi quinta o sexta explicación y le mandé hacer unos ejercicios extras de los cuales no obtuvo ningún error.
-Ves como no es tan difícil-suspiré y él torció la boca-en fin, ¿te han dicho algo tus preciados amigos? Cómo no me has contado nada…
-Me lo estaba guardando. Lo mejor para el final-su amplia sonrisa me iluminó el rostro-Margarett y Joshep han venido con cara de luto y me han preguntado si me habías embrujado o algo por el estilo. Estaban realmente preocupadas-rió y yo con él-les he dicho que no pasaba nada, que eras una amiga de la infancia, pero no se han quedado muy contentas con esa pobre explicación y entonces J.J. y Fred me han avasallado con todas sus preguntas. Les he dado evasivas y ellos han desistido.
-Ojala hubiera tenido un agujerito para poderos ver-musité.
-Mañana volverán a la carga, no te preocupes. ¿Mi fans no te han herido, no?-me acarició la cara por sorpresa y yo me retiré como acto reflejo.
-¡No, no!-balbuceé-estoy estupendamente. Yo solita las hubiera machacado.
-Menos mal-se tocó la frente y cerró los ojos.
-¿Ocurre algo? ¿Te duele la cabeza? ¿Quieres una aspirina o un ibuprofeno?
-Estoy algo mareado-afirmó-pero se me pasará.
-Túmbate en mi cama, haz el favor. Ahora te traigo agua-me levanté, dejándole atrás y fui a la cocina a por agua fresca de la nevera y una pequeña pastillita que siempre me tomaba para los mareos repentinos después de clase, algo muy habitual en mi cuerpo.
Subí con cuidado, para no tirar el vaso, ya que era algo torpe y abrí la puerta medio cerrada con el pie.
-Ten-deposité el vaso en el suelo y le di la pastilla-tómatela. Te irá bien.
Pero su mano se aferró a mi muñeca tan fuertemente que mi sangre dejó de circular. Me miró con ojos depredadores, como si fuera una presa demasiado suculenta como para dejarla estar y repentinamente, me tiró hacia él y yo quedé encima de su pecho bien formado.
-Solo te necesito a ti para recuperarme-susurró y me abrazó con mucha fuerza, temiendo que me fuera.
-¡Ian!-exclamé intentando soltarme de su abrazo-esto está mal, muy mal. ¡Suéltame!-gruñí pero él no me hizo caso, al revés, me abrazó con mucha más fuerza.
-No te voy a dejar ahora…no cuando estás entre mis brazos, al fin.
-¿Ian?-¿estaba loco o era cosa del mareo? Tragué saliva y me quedé tan rígida como una roca-¿te encuentras…….?
-Bien-musitó-perfectamente-me dio un beso cálido en la coronilla y yo me puse tensa-eres tan frágil, Ine…tan y tan frágil.
-¡No soy frágil!-chillé-¡Suéltame, Ian! Estás asustándome-admití y su mano me acarició la cabeza, para que me tranquilizara-eso no funcionará-por favor...-aflojó los brazos sin dejar de acariciarme la cabeza.
-Sólo un poquito más y te dejo ir, lo prometo-asentí y él cerró sus ojos otra vez, respirando lentamente, como si estuviera dormido. Tal vez grababa en lo más hondo de su memoria este recuerdo tan repentino. Al cabo de dos minutos, me dejó ir y yo me puse de pie, otra vez.
-Ian…-murmuré y él abrió los ojos.
-Ya estoy bien-se tragó la pastilla acompañada del agua-creo que me ayudará. En fin, Ine, nos vemos mañana-cogió la mochila y se marchó tras aquellas palabras.
Una vez en mi casa, nos acomodamos en mi habitación para poder resolver aquellos problemas de matemáticas que tantos dolores de cabeza daban a Ian.
-Veamos, ¿Qué no entiendes?-pregunté y él me señaló varios ejercicios de una libreta-¡Esto es muy fácil!
-Para ti, que serás una empollona. Pero yo no entiendo nada. El profesor Finch no explica absolutamente nada. Se cree que somos Einsteins o algo…
Fui explicándoselo paso por paso, intentando ser clara y concisa. Él empezó a cogerlo a mi quinta o sexta explicación y le mandé hacer unos ejercicios extras de los cuales no obtuvo ningún error.
-Ves como no es tan difícil-suspiré y él torció la boca-en fin, ¿te han dicho algo tus preciados amigos? Cómo no me has contado nada…
-Me lo estaba guardando. Lo mejor para el final-su amplia sonrisa me iluminó el rostro-Margarett y Joshep han venido con cara de luto y me han preguntado si me habías embrujado o algo por el estilo. Estaban realmente preocupadas-rió y yo con él-les he dicho que no pasaba nada, que eras una amiga de la infancia, pero no se han quedado muy contentas con esa pobre explicación y entonces J.J. y Fred me han avasallado con todas sus preguntas. Les he dado evasivas y ellos han desistido.
-Ojala hubiera tenido un agujerito para poderos ver-musité.
-Mañana volverán a la carga, no te preocupes. ¿Mi fans no te han herido, no?-me acarició la cara por sorpresa y yo me retiré como acto reflejo.
-¡No, no!-balbuceé-estoy estupendamente. Yo solita las hubiera machacado.
-Menos mal-se tocó la frente y cerró los ojos.
-¿Ocurre algo? ¿Te duele la cabeza? ¿Quieres una aspirina o un ibuprofeno?
-Estoy algo mareado-afirmó-pero se me pasará.
-Túmbate en mi cama, haz el favor. Ahora te traigo agua-me levanté, dejándole atrás y fui a la cocina a por agua fresca de la nevera y una pequeña pastillita que siempre me tomaba para los mareos repentinos después de clase, algo muy habitual en mi cuerpo.
Subí con cuidado, para no tirar el vaso, ya que era algo torpe y abrí la puerta medio cerrada con el pie.
-Ten-deposité el vaso en el suelo y le di la pastilla-tómatela. Te irá bien.
Pero su mano se aferró a mi muñeca tan fuertemente que mi sangre dejó de circular. Me miró con ojos depredadores, como si fuera una presa demasiado suculenta como para dejarla estar y repentinamente, me tiró hacia él y yo quedé encima de su pecho bien formado.
-Solo te necesito a ti para recuperarme-susurró y me abrazó con mucha fuerza, temiendo que me fuera.
-¡Ian!-exclamé intentando soltarme de su abrazo-esto está mal, muy mal. ¡Suéltame!-gruñí pero él no me hizo caso, al revés, me abrazó con mucha más fuerza.
-No te voy a dejar ahora…no cuando estás entre mis brazos, al fin.
-¿Ian?-¿estaba loco o era cosa del mareo? Tragué saliva y me quedé tan rígida como una roca-¿te encuentras…….?
-Bien-musitó-perfectamente-me dio un beso cálido en la coronilla y yo me puse tensa-eres tan frágil, Ine…tan y tan frágil.
-¡No soy frágil!-chillé-¡Suéltame, Ian! Estás asustándome-admití y su mano me acarició la cabeza, para que me tranquilizara-eso no funcionará-por favor...-aflojó los brazos sin dejar de acariciarme la cabeza.
-Sólo un poquito más y te dejo ir, lo prometo-asentí y él cerró sus ojos otra vez, respirando lentamente, como si estuviera dormido. Tal vez grababa en lo más hondo de su memoria este recuerdo tan repentino. Al cabo de dos minutos, me dejó ir y yo me puse de pie, otra vez.
-Ian…-murmuré y él abrió los ojos.
-Ya estoy bien-se tragó la pastilla acompañada del agua-creo que me ayudará. En fin, Ine, nos vemos mañana-cogió la mochila y se marchó tras aquellas palabras.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:04 pm, editado 2 veces
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
9 Capitulo-Desnudo
Cerré la puerta principal con un sonoro portazo. Un mal humor repentino inundo cada célula de mi piel, recorriendo mi espina dorsal y acabando en mi cerebro.
No había ni un alma en casa, que extraño. Mi madre trabajaría hasta tarde, para no tener que verme y mi padre vivía desde hacía un año en otra ciudad. Apenas nos veíamos, pero tampoco me causaba ningún trauma.
Arrojé la mochila, con furia, sobre el sofá y después me senté, llevándome las manos a la cabeza, apoyando los brazos en las rodillas.
-¡Joder!-grité y me di un leve puñetazo en la cabeza-¡soy un estúpido! ¡Un…arg! ¡Ahora que por fin recupero un poco de su amistad y tengo que cagarla! ¡Idiota, idiota, idiota!-me repetí, furioso conmigo mismo.
Subí a mi habitación a grandes zancadas (casi me resbalo) y abrí la puerta, cerrándola de golpe.
Encima de mi cama, sobre la colcha azul oscuro, una nota me esperaba. La cogí y la leí en voz alta.
