666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
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666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
1-Capitulo
Pasos. Simplemente pasos. Cortos, sonoros, rezumbando entre el sucio asfalto de una ciudad desconocida. Mi cabeza me dolía y solo podía recordar vagamente lo que me había sucedido anteriormente. La sangre manchaba delicadamente mi camiseta de lino y mi cabello olía a hierro.
Una voz masculina, bastante grave y sin pizca de dulzura, retumbaba en mi mente, de un lado hacia otro.
“-Debes acabar lo que empezaste, Mey. Mátala-decía la voz.
-Pero es mi madre…-replicaba yo.
-Es una traficante de armas muy buscada-y aquella era la última frase.”
Pues muy bien, ya me la había cargado. No recordaba los detalles, ya que la morfina me ayudó bastante en esa complicada tarea, pero muerta, estaba. De eso no cabía duda.
Llegué a mi pequeño apartamento situado en una calle llena de gentuza y abrí la puerta con cuidado, intentando no hacer ruido, aunque sabía que era casi imposible. Jack dormía en el suelo, abrazado a una botella de litro de cerveza y Edmon bebía plácidamente la leche que le había dejado por la mañana, antes de irme.
-Tú, despierta-pateé a aquél ser masculino en toda la barriga.
-¿Eh…? ¿Mey?-se frotó la cabeza y la botella rodó hasta debajo del sofá cuando la soltó-no te esperaba.
-Seguro que has traído a alguna de tus fulanas. Espero que no me hayas dejado el condón por ahí tirado-suspiré y acaricié a Edmon, mi precioso gato atigrado.
-No he traído a nadie-se levantó sin esfuerzo y se sentó en el sofá-nadie estaba libre hoy. Por cierto, ¿es una nueva moda tener manchas de sangre en la ropa?
-Muy gracioso, Jack, muy gracioso. Me acabó de cargar a mi madre-saqué un paquete de tabaco del tejano y encendí un cigarro, que me lo llevé a la boca-**** vieja descerebrada. Lo que me ha costado matarla.
-Era tu madre-suspiró-deberías hablar con más respeto-se quitó la camiseta sudada y contemplé aquella tableta que siempre me hipnotizaba.
-Era una jodida traficante de armas. Además, cabe añadir, que compraba mujeres de todos los países para venderlas a su antojo…-pegué una calada y me quedé pensativa-y no me vendió a mi porque era su hija…
-Ella te dio la vida. Sin ella, no hubieras estado aquí.
-¡Ja! Para esta mierda de vida, me podría haber muerto en el parto. También debes pensar en mi padre, aquél viejo millonario adicto al crack.
-No se puede hablar contigo, Mey. Eres la mujer más imposible que conozco.
-Soy la única mujer con la que no te vas a la cama-tiré el cigarro al suelo y lo apagué con el pie.
-Porque tú no quieres-respondió Jack levantándose-sabes que te lo puedes pasar muy bien conmigo…
-Como des un paso más te reviento las pelotas-le advertí y se sentó nuevamente en el sofá-me voy a la ducha.
La ducha era lo único que me relajaba en mi ajetreada vida de… ¿policía sin título? Mi trabajo consistía en cargarme a todos los malos malosos que me indicaba mi jefe. Jack era mi compañero de piso y a veces de curro, pero no siempre.
Me desnudé sin prisas y contemplé en el espejo mi cuerpo casi esquelético. No comía bien y dormir, a veces ni dormía. Tenía unas bonitas facciones, heredadas de mi madre. Pómulos marcados, ojos casi violetas, de pestañas largas. Debajo de ellos se asomaban unas tímidas ojeras y mi nariz era respingona y fina. Los labios eran carnosos y mi barbilla acababa en punta. En cuanto a mi cuerpo, no era nada excepcional. Tenía figura atlética, de pechos no muy grandes pero bien formados. Piernas largas y de buen ver y cicatrices en zonas que jamás te imaginarias. Una en el hombro, otra en la barriga, tres en la espalda y 2 en el brazo izquierdo. Llevaba múltiples tatuajes. Un pequeño dragón en el brazo derecho, símbolo de fidelidad hacia el jefe. Mi nombre en japonés en el tobillo izquierdo y el símbolo celta en la parte oculta de la muñeca derecha.
Me metí en la vieja ducha y accioné el agua caliente, que al principio salió fría. Caía a mi cuerpo de color transparente, pero a medida que bajaba se volvía roja. El olor de hierro se sustituyó por el del gel con aroma a jazmín y el cabello ahora me olía a miel.
Cogí la toalla, me sequé y me la enrollé en el cuerpo. Me puse mis zapatillas de estar por casa y me dirigí hacia mi cutre habitación. Antes de nada, pude escuchar a Jack desde el salón, haciendo sexo telefónico con alguna amiga suya con derecho a roce.
-**** cerdo degenerado. No se puede tener intimidad en esta casa-abrí la puerta de mi santuario y rebusqué ropa en un armario empotrado de madera antigua-veamos…-rebusqué sin éxito por todo el armario hasta que vi algo inusual en mi vestido rojo favorito-¿y esta mancha blanca…?-entonces una luz se encendió en mi cerebro-¡SERÁ CABRÓN!