“Ian,
Hoy también trabajaré hasta tarde. Te he dejado la cena en la nevera, caliéntatela en el microondas. No te acuestes tarde y haz los deberes.
Te quiere, máma.”
Arrugué el papel y lo tiré a la papelera. Cómo si le importara lo que hiciera o dejase de hacer. Como si yo le importara.
Me fui quitando la ropa, esparciéndola por doquier y penetré en mi baño personal. Me miré en el espejo, buscando alguna pequeña imperfección. Una costumbre.
Iba siendo hora de volver a depilarme el pecho con cera, y las piernas también. Y quizá cortarme el cabello, aunque no me gustaba corto. Un cambio de aire…un nuevo look…
Me removí el cabello y le saqué la lengua al otro yo, que me devolvió el gesto en el acto. Tiré los bóxers sobre el váter y me metí en la ducha, dejando que el agua resbalara por mi piel, acariciando cada parte de mi ser.
Me sequé, pero no me moleste en vestirme. A veces me resultaba hasta divertido quedarme desnudo en mi propia casa, paseándome como mi madre me trajo al mundo.
Bajé a la cocina y bebí directamente del cartón de la leche, sin molestarme en coger un vaso.
El teléfono sonó con su sonido estridente y me abalancé para cogerlo a tiempo.
-¿Diga?-pregunté recuperando el aliento.
-¡Ian, amigo! He ligado con dos titis y les he comunicado que tengo un amigo cañón muy simpático-dijo Fred tras el aparato.
-Um…no tengo ganas, Fred-admití-quizá otro día.
-¡Va tío! Tienes que olvidarte de esa churri con cabellos de chicle. Líate con una tía y se te pasarán todos los males.
-Pero es que tengo cosas que hacer…
-¿Qué tipo de cosas? ¿Morirte de asco en tu casa? ¡Ven, por favor! No me jodas ahora.
Me lo pensé un minuto, dándole vueltas… ¿era lo correcto? ¿Podía liarme con cualquier chica? ¡Si ni tan siquiera salía con Ine!
-Vale, ¿dónde estás?......de acuerdo, ahora estoy allí-colgué el auricular, me vestí y me dirigí hacía el lugar dónde estaba Fred.
Cerré la puerta principal con un sonoro portazo. Un mal humor repentino inundo cada célula de mi piel, recorriendo mi espina dorsal y acabando en mi cerebro.
No había ni un alma en casa, que extraño. Mi madre trabajaría hasta tarde, para no tener que verme y mi padre vivía desde hacía un año en otra ciudad. Apenas nos veíamos, pero tampoco me causaba ningún trauma.
Arrojé la mochila, con furia, sobre el sofá y después me senté, llevándome las manos a la cabeza, apoyando los brazos en las rodillas.
-¡Joder!-grité y me di un leve puñetazo en la cabeza-¡soy un estúpido! ¡Un…arg! ¡Ahora que por fin recupero un poco de su amistad y tengo que cagarla! ¡Idiota, idiota, idiota!-me repetí, furioso conmigo mismo.
Subí a mi habitación a grandes zancadas (casi me resbalo) y abrí la puerta, cerrándola de golpe.
Encima de mi cama, sobre la colcha azul oscuro, una nota me esperaba. La cogí y la leí en voz alta.
“Ian,
Hoy también trabajaré hasta tarde. Te he dejado la cena en la nevera, caliéntatela en el microondas. No te acuestes tarde y haz los deberes.
Te quiere, máma.”
Arrugué el papel y lo tiré a la papelera. Cómo si le importara lo que hiciera o dejase de hacer. Como si yo le importara.
Me fui quitando la ropa, esparciéndola por doquier y penetré en mi baño personal. Me miré en el espejo, buscando alguna pequeña imperfección. Una costumbre.
Iba siendo hora de volver a depilarme el pecho con cera, y las piernas también. Y quizá cortarme el cabello, aunque no me gustaba corto. Un cambio de aire…un nuevo look…
Me removí el cabello y le saqué la lengua al otro yo, que me devolvió el gesto en el acto. Tiré los bóxers sobre el váter y me metí en la ducha, dejando que el agua resbalara por mi piel, acariciando cada parte de mi ser.
Me sequé, pero no me moleste en vestirme. A veces me resultaba hasta divertido quedarme desnudo en mi propia casa, paseándome como mi madre me trajo al mundo.
Bajé a la cocina y bebí directamente del cartón de la leche, sin molestarme en coger un vaso.
El teléfono sonó con su sonido estridente y me abalancé para cogerlo a tiempo.
-¿Diga?-pregunté recuperando el aliento.
-¡Ian, amigo! He ligado con dos titis y les he comunicado que tengo un amigo cañón muy simpático-dijo Fred tras el aparato.
-Um…no tengo ganas, Fred-admití-quizá otro día.
-¡Va tío! Tienes que olvidarte de esa churri con cabellos de chicle. Líate con una tía y se te pasarán todos los males.
-Pero es que tengo cosas que hacer…
-¿Qué tipo de cosas? ¿Morirte de asco en tu casa? ¡Ven, por favor! No me jodas ahora.
Me lo pensé un minuto, dándole vueltas… ¿era lo correcto? ¿Podía liarme con cualquier chica? ¡Si ni tan siquiera salía con Ine!
-Vale, ¿dónde estás?......de acuerdo, ahora estoy allí-colgué el auricular, me vestí y me dirigí hacía el lugar dónde estaba Fred.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:05 pm, editado 2 veces
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
10 Capitulo-Especial
Llovía tanto que me daba la impresión que en cualquier momento dejaría de caminar e iría nadando. Mi paraguas azul turquesa destacaba ante la masa de colores apagados y tristes, muy acordes con la ciudad.
Mi padre me mandó comprar unas cosas en el centro, para reparar el coche. Mis botas de colorines estaban negras y mi cuerpo se sentía frío y cansado.
Mi mente seguía preguntándose el porqué del comportamiento de Ian, dejándome con un gran interrogante sobre mi cabezota. ¿Estaría jugando conmigo o realmente le gustaba? Aquello me pareció imposible y retiré aquella absurda idea de mi cabeza.
Compré las cuatro cosas de la lista y decidí parar en alguna cafetería, para que mi cuerpo entrara en calor. “Le petit café” me pareció la opción más adecuada.
Deposité el paraguas en su paragüero correspondiente y me senté en una mesa de dos, alejada de todo el mundo. A pocos metros, detrás de mí, oía a unos jóvenes gritando y hablando de sus cosas.
-Sería tan agradable tener algún amigo-musité y meneé la cabeza-estás bien sola, lo sabes-pedí un cappuccino y un trocito de tarta de manzana.
Los muchachos seguían a su aire, gritando sin pensar en que podrían molestar a alguien. A mí. Sus risas se clavaban como puñales en el vacío de mi soledad y su compañía me resultaba molesta. Me levanté y me dirigí hacía la zona del ruido. No sabía muy bien que iba a decir, porque seguramente me mandarían a la mierda, pero igualmente fui.
-Perdón…-musité y le pude ver perfectamente cogido a una chica, con una sonrisa tan tonta como su rostro-¡Ian!-exclamé y me llevé las manos a la boca-vaya…veo que no pierdes el tiempo…
-¡Ine!-exclamó sorprendido y se alzó, pero yo me alejé de la mesa a grandes pasos, cogiendo el bolso-espera Ine.
-¡Déjame!-le hice un gesto a la camarera para que no me sirviera lo que había pedido y salí, sin olvidarme del paraguas.
-¡Qué esperes!-gritó, siguiéndome bajo la lluvia. Yo no había abiert aquél aparato tan útil para no mojarme.
-¡No!-grité y le miré-No tienes porque darme ninguna explicación. Ni aunque tuvieras un tipo de relación.
-¡Pero yo te la quiero dar!-me cogió el brazo pero yo lo zarandeé, sin lograr escapar de sus garras-no es lo que piensas.
-Te he dicho que no pasa nada. Está todo bien-musité-ahora suéltame.
-Ine…-musitó y se acercó a mí.
-No te entiendo-dije-primero me dejas de hablar durante siete años, después quieres volver a ser mi amigo y luego me tratas como, no sé…como si sintieras algo especial por mí. No entiendo nada, Ian. Absolutamente nada.
-Yo tampoco me entiendo-se mordió el labio y bufó.
-Pues eres tu el que debe aclarar tus ideas-bajó la guardia y me escapé de él-cuando sepas algo, avísame.
-No supe que sentía hasta que te perdí-dijo con la cabeza gacha, mientras de su cabello caían gotas de agua-pero después los dos cambiamos…y…no sé. Me resultaba duro volver a hablar contigo, pero ayer te vi. Vi que ibas a comprar condones...que te acostarías con otro tío y aquello fue la gota que colmó el vaso. Te engañé, yo no quería acostarme con Sandie. Salíamos juntos, pero yo no quería dar ese paso…
-Ian...yo…no entiendo nada-una lágrima se entremezcló con la lluvia-nada. ¿Por qué no me dejas tranquila? Podemos hacer que no ha pasado nada, estamos a tiempo.
-Quizá tú puedas olvidarlo pero yo no .Ayer comprendí que debí haber hablado contigo hacía ya mucho tiempo. Nunca quise perder tu amistad… ¡Dios!-musitó y empezó a reírse-jamás me imaginé que diría esto, pero allá va. Te he querido durante estos últimos siete años…que digo siete… ¡más! Te he amado siempre, pero fui un capullo y te perdí. No merezco nada de ti, ni compasión, ni odio…nada.
-¿Por qué me dices esto?-pregunté al borde del abismo-¿Por qué ahora? ¡Has tenido siete años, por el amor de Dios! ¡Siete! Y de repente, me vienes, me dices que quieres ser mi amigo y al día siguiente me dices que me amas. Ian, las cosas no funcionan así…no…-estaba tan sorprendida que aún no había procesado toda la información. ¿A qué venía esto tan de pronto? Hacía siete años que no nos dirigíamos la palabra, excepto para decir hola o ni eso. Y de repente, ¡pum! Hostia en las narices. Otra vez resurge en mi vida y ahora haciendo más eco de lo habitual. Y yo que intentaba olvidarle…y ahora... ¡buf!
-¡No lo sé! Todo ha sido muy repentino, no creas. Pero cuando Sandie me dijo lo de Harry…no te lo negaré, me sentí feliz. Más feliz que nunca. ¡Tenía una oportunidad para poder estar contigo! Pero hoy la he cagado demasiado, haciéndome notar. Y ahora la he cagado aún más diciéndote lo que siento. Si no quieres que te moleste, dímelo…
-¡Es demasiado tarde, Ian! ¿Ahora como voy a poder mirarte? ¿Cómo…?-me llevé las manos a la cabeza y él me abrazó. Los dos estábamos helados y si no nos cambiábamos rápido, cogeríamos una buena pulmonía.
-Te quiero-musitó-y esa es toda la verdad. Mejor tarde que nunca…
-Ian, eres un cabrón-le confesé y creo que él sonrió, pero no pude verlo bien porque cerré los ojos cuando nuestros labios se tocaron, al ritmo de las gotas que caían sobre el asfalto.
Llovía tanto que me daba la impresión que en cualquier momento dejaría de caminar e iría nadando. Mi paraguas azul turquesa destacaba ante la masa de colores apagados y tristes, muy acordes con la ciudad.
Mi padre me mandó comprar unas cosas en el centro, para reparar el coche. Mis botas de colorines estaban negras y mi cuerpo se sentía frío y cansado.
Mi mente seguía preguntándose el porqué del comportamiento de Ian, dejándome con un gran interrogante sobre mi cabezota. ¿Estaría jugando conmigo o realmente le gustaba? Aquello me pareció imposible y retiré aquella absurda idea de mi cabeza.
Compré las cuatro cosas de la lista y decidí parar en alguna cafetería, para que mi cuerpo entrara en calor. “Le petit café” me pareció la opción más adecuada.
Deposité el paraguas en su paragüero correspondiente y me senté en una mesa de dos, alejada de todo el mundo. A pocos metros, detrás de mí, oía a unos jóvenes gritando y hablando de sus cosas.
-Sería tan agradable tener algún amigo-musité y meneé la cabeza-estás bien sola, lo sabes-pedí un cappuccino y un trocito de tarta de manzana.
Los muchachos seguían a su aire, gritando sin pensar en que podrían molestar a alguien. A mí. Sus risas se clavaban como puñales en el vacío de mi soledad y su compañía me resultaba molesta. Me levanté y me dirigí hacía la zona del ruido. No sabía muy bien que iba a decir, porque seguramente me mandarían a la mierda, pero igualmente fui.
-Perdón…-musité y le pude ver perfectamente cogido a una chica, con una sonrisa tan tonta como su rostro-¡Ian!-exclamé y me llevé las manos a la boca-vaya…veo que no pierdes el tiempo…
-¡Ine!-exclamó sorprendido y se alzó, pero yo me alejé de la mesa a grandes pasos, cogiendo el bolso-espera Ine.
-¡Déjame!-le hice un gesto a la camarera para que no me sirviera lo que había pedido y salí, sin olvidarme del paraguas.
-¡Qué esperes!-gritó, siguiéndome bajo la lluvia. Yo no había abiert aquél aparato tan útil para no mojarme.
-¡No!-grité y le miré-No tienes porque darme ninguna explicación. Ni aunque tuvieras un tipo de relación.
-¡Pero yo te la quiero dar!-me cogió el brazo pero yo lo zarandeé, sin lograr escapar de sus garras-no es lo que piensas.
-Te he dicho que no pasa nada. Está todo bien-musité-ahora suéltame.
-Ine…-musitó y se acercó a mí.
-No te entiendo-dije-primero me dejas de hablar durante siete años, después quieres volver a ser mi amigo y luego me tratas como, no sé…como si sintieras algo especial por mí. No entiendo nada, Ian. Absolutamente nada.
-Yo tampoco me entiendo-se mordió el labio y bufó.
-Pues eres tu el que debe aclarar tus ideas-bajó la guardia y me escapé de él-cuando sepas algo, avísame.
-No supe que sentía hasta que te perdí-dijo con la cabeza gacha, mientras de su cabello caían gotas de agua-pero después los dos cambiamos…y…no sé. Me resultaba duro volver a hablar contigo, pero ayer te vi. Vi que ibas a comprar condones...que te acostarías con otro tío y aquello fue la gota que colmó el vaso. Te engañé, yo no quería acostarme con Sandie. Salíamos juntos, pero yo no quería dar ese paso…
-Ian...yo…no entiendo nada-una lágrima se entremezcló con la lluvia-nada. ¿Por qué no me dejas tranquila? Podemos hacer que no ha pasado nada, estamos a tiempo.
-Quizá tú puedas olvidarlo pero yo no .Ayer comprendí que debí haber hablado contigo hacía ya mucho tiempo. Nunca quise perder tu amistad… ¡Dios!-musitó y empezó a reírse-jamás me imaginé que diría esto, pero allá va. Te he querido durante estos últimos siete años…que digo siete… ¡más! Te he amado siempre, pero fui un capullo y te perdí. No merezco nada de ti, ni compasión, ni odio…nada.
-¿Por qué me dices esto?-pregunté al borde del abismo-¿Por qué ahora? ¡Has tenido siete años, por el amor de Dios! ¡Siete! Y de repente, me vienes, me dices que quieres ser mi amigo y al día siguiente me dices que me amas. Ian, las cosas no funcionan así…no…-estaba tan sorprendida que aún no había procesado toda la información. ¿A qué venía esto tan de pronto? Hacía siete años que no nos dirigíamos la palabra, excepto para decir hola o ni eso. Y de repente, ¡pum! Hostia en las narices. Otra vez resurge en mi vida y ahora haciendo más eco de lo habitual. Y yo que intentaba olvidarle…y ahora... ¡buf!
-¡No lo sé! Todo ha sido muy repentino, no creas. Pero cuando Sandie me dijo lo de Harry…no te lo negaré, me sentí feliz. Más feliz que nunca. ¡Tenía una oportunidad para poder estar contigo! Pero hoy la he cagado demasiado, haciéndome notar. Y ahora la he cagado aún más diciéndote lo que siento. Si no quieres que te moleste, dímelo…
-¡Es demasiado tarde, Ian! ¿Ahora como voy a poder mirarte? ¿Cómo…?-me llevé las manos a la cabeza y él me abrazó. Los dos estábamos helados y si no nos cambiábamos rápido, cogeríamos una buena pulmonía.
-Te quiero-musitó-y esa es toda la verdad. Mejor tarde que nunca…
-Ian, eres un cabrón-le confesé y creo que él sonrió, pero no pude verlo bien porque cerré los ojos cuando nuestros labios se tocaron, al ritmo de las gotas que caían sobre el asfalto.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:05 pm, editado 1 vez
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
11 Capitulo-No todo es tan fácil
Nos apartamos después de aquél sabroso beso que a mí me supo a gloria, o más que eso.
-Ine…-musitó mi nombre, alegre.
-Ian…-dije yo, no tan feliz.
-¿Qué ocurre?-preguntó, observando los cambios de mi rostro.
-No deseo ser cruel contigo-me rasqué la cabeza con nerviosismo-eres mi hermanito-sonreí.
-Ya, entiendo-su sonrisa se borró con facilidad-supongo que necesitas tiempo para pensar. Esto ha sido muy repentino.
-Demasiado. Aún no sé lo que siento por ti, entiéndelo. Llevo siete años intentando olvidarte y cuando por fin lo voy logrando, vienes, me dices esto y nos besamos.
-Parece el tema perfecto para una película ñoña de amor-rió, intentando recuperar su espíritu-lo entiendo. Había imaginado algo como esto. Quería ser más sutil, enamorarte primero, pero creo que me he pasado un poco yendo tan rápido.
-Si…y lo de hace un momento…me he dejado llevar-admití-lo siento.
-No te disculpes. Bueno, creo que tendré que entrar dentro. No voy a hacer nada malo. Todo es culpa de Fred y su labia-se apartó de mí cuerpo húmedo y frío y se alejó a pasos gigantes, propios de un chico con las piernas largas.
Sentí que desfallecía de camino a casa. Las piernas me temblaban y no por el viento helado que se incrustaba en mi cara. Todo era tan….tan extremadamente irreal. Era cierto, sí. El tema perfecto para una comedia romántica. Mi papel estaría representado por alguna joven actriz, como Scarlett Johansson a poder ser e Ian pues no sé, un actor, no muy mayor, que estuviera triunfando en este momento.
Abrí la puerta y dejé el paraguas en su lugar correspondiente. Me quité la chaqueta color miel totalmente empapada y mi madre salió a recibirme.
-¡Dios santo!-exclamó al verme-¿Es que has pasado por un tifón?
-Un coche-musité sin ganas de dar más explicación, directa a mi espacio personal.
Me fui quitando las botas, la falda, las medias y la camiseta.
-¡Achís!-estornudé-bien, ya estoy resfriada-suspiré y me metí directamente en la ducha, para que el agua caliente me hiciera entrar en calor. Me puse el pijama y miré la hora. Aún era temprano, pero me sentía tan cansada…demasiadas cosas surrealistas en tan poco tiempo. Y así, me quedé dormida entre mi colcha calentita y las gotas de lluvia que seguían cayendo, indiferentes a su alrededor.
El despertador golpeó sin esfuerzo mi cerebro y me levanté de un bote. Estaba desorientada pero poco a poco las imágenes semiolvidadas del día anterior se aglutinaron sin orden en mi mente.
-Hoy es otro día como cualquiera-me vestí con mi sudadera rosa con corazoncitos lilas y unos tejanos con parches de colores. Tenía la chaqueta que más abrigaba para lavar, así que decidí ponerme un abrigo de plumas.
-¿No vas a desayunar?-preguntó mi madre cuando me vio abriendo la puerta.
-No tengo hambre-afirmé y era cierto. Mi estómago se mantenía cerrado.
-No cenaste-me recordó.
-Ya comeré algo en el instituto, lo prometo-y cerré la puerta, cogí mi coche medio roto y me dirigí al instituto.
No vi a Ian en ningún sitio y como no tenía ganas que las miradas de todo ser viviente se clavaran en mí, salí a comer al jardín.
Allí se encontraba aquél chico tan misterioso, sentado bajo un árbol.
-¿Axel, verdad?-alzó la cabeza y asintió-Yo soy Ine, ¿puedo sentarme contigo?
-Si-contestó secamente, sin ni tan siquiera mirarme.
-Hace un buen día-puntualicé y él volvió a asentir. Creo que sería complicado mantener una conversación con aquél chico-nada comparado con ayer.
-Me gusta la lluvia-murmuró-es relajante.
-Sí, tienes razón, pero solo va bien cuando estás en casita.
-No sé. Cada uno tiene su opinión-entonces se levantó y se dirigió hacía una pequeña valla. Pude ver un parajito atrapado entre la maleza. Axel lo ayudo a salir de ahí y el pajarito salió volando cuando se encontró libre. Él se lo quedó mirando, y por un momento pensé en que se echaría a llorar allí mismo. Sonreí interiormente y una especie de calorcito recorrió mi cuerpo.
-Axel-musité-puede ser interesante.
Nos apartamos después de aquél sabroso beso que a mí me supo a gloria, o más que eso.
-Ine…-musitó mi nombre, alegre.
-Ian…-dije yo, no tan feliz.
-¿Qué ocurre?-preguntó, observando los cambios de mi rostro.
-No deseo ser cruel contigo-me rasqué la cabeza con nerviosismo-eres mi hermanito-sonreí.
-Ya, entiendo-su sonrisa se borró con facilidad-supongo que necesitas tiempo para pensar. Esto ha sido muy repentino.
-Demasiado. Aún no sé lo que siento por ti, entiéndelo. Llevo siete años intentando olvidarte y cuando por fin lo voy logrando, vienes, me dices esto y nos besamos.
-Parece el tema perfecto para una película ñoña de amor-rió, intentando recuperar su espíritu-lo entiendo. Había imaginado algo como esto. Quería ser más sutil, enamorarte primero, pero creo que me he pasado un poco yendo tan rápido.
-Si…y lo de hace un momento…me he dejado llevar-admití-lo siento.
-No te disculpes. Bueno, creo que tendré que entrar dentro. No voy a hacer nada malo. Todo es culpa de Fred y su labia-se apartó de mí cuerpo húmedo y frío y se alejó a pasos gigantes, propios de un chico con las piernas largas.
Sentí que desfallecía de camino a casa. Las piernas me temblaban y no por el viento helado que se incrustaba en mi cara. Todo era tan….tan extremadamente irreal. Era cierto, sí. El tema perfecto para una comedia romántica. Mi papel estaría representado por alguna joven actriz, como Scarlett Johansson a poder ser e Ian pues no sé, un actor, no muy mayor, que estuviera triunfando en este momento.
Abrí la puerta y dejé el paraguas en su lugar correspondiente. Me quité la chaqueta color miel totalmente empapada y mi madre salió a recibirme.
-¡Dios santo!-exclamó al verme-¿Es que has pasado por un tifón?
-Un coche-musité sin ganas de dar más explicación, directa a mi espacio personal.
Me fui quitando las botas, la falda, las medias y la camiseta.
-¡Achís!-estornudé-bien, ya estoy resfriada-suspiré y me metí directamente en la ducha, para que el agua caliente me hiciera entrar en calor. Me puse el pijama y miré la hora. Aún era temprano, pero me sentía tan cansada…demasiadas cosas surrealistas en tan poco tiempo. Y así, me quedé dormida entre mi colcha calentita y las gotas de lluvia que seguían cayendo, indiferentes a su alrededor.
El despertador golpeó sin esfuerzo mi cerebro y me levanté de un bote. Estaba desorientada pero poco a poco las imágenes semiolvidadas del día anterior se aglutinaron sin orden en mi mente.
-Hoy es otro día como cualquiera-me vestí con mi sudadera rosa con corazoncitos lilas y unos tejanos con parches de colores. Tenía la chaqueta que más abrigaba para lavar, así que decidí ponerme un abrigo de plumas.
-¿No vas a desayunar?-preguntó mi madre cuando me vio abriendo la puerta.
-No tengo hambre-afirmé y era cierto. Mi estómago se mantenía cerrado.
-No cenaste-me recordó.
-Ya comeré algo en el instituto, lo prometo-y cerré la puerta, cogí mi coche medio roto y me dirigí al instituto.
No vi a Ian en ningún sitio y como no tenía ganas que las miradas de todo ser viviente se clavaran en mí, salí a comer al jardín.
Allí se encontraba aquél chico tan misterioso, sentado bajo un árbol.
-¿Axel, verdad?-alzó la cabeza y asintió-Yo soy Ine, ¿puedo sentarme contigo?
-Si-contestó secamente, sin ni tan siquiera mirarme.
-Hace un buen día-puntualicé y él volvió a asentir. Creo que sería complicado mantener una conversación con aquél chico-nada comparado con ayer.
-Me gusta la lluvia-murmuró-es relajante.
-Sí, tienes razón, pero solo va bien cuando estás en casita.
-No sé. Cada uno tiene su opinión-entonces se levantó y se dirigió hacía una pequeña valla. Pude ver un parajito atrapado entre la maleza. Axel lo ayudo a salir de ahí y el pajarito salió volando cuando se encontró libre. Él se lo quedó mirando, y por un momento pensé en que se echaría a llorar allí mismo. Sonreí interiormente y una especie de calorcito recorrió mi cuerpo.
-Axel-musité-puede ser interesante.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:06 pm, editado 1 vez
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
12 Capitulo-Nunca he ido a una fiesta
Vi a lo lejos como Ian se dirigía a mi posición, con una inexpresividad poco habitual en su rostro.
-Buenos días, Yvaine-me sorprendió al oír mi nombre completo, con cierta frialdad.
-Buenos días, Ian…-musité-¿todo bien?
-Mejor que bien-sonrió y se sentó a mi lado-¿qué haces?
-Estaba hablando con Axel, el de tu clase. Me cae bien-admití y él hizo un pequeño mohín.
-Sí, bueno…es un poco rarito, ¿no?
-Quizá, pero yo también lo soy. Todos somos un poquito friquis si nos lo proponemos-afirmé y él asintió, no muy convencido.
-Te iba a decir, el viernes celebró una fiesta. Viene casi toda la gente del instituto. En fin, no sé, sería una buena forma de relacionarte, ¿no crees?
-Creo que llegas demasiado tarde para eso, Ian. Este es mi último año en el instituto. Me da a mí que a nadie le intereso-reí y él bufó.
-Eso no importa, quiero invitarte. Puedes irte si te sientes incómoda, vives en la casa de al lado-sonrió y me quedé pensativa.
-Iré si Axel también va-señalé al chico ausente delante de mí y oí un pequeño resoplido de Ian.
-A mi no me importa. Convéncele si tienes tantas ganas-refunfuñó y se marchó con cierto aire de celosía.
Me reí por lo bajini ante su actitud infantil y Axel se acercó, sin entender nada.
-¿Hablas con Ian?-preguntó con un matiz de curiosidad en su voz.
-Desde hace dos días-musité-es un amigo de la infancia. Una larga historia.
-No me da buenas vibraciones-dijo, mirándolo con desdén.
-Es un buen chico aunque parezca lo contrario. O al menos es lo que me contó hace poco-alcé los hombros y seguí comiéndome un bocadillo de atún de la cafetería. Empecé a entablar, más o menos, una conversación decente con Axel y supe algunas cosillas de él, como el nombre de su anterior ciudad y que gustos novelísticos tenía.
Acabé las clases sin pensar demasiado y Axel se ofreció voluntario para acompañarme a casa. Creo que eso sería el inicio de una bonita amistad.
-Entonces, ¿prefieres El sueño de una noche de verano antes que Romeo y Julieta?-retomé en seguida nuestra conversación anterior.
-Exacto. No digo que Romeo y Julieta no me guste. Tengo gustos diferentes, eso es todo-contempló las hojas que caían a nuestro alrededor y sonrió para sus adentros-me gusta el otoño.
-A mi también-susurré-me gustan el color de las hojas y el tiempo que hace, excepto cuando la lluvia me pilla cuando no estoy en casa.
Él sonrió un poquito y le devolví aquella sonrisa con cien vatios más. Cuando hablabas un poquito con Axel te dabas cuenta que no era tan diferente como lo ves. Era inteligente y sabía mejor que la mayoría de chicos de su edad lo que realmente quería hacer. Admiraba mucho ese aspecto suyo, ya que soy un poco indecisa por naturaleza.
Me dejó en la puerta de mi casa, me despidió con un movimiento de mano y se marchó en la dirección opuesta a la que veníamos. Pude notar los ojos de Ian clavados en mí desde su habitación o, al menos, esa es la impresión que tuve.
Subí las escaleras de mi habitación y me lancé de lleno al armario, buscando algo de ropa decente para una fiesta “chic”. Tampoco es que me importaba mucho la opinión de la gente, pero no quería ridiculizar a Ian…me sabía mal, en parte.
Axel me prometió que iría a la fiesta conmigo, aunque no prometía quedarse hasta que yo me fuera. Si algo le molestaba, se marcharía y punto. Estuve de acuerdo, ya que le estaba obligando a ir, en cierta manera.
Me decanté por un top ajustado tipo corsé, de color azul oscuro y una falda larga, tejana y negra. Después unas botas de un azul oscuro metalizado y unas medias negras, para ir un poco conjuntada.
Me tumbé en la cama y respiré hondo. Mi primera fiesta. Esperaba no cagarla mucho.
Vi a lo lejos como Ian se dirigía a mi posición, con una inexpresividad poco habitual en su rostro.
-Buenos días, Yvaine-me sorprendió al oír mi nombre completo, con cierta frialdad.
-Buenos días, Ian…-musité-¿todo bien?
-Mejor que bien-sonrió y se sentó a mi lado-¿qué haces?
-Estaba hablando con Axel, el de tu clase. Me cae bien-admití y él hizo un pequeño mohín.
-Sí, bueno…es un poco rarito, ¿no?
-Quizá, pero yo también lo soy. Todos somos un poquito friquis si nos lo proponemos-afirmé y él asintió, no muy convencido.
-Te iba a decir, el viernes celebró una fiesta. Viene casi toda la gente del instituto. En fin, no sé, sería una buena forma de relacionarte, ¿no crees?
-Creo que llegas demasiado tarde para eso, Ian. Este es mi último año en el instituto. Me da a mí que a nadie le intereso-reí y él bufó.
-Eso no importa, quiero invitarte. Puedes irte si te sientes incómoda, vives en la casa de al lado-sonrió y me quedé pensativa.
-Iré si Axel también va-señalé al chico ausente delante de mí y oí un pequeño resoplido de Ian.
-A mi no me importa. Convéncele si tienes tantas ganas-refunfuñó y se marchó con cierto aire de celosía.
Me reí por lo bajini ante su actitud infantil y Axel se acercó, sin entender nada.
-¿Hablas con Ian?-preguntó con un matiz de curiosidad en su voz.
-Desde hace dos días-musité-es un amigo de la infancia. Una larga historia.
-No me da buenas vibraciones-dijo, mirándolo con desdén.
-Es un buen chico aunque parezca lo contrario. O al menos es lo que me contó hace poco-alcé los hombros y seguí comiéndome un bocadillo de atún de la cafetería. Empecé a entablar, más o menos, una conversación decente con Axel y supe algunas cosillas de él, como el nombre de su anterior ciudad y que gustos novelísticos tenía.
Acabé las clases sin pensar demasiado y Axel se ofreció voluntario para acompañarme a casa. Creo que eso sería el inicio de una bonita amistad.
-Entonces, ¿prefieres El sueño de una noche de verano antes que Romeo y Julieta?-retomé en seguida nuestra conversación anterior.
-Exacto. No digo que Romeo y Julieta no me guste. Tengo gustos diferentes, eso es todo-contempló las hojas que caían a nuestro alrededor y sonrió para sus adentros-me gusta el otoño.
-A mi también-susurré-me gustan el color de las hojas y el tiempo que hace, excepto cuando la lluvia me pilla cuando no estoy en casa.
Él sonrió un poquito y le devolví aquella sonrisa con cien vatios más. Cuando hablabas un poquito con Axel te dabas cuenta que no era tan diferente como lo ves. Era inteligente y sabía mejor que la mayoría de chicos de su edad lo que realmente quería hacer. Admiraba mucho ese aspecto suyo, ya que soy un poco indecisa por naturaleza.
Me dejó en la puerta de mi casa, me despidió con un movimiento de mano y se marchó en la dirección opuesta a la que veníamos. Pude notar los ojos de Ian clavados en mí desde su habitación o, al menos, esa es la impresión que tuve.
Subí las escaleras de mi habitación y me lancé de lleno al armario, buscando algo de ropa decente para una fiesta “chic”. Tampoco es que me importaba mucho la opinión de la gente, pero no quería ridiculizar a Ian…me sabía mal, en parte.
Axel me prometió que iría a la fiesta conmigo, aunque no prometía quedarse hasta que yo me fuera. Si algo le molestaba, se marcharía y punto. Estuve de acuerdo, ya que le estaba obligando a ir, en cierta manera.
Me decanté por un top ajustado tipo corsé, de color azul oscuro y una falda larga, tejana y negra. Después unas botas de un azul oscuro metalizado y unas medias negras, para ir un poco conjuntada.
Me tumbé en la cama y respiré hondo. Mi primera fiesta. Esperaba no cagarla mucho.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:06 pm, editado 1 vez
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
13 Capitulo-El gran bajón
Y el resto de la semana se me hizo eterno, creyendo que pasaría raudo y veloz ante mis ojos. Cada día me sentía un poquito más ansiosa, hasta rozar los nervios. Axel intentaba escuchar todas mis quejas, sobre Joseph y Margarett, añadiendo algún que otro comentario. Desde que sabían que yo también iba a estar allí, me miraban con mayor desprecio (si eso era posible) y cada vez que pasaba por su lado (sino me quedaba otro remedio) me dedicaban un exquisito insulto, a cual mejor. Fred y J.J. pasaban bastante del tema, porque todas sus expectativas se concentraban en liarse con una tía buena con más pecho que una vaca.
Pero el viernes llegó, claro, no iba a pasar la semana a sábado, así como así. En el último momento cambié de modelito, eligiendo un vestido aterciopelado de un lila claro y unas medias de un lila más oscuro. No iba a dejar mi forma de vestir solo porque medio instituto estuviera presente. Me maquillé un poquito y me alisé el cabello.
-Fresca y natural-me dije ante el espejo-¡da lo mejor de ti misma, Yvaine!-alcé los brazos en señal de fuerza y salí disparada al oír el timbre, sin olvidarme de coger el bolso, por supuesto.
Axel me esperaba bajo las escaleras, con su rostro ausente, tapado por su cascada de carbón. Iba como siempre, con una camiseta más bien oscura y unos tejanos del mismo tono, para variar.
-Estás muy guapa-musitó y sonrió levemente.
-Gracias. ¿Estás seguro de querer ir a la cueva del león?-le pregunté, mirando la casa de Ian.
-He traído mis mejores armas-me ofreció su mano y se la cogí, mientras caminábamos hacía un destino desconocido.
La casa de Ian estaba a abarrotar de gente. Casi no podías ni moverte. El olor a alcohol viajaba tímidamente entre el aire del lugar y vi como Joseph y Margarett me escudriñaban.
-¡Estás fantástica!-exclamó Ian al verme-Hola Axel-dijo secamente.
-Gracias-sonreí ante el cumplido e Ian me llevo hacía la multitud del comedor, con Axel pisándome los talones.
-¿Se le ofrece algo a esta damisela?-preguntó con un vaso de plástico en la mano.
-Una coca cola-respondí.
-¿No quieres ponche?-dijo sorprendido.
-La verdad, no me gusta mucho el alcohol-admití y él asintió.
-Marchando una coca cola, entonces. ¿Axel…?
-Ponche-murmuró y se sirvió él mismo-gracias.
La música que sonaba fuertemente desde las esquinas de la habitación no me entusiasmaba, pero daban ganas de salir a la pista (si había alguna) y mover el esqueleto hasta morir.
Axel negó con la cabeza, leyéndome los pensamientos.
-Tendrás otro buen motivo para que Joseph y Margarett te critiquen con todos los de aquí-me aconsejó y asentí.
-Cierto. Ya están bastantes sorprendidos ¿no crees?-reí y él asintió.
Ian apareció al fin con mi coca-cola y yo bebí con ganas, ya que estaba sedienta. Me invitó a bailar y accedí, a pesar de los pensamientos de Axel respecto a Ian y al resto del instituto.
Bailé sin que me importara que todas las miradas se concentrasen de forma idéntica en mi persona, disfrutando de las notas rítmicas de una canción conocida y dejándome llevar como nunca antes lo había hecho en mi vida. Mis propias risas se clavaban en mi cerebro y los pies comenzaban a dolerme, pero no les hacía caso.
-Tengo que ir al baño-le anuncié a Ian y él me indicó el camino. Era elegante, con baldosas blancas y azul turquesa, pero me sorprendí al ver una especie de lavabos públicos, es decir, váteres separados los unos de los otros.
-Harán muchas fiestas-me dije a mi misma y me encerré en uno de ellos. Entonces, mis dos amadas amigas hicieron acto de presencia, sin verme.
-No pensé que Ian hiciera un baño “público”-dijo Margarett, sacando el estuche de maquillaje del bolso.
-Ya sabes cómo es su madre…solo viene para hacer fiestas-musitó la otra chica, echándose colonia-por cierto-rió flojito-¿has oído lo que me acaba de decir Ian?
-¿Qué te ha dicho?-preguntó-¿sobre lo de la bruja?
-Bruja-pensé-si, esa soy yo, sin duda.
-Verás, le he preguntado que diantre hacía esa aquí, porque últimamente anda tan pegada a ella y al fin se ha atrevido a decirme la verdad.
-¿Y bien?-dijo Margarett intentando no parecer muy ansiosa.
-Lo que ya sabíamos, querida. Qué solo quiere liarse con ella y si puede, algo más. Ya sabes, Ian quiere dejar de ser virgen a la de ya y ha visto en la zorra esa una tía fácil, capaz de enamorarla si se lo propone. Como eran amigos de pequeños…
-¡Parecía tonto cuando lo compramos!-rió-bueno, sigamos con la fiesta. ¡Qué el ritmo no pare!
-¡Y los hombres tampoco!-concluyó Joseph y las dos salieron del baño.
No podía ser cierto aquello que mis oídos escucharon con suma claridad. Ian… ¿me había mentido? ¿Solo era un polvo fácil para él? ¡No podía ser! Él se abrió a mí con naturalidad, sin importarle que dijeran o pensaran de él los demás. Se me confesó bajo la lluvia, hacía apenas unos días. Pero todo parecía tener un poco de sentido, aunque mi corazón gritaba que todo aquello era una gran mentira, un bulo del cual debía pasar. ¿Y si era cierto? ¿Y si caía en sus redes y después me tiraba? ¡No! Imposible…él no…pero…me abracé a mis piernas y me quedé allí, sentada en el baño, con las medias y las bragas bajadas, mientras lloraba desconsoladamente por un amigo que creí haber recuperado. ¡Otra hostia en las narices, y de las que más duelen!
Y el resto de la semana se me hizo eterno, creyendo que pasaría raudo y veloz ante mis ojos. Cada día me sentía un poquito más ansiosa, hasta rozar los nervios. Axel intentaba escuchar todas mis quejas, sobre Joseph y Margarett, añadiendo algún que otro comentario. Desde que sabían que yo también iba a estar allí, me miraban con mayor desprecio (si eso era posible) y cada vez que pasaba por su lado (sino me quedaba otro remedio) me dedicaban un exquisito insulto, a cual mejor. Fred y J.J. pasaban bastante del tema, porque todas sus expectativas se concentraban en liarse con una tía buena con más pecho que una vaca.
Pero el viernes llegó, claro, no iba a pasar la semana a sábado, así como así. En el último momento cambié de modelito, eligiendo un vestido aterciopelado de un lila claro y unas medias de un lila más oscuro. No iba a dejar mi forma de vestir solo porque medio instituto estuviera presente. Me maquillé un poquito y me alisé el cabello.
-Fresca y natural-me dije ante el espejo-¡da lo mejor de ti misma, Yvaine!-alcé los brazos en señal de fuerza y salí disparada al oír el timbre, sin olvidarme de coger el bolso, por supuesto.
Axel me esperaba bajo las escaleras, con su rostro ausente, tapado por su cascada de carbón. Iba como siempre, con una camiseta más bien oscura y unos tejanos del mismo tono, para variar.
-Estás muy guapa-musitó y sonrió levemente.
-Gracias. ¿Estás seguro de querer ir a la cueva del león?-le pregunté, mirando la casa de Ian.
-He traído mis mejores armas-me ofreció su mano y se la cogí, mientras caminábamos hacía un destino desconocido.
La casa de Ian estaba a abarrotar de gente. Casi no podías ni moverte. El olor a alcohol viajaba tímidamente entre el aire del lugar y vi como Joseph y Margarett me escudriñaban.
-¡Estás fantástica!-exclamó Ian al verme-Hola Axel-dijo secamente.
-Gracias-sonreí ante el cumplido e Ian me llevo hacía la multitud del comedor, con Axel pisándome los talones.
-¿Se le ofrece algo a esta damisela?-preguntó con un vaso de plástico en la mano.
-Una coca cola-respondí.
-¿No quieres ponche?-dijo sorprendido.
-La verdad, no me gusta mucho el alcohol-admití y él asintió.
-Marchando una coca cola, entonces. ¿Axel…?
-Ponche-murmuró y se sirvió él mismo-gracias.
La música que sonaba fuertemente desde las esquinas de la habitación no me entusiasmaba, pero daban ganas de salir a la pista (si había alguna) y mover el esqueleto hasta morir.
Axel negó con la cabeza, leyéndome los pensamientos.
-Tendrás otro buen motivo para que Joseph y Margarett te critiquen con todos los de aquí-me aconsejó y asentí.
-Cierto. Ya están bastantes sorprendidos ¿no crees?-reí y él asintió.
Ian apareció al fin con mi coca-cola y yo bebí con ganas, ya que estaba sedienta. Me invitó a bailar y accedí, a pesar de los pensamientos de Axel respecto a Ian y al resto del instituto.
Bailé sin que me importara que todas las miradas se concentrasen de forma idéntica en mi persona, disfrutando de las notas rítmicas de una canción conocida y dejándome llevar como nunca antes lo había hecho en mi vida. Mis propias risas se clavaban en mi cerebro y los pies comenzaban a dolerme, pero no les hacía caso.
-Tengo que ir al baño-le anuncié a Ian y él me indicó el camino. Era elegante, con baldosas blancas y azul turquesa, pero me sorprendí al ver una especie de lavabos públicos, es decir, váteres separados los unos de los otros.
-Harán muchas fiestas-me dije a mi misma y me encerré en uno de ellos. Entonces, mis dos amadas amigas hicieron acto de presencia, sin verme.
-No pensé que Ian hiciera un baño “público”-dijo Margarett, sacando el estuche de maquillaje del bolso.
-Ya sabes cómo es su madre…solo viene para hacer fiestas-musitó la otra chica, echándose colonia-por cierto-rió flojito-¿has oído lo que me acaba de decir Ian?
-¿Qué te ha dicho?-preguntó-¿sobre lo de la bruja?
-Bruja-pensé-si, esa soy yo, sin duda.
-Verás, le he preguntado que diantre hacía esa aquí, porque últimamente anda tan pegada a ella y al fin se ha atrevido a decirme la verdad.
-¿Y bien?-dijo Margarett intentando no parecer muy ansiosa.
-Lo que ya sabíamos, querida. Qué solo quiere liarse con ella y si puede, algo más. Ya sabes, Ian quiere dejar de ser virgen a la de ya y ha visto en la zorra esa una tía fácil, capaz de enamorarla si se lo propone. Como eran amigos de pequeños…
-¡Parecía tonto cuando lo compramos!-rió-bueno, sigamos con la fiesta. ¡Qué el ritmo no pare!
-¡Y los hombres tampoco!-concluyó Joseph y las dos salieron del baño.
No podía ser cierto aquello que mis oídos escucharon con suma claridad. Ian… ¿me había mentido? ¿Solo era un polvo fácil para él? ¡No podía ser! Él se abrió a mí con naturalidad, sin importarle que dijeran o pensaran de él los demás. Se me confesó bajo la lluvia, hacía apenas unos días. Pero todo parecía tener un poco de sentido, aunque mi corazón gritaba que todo aquello era una gran mentira, un bulo del cual debía pasar. ¿Y si era cierto? ¿Y si caía en sus redes y después me tiraba? ¡No! Imposible…él no…pero…me abracé a mis piernas y me quedé allí, sentada en el baño, con las medias y las bragas bajadas, mientras lloraba desconsoladamente por un amigo que creí haber recuperado. ¡Otra hostia en las narices, y de las que más duelen!
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:06 pm, editado 1 vez
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
14 Capitulo-Tan lejos como me es posible
Cuando el llanto se sofocó lo mínimo para poder salir y dar la cara, abrí aquella pequeña puerta que tapaba la intimidad y llené la pica, para acto seguido sumergir la cabeza en aquella agua helada que me congeló todas las ideas.
Me sequé con una toalla e intenté sonreír, pero el esfuerzo fue en vano.
A la salida del baño, Axel me esperaba junto a la puerta.
-¿Estás bien?-preguntó al verme algo decaída.
-Quiero salir de aquí-sentencié y él asintió. Fuimos nadando entre el río formado por personas hasta llegar a la puerta principal.
-¿Ine? ¿Te vas?-preguntó Ian con una copa en la mano.
No me giré por miedo a montar una escenita y dejarlo más molido que el café.
-Vamos, Axel-dije fríamente e Ian intentó cogerme, pero Axel le sujetó la mano.
-Ahora no-musitó e Ian suspiró.
Llegamos, a salvo, a mi habitación y me eché a llorar con más fuerza que antes, si era eso posible. Axel me acarició la cabeza hasta que por fin me calmé. Le conté todo lo sucedido, con sumo detalle y me escuchó sin decir nada.
-Te lo dije-repitió. Si le hubiera hecho caso entonces, ahora no parecería tan idiota.
-Nunca debí confiar en Ian-dije con un hilillo de voz-ni un poquito. Un rincón de mi mente gritaba sin parar haciendo eco en mis oídos. ¡Estúpido corazón!-murmuré con rabia-¡Maldita sea!
-No es culpa tuya. ¿Quieres que le mate?-preguntó seriamente, sin vacilar.
-No merece la pena-puse los ojos en blanco-quiero estar sola.
-Por supuesto-me dio un fugaz beso en la frente y se marchó, con sus pasos lentos y ausentes.
-Todo vuelve a ser como antes-me dije-como si nunca nada hubiera ocurrido-me llevé el dedo índice a los labios instintivamente. Mi boca guardó el recuerdo de su calidez en lo más profundo de mi memoria. Y aún notaba sus manos, acariciándome la espalda-¡No!-grité-eras solo un juguete, Yvaine. Simplemente eso.
Dejé pasar el fin de semana, estudiando para los exámenes que se acercaban con pasos agigantados. No podía repetir y había decidido irme, tampoco muy lejos, pero lo suficiente para empezar una nueva vida. Unas nuevas amistades.
Pero el lunes se presentó con el ceño fruncido y una sonrisa maliciosa.
-Maldito Lunes-refunfuñé levantándome-ojala fuera ya sábado-suspiré y me vestí sin ganas. Una camiseta turquesa con mariposas blancas y una falda rosa, como mi cabello. El abrigo de plumas era calentito, así que decidí ponérmelo, otra vez.
Mi madre me esperaba con unas tostadas y yo las mastiqué sin ganas.
Axel vino a buscarme, temiendo que hiciera cualquier locura.
-¿Cómo te encuentras?-preguntó sabiendo de antemano la respuesta.
-Jodida-admití y no hablamos más durante la trayectoria
Evité a Ian por todos los pasillos, pero él me pisaba los talones, buscándome para darme alguna explicación absurda e ilógica.
Me pillo, claro. Justo me esperaba en la salida, con cara preocupada y sin saber que decir. Pase de él por completo, pero agarró mi muñeca.
-¿Qué te pasa?-encima tenía cara, el tío.
-Nada-me solté y continué caminando. Iba detrás de mí. Podía sentir su mirada clavada en mi espalda.
-¡Ine! ¿Qué te pasa?-repitió-si he hecho algo mal, me disculpo y…
-¡No!-grité parándome y agarrando la carpeta con fuerza-no quiero saber nada más de ti. Lo nuestro no es ni será posible. Lo sé todo.
-¿Todo? ¿Qué?-preguntó sin entender nada.
-¡No te hagas el tonto y olvídame!-exclamé casi furiosa y él trago saliva.
-Pero Ine, no entiendo nada…
-Te lo diré una vez más y ya está: olvídame Ian, como si nunca hubiéramos sido amigos. Eres un desconocido. Punto-le eché una última mirada e intenté controlar el temblor que sacudía mi cuerpo. C’est fini.
Cuando el llanto se sofocó lo mínimo para poder salir y dar la cara, abrí aquella pequeña puerta que tapaba la intimidad y llené la pica, para acto seguido sumergir la cabeza en aquella agua helada que me congeló todas las ideas.
Me sequé con una toalla e intenté sonreír, pero el esfuerzo fue en vano.
A la salida del baño, Axel me esperaba junto a la puerta.
-¿Estás bien?-preguntó al verme algo decaída.
-Quiero salir de aquí-sentencié y él asintió. Fuimos nadando entre el río formado por personas hasta llegar a la puerta principal.
-¿Ine? ¿Te vas?-preguntó Ian con una copa en la mano.
No me giré por miedo a montar una escenita y dejarlo más molido que el café.
-Vamos, Axel-dije fríamente e Ian intentó cogerme, pero Axel le sujetó la mano.
-Ahora no-musitó e Ian suspiró.
Llegamos, a salvo, a mi habitación y me eché a llorar con más fuerza que antes, si era eso posible. Axel me acarició la cabeza hasta que por fin me calmé. Le conté todo lo sucedido, con sumo detalle y me escuchó sin decir nada.
-Te lo dije-repitió. Si le hubiera hecho caso entonces, ahora no parecería tan idiota.
-Nunca debí confiar en Ian-dije con un hilillo de voz-ni un poquito. Un rincón de mi mente gritaba sin parar haciendo eco en mis oídos. ¡Estúpido corazón!-murmuré con rabia-¡Maldita sea!
-No es culpa tuya. ¿Quieres que le mate?-preguntó seriamente, sin vacilar.
-No merece la pena-puse los ojos en blanco-quiero estar sola.
-Por supuesto-me dio un fugaz beso en la frente y se marchó, con sus pasos lentos y ausentes.
-Todo vuelve a ser como antes-me dije-como si nunca nada hubiera ocurrido-me llevé el dedo índice a los labios instintivamente. Mi boca guardó el recuerdo de su calidez en lo más profundo de mi memoria. Y aún notaba sus manos, acariciándome la espalda-¡No!-grité-eras solo un juguete, Yvaine. Simplemente eso.
Dejé pasar el fin de semana, estudiando para los exámenes que se acercaban con pasos agigantados. No podía repetir y había decidido irme, tampoco muy lejos, pero lo suficiente para empezar una nueva vida. Unas nuevas amistades.
Pero el lunes se presentó con el ceño fruncido y una sonrisa maliciosa.
-Maldito Lunes-refunfuñé levantándome-ojala fuera ya sábado-suspiré y me vestí sin ganas. Una camiseta turquesa con mariposas blancas y una falda rosa, como mi cabello. El abrigo de plumas era calentito, así que decidí ponérmelo, otra vez.
Mi madre me esperaba con unas tostadas y yo las mastiqué sin ganas.
Axel vino a buscarme, temiendo que hiciera cualquier locura.
-¿Cómo te encuentras?-preguntó sabiendo de antemano la respuesta.
-Jodida-admití y no hablamos más durante la trayectoria
Evité a Ian por todos los pasillos, pero él me pisaba los talones, buscándome para darme alguna explicación absurda e ilógica.
Me pillo, claro. Justo me esperaba en la salida, con cara preocupada y sin saber que decir. Pase de él por completo, pero agarró mi muñeca.
-¿Qué te pasa?-encima tenía cara, el tío.
-Nada-me solté y continué caminando. Iba detrás de mí. Podía sentir su mirada clavada en mi espalda.
-¡Ine! ¿Qué te pasa?-repitió-si he hecho algo mal, me disculpo y…
-¡No!-grité parándome y agarrando la carpeta con fuerza-no quiero saber nada más de ti. Lo nuestro no es ni será posible. Lo sé todo.
-¿Todo? ¿Qué?-preguntó sin entender nada.
-¡No te hagas el tonto y olvídame!-exclamé casi furiosa y él trago saliva.
-Pero Ine, no entiendo nada…
-Te lo diré una vez más y ya está: olvídame Ian, como si nunca hubiéramos sido amigos. Eres un desconocido. Punto-le eché una última mirada e intenté controlar el temblor que sacudía mi cuerpo. C’est fini.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:07 pm, editado 1 vez
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 0= Condones =0
15 Capitulo-El tiempo no se detiene ante nada
La soledad que me consumía desde hacía ya mucho tiempo, iba y venía, a su antojo. Había aprendido a ignorar a Ian, pero a veces no podía evitar encerrarme en un lavabo y llorar, llorar desde lo más profundo de un corazón solitario.
Axel era el único que estaba conmigo, compartiendo mi dolor y yo a la vez, el suyo. Un dolor tan grande que jamás llegué a comprender, pero eso ahora, no viene al caso.
Dos años pasaron, lentos, veloces, lentos, veloces…y allí estaba, en una universidad, a dos horas de camino de mi ciudad natal. Estudiaba Biblioteconomía y Documentación, tal y como había decidido en su día.
Conocí a gente muy simpática, pero sobre todo, pude conocer a alguien muy especial para mí. Mi mejor amiga, Samantha. Era de mi edad, menuda, con una melenita rojiza y unos ojos aguamarina que te absorbían. Vestía más o menos como yo y siempre estaba de buen humor, ligando con chicos aquí y allá. Le gustaban más jóvenes que ella, aunque alguno mayor caía.
Yo no me hice ningún cambio de look. Ahora mi cabello estaba azul y llevaba gafas, por culpa del ordenador. Salí con algunos chicos, pero ninguno me convenció. Demasiado bobalicones para mi gusto.
El primer día para los de primer año empezaba y Sam quería investigar sobre el nuevo ganado, algo muy habitual en su naturaleza.
-¿Cuántos chicos guapos crees que habrá?-preguntó pensativa.
-No lo sé. Bastantes, supongo.
-Vienen chicos de tu ciudad-sonrió.
-Los chicos de mi ciudad no tienen nada especial-musité-no hay muchos chicos guapos…
-Mentirosa-refunfuñó y me sonsacó una sonrisa-así estás más guapa.
Nos sentamos en la hierba, delante de la sala de reuniones, donde se celebraba la bienvenida para nuevos alumnos.
Empezaron a salir los primeros, pero Sam se quedó indiferente. Todos eran bastantes normalitos. Mismo corte de pelo, mismo tipo de ropa...el circulo de los amigos. Y entonces no pude creer lo que veían mis ojos. Allí estaba él, sobresaliendo entre la multitud, con su aire ausente y despreocupado, vestido con manga larga y oscura a pesar de hacer calor todavía.
-Axel-musité y tragué saliva.
-¿Axel?-preguntó Sam, mirando a toda la horda de chicos-¿Aquél amigo tuyo? ¿Está aquí?
-Es…es el de negro-balbuceé y ella se levantó, y corrió hacia su dirección-¡Sam!-grité y la seguí.
-¡AXEEEEEL!-gritó ella y el chico la miró, intentando reconocer a aquella chica que jamás había visto.
-¿Cómo sabes…?-musitó con una voz grave, ronca y masculina.
-¡SAM!-conseguí decir, con una mano en el pecho y respirando hondo.
-¿Ine?-murmuró Axel sin podérselo creer-Ine.
-Hola…-dije incomoda-cuanto tiempo, je.
-Me llamo Samantha-se auto presentó ella-llámame Sam, soy amiga de Iv-le ofreció la mano y Axel se la estrechó.
-Axel-dijo con voz ronca.
-Has crecido mucho-admití-a pesar que en el instituto eras bastante alto.
-Ya, bueno…he comido mucho-sonrió y yo asentí.
-¿Qué carrera vas a hacer?-preguntó Sam, para romper el hielo.
-Ingeniería Química-respondió de forma automática, como si llevara tiempo ensayando la respuesta.
-Wow…-dijo Sam admirada-eso suena a algo muy chungo.
-Un poco-susurró y Sam se dio por satisfecha.
-¡Vamos a tomar un café y de paso, te enseñamos la uni!-Sam nos cogió a los dos del brazo, con total confianza y nos llevo a la cafetería más cercana.
La soledad que me consumía desde hacía ya mucho tiempo, iba y venía, a su antojo. Había aprendido a ignorar a Ian, pero a veces no podía evitar encerrarme en un lavabo y llorar, llorar desde lo más profundo de un corazón solitario.
Axel era el único que estaba conmigo, compartiendo mi dolor y yo a la vez, el suyo. Un dolor tan grande que jamás llegué a comprender, pero eso ahora, no viene al caso.
Dos años pasaron, lentos, veloces, lentos, veloces…y allí estaba, en una universidad, a dos horas de camino de mi ciudad natal. Estudiaba Biblioteconomía y Documentación, tal y como había decidido en su día.
Conocí a gente muy simpática, pero sobre todo, pude conocer a alguien muy especial para mí. Mi mejor amiga, Samantha. Era de mi edad, menuda, con una melenita rojiza y unos ojos aguamarina que te absorbían. Vestía más o menos como yo y siempre estaba de buen humor, ligando con chicos aquí y allá. Le gustaban más jóvenes que ella, aunque alguno mayor caía.
Yo no me hice ningún cambio de look. Ahora mi cabello estaba azul y llevaba gafas, por culpa del ordenador. Salí con algunos chicos, pero ninguno me convenció. Demasiado bobalicones para mi gusto.
El primer día para los de primer año empezaba y Sam quería investigar sobre el nuevo ganado, algo muy habitual en su naturaleza.
-¿Cuántos chicos guapos crees que habrá?-preguntó pensativa.
-No lo sé. Bastantes, supongo.
-Vienen chicos de tu ciudad-sonrió.
-Los chicos de mi ciudad no tienen nada especial-musité-no hay muchos chicos guapos…
-Mentirosa-refunfuñó y me sonsacó una sonrisa-así estás más guapa.
Nos sentamos en la hierba, delante de la sala de reuniones, donde se celebraba la bienvenida para nuevos alumnos.
Empezaron a salir los primeros, pero Sam se quedó indiferente. Todos eran bastantes normalitos. Mismo corte de pelo, mismo tipo de ropa...el circulo de los amigos. Y entonces no pude creer lo que veían mis ojos. Allí estaba él, sobresaliendo entre la multitud, con su aire ausente y despreocupado, vestido con manga larga y oscura a pesar de hacer calor todavía.
-Axel-musité y tragué saliva.
-¿Axel?-preguntó Sam, mirando a toda la horda de chicos-¿Aquél amigo tuyo? ¿Está aquí?
-Es…es el de negro-balbuceé y ella se levantó, y corrió hacia su dirección-¡Sam!-grité y la seguí.
-¡AXEEEEEL!-gritó ella y el chico la miró, intentando reconocer a aquella chica que jamás había visto.
-¿Cómo sabes…?-musitó con una voz grave, ronca y masculina.
-¡SAM!-conseguí decir, con una mano en el pecho y respirando hondo.
-¿Ine?-murmuró Axel sin podérselo creer-Ine.
-Hola…-dije incomoda-cuanto tiempo, je.
-Me llamo Samantha-se auto presentó ella-llámame Sam, soy amiga de Iv-le ofreció la mano y Axel se la estrechó.
-Axel-dijo con voz ronca.
-Has crecido mucho-admití-a pesar que en el instituto eras bastante alto.
-Ya, bueno…he comido mucho-sonrió y yo asentí.
-¿Qué carrera vas a hacer?-preguntó Sam, para romper el hielo.
-Ingeniería Química-respondió de forma automática, como si llevara tiempo ensayando la respuesta.
-Wow…-dijo Sam admirada-eso suena a algo muy chungo.
-Un poco-susurró y Sam se dio por satisfecha.
-¡Vamos a tomar un café y de paso, te enseñamos la uni!-Sam nos cogió a los dos del brazo, con total confianza y nos llevo a la cafetería más cercana.
_________________
*Just howling in the shadows*



Hinata_Nione- Contratista

- Cantidad de envíos: 105
Edad: 19
Localización: Entre las sombras de un mundo irreal
Fecha de inscripción: 18/09/2008

Página 1 de 3. • 1, 2, 3 
Permiso de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.