Fui hacía el salón, haciendo temblar toda la casa a causa de mi ira. Había manchado mi vestido favorito con sus flujos de hombre…maldito…
-¡Jack Junior Smith!-grité sin cortarme al ver su mano por debajo del pantalón-¡¿se puede saber qué diablos es está mancha?¡
-Mey….-le tembló la voz y colgó el teléfono-te lo puedo explicar…
-¡Esto no tiene explicación! ¡Cómo te atreves a ponerle mi vestido favorito a una de tus putas y correrte en él! ¡Eres….eres…!
-Pagaré la tintorería-refunfuñó mirando hacia otro lado.
-¡Ya no lo quiero!-y se lo tiré en toda la cara-¡por mí como si se lo regalas a la furcia que se lo puso!
Salí con más malhumor del que ya llevaba y cerré mi habitación de un portazo. La cerré con llave y me estiré en la cama, buscando entre los cajones de la mesita un viejo libro que me relajara.
-Hijo de perra…-mis dientes rechinaban y tenía que mantener mis uñas lejos de mi boca-ojala se muriera…
Sin previo aviso unas finas lágrimas tan frías y transparentes como el cristal, fueron descendiendo por mi cara sin vida. ¡Joder! ¿Tanto me dolía haber matado a esa persona que ya no consideraba mi madre? Pegué un puñetazo al pobre colchón que no tenía culpa y oí un “toc, toc” en la puerta.
-Déjame pasar-dijo Jack desde el otro lado-vengo a pedir disculpas.
-¡No entres!-grité y arrojé un cojín a la puerta.
-Anda, Mey, se amable y ábreme.
-No voy a abrirte, pedazo de….de…-la voz se me entrecortaba a causa de aquél llanto incontrolable. No quería llorar, pero no podía parar. Me levanté al fin, después de tres o cuatro minutos pensándolo y le abrí la puerta.
-¿Lloras por el vestido? Realmente lo siento, yo…-pero le tapé la boca con un dedo y negué con la cabeza.
-No quiero que digas nada ¿vale? Estás lágrimas son mías, enteramente mías.
Asintió un poco y me abrazó, como tantas veces hacía. Jack, más que un compañero de piso o de trabajo, era como mi ángel de la guarda. Un ángel pervertido que siempre me consolaba en los momentos que tocaba fondo y es que yo, era una persona complicada, llena de complejos y malas rachas.
-Ya está Mey, lo malo ya ha pasado. Lo peor ya forma parte del pasado-me besó tiernamente la coronilla e intentó hacerme sonreír-¿quieres ir está noche de copas?
-Quizá eso me anime-suspiré.
Me acarició la cabeza una última vez y salió de la habitación, para dejarme la intimidad necesaria como para cambiarme.
-Veamos que me pongo si ese animal me ha manchado mi vestido favorito…-rebusqué durante diez minutos, hasta que al fin elegí mi segundo vestido favorito, de color lila oscuro, largo y con un pronunciado escote-ahora encuentra tu los zapatos.
En media hora más o menos estuve lista del todo. Me había alisado el cabello, maquillado con sumo cuidado y encontrado los zapatos que pegaban con el vestido. Jack picó a mi puerta y me ofreció un brazo al cual agarrarme, como si fuera mi príncipe azul y yo la joven adolescente que iba al baile de graduación
-¿Y ese lado tan caballeroso? Lo desconocía de ti.
-A veces lo soy, ¿Cómo piensas que ligo?-rió y yo me eché las manos a la cabeza.
Llevaba una camisa negra con dos botones abiertos, dejando entrever su exuberante figura. Una corbata roja alrededor del cuello le hacía de accesorio y los pantalones, con la camisa por dentro, eran unos tejanos negros que le marcaban bien el culo. Se había echado colonia o perfume, matándome el olfato.
-¿Dónde quiere ir my lady esta noche?-preguntó mientras cerraba la puerta del cuchitril.
-A..-me quedé pensativa, recordando los locales de la zona-al Black Swan.
-¿Quieres ir allí? La última vez que estuvimos, hace un mes, en fin…-hizo un mohín y se paró en seco.
-Yo hace más de medio año que no estoy allí-refunfuñé y él me miró estupefacto.
-Vaya, ¿no fue contigo? Juraría… ¡Ah, es verdad! Fue con Carrie, perdona, perdona.
Carrie era la prometida de Jack, de toda la vida. Ella sabía que Jack no le era fiel, pero no le importaba. Decía que debía disfrutar de la vida antes de casarse. Yo no opinaba lo mismo, pero mi opinión nunca contaba.
-Bueno, mejor no ir a ese sitio. Tengo la entrada denegada de por vida-me miró pidiéndome disculpas y suspiré. ¿Qué habría hecho ya para estar en la lista negra? Siendo Jack, las ideas eran muchas.
-Pues entonces vayamos a “Violet Storm”-sentencie y no iba a cambiar de idea. Ese local era uno de los mejores de la ciudad, repleto de chicos encantadores y con la cartera llena.
-Chicas buenorras con ganas de quitarse la ropa… ¿qué más se puede pedir?-sonrió de manera obscena y yo reí.
Nos dirigimos al local a nuestro paso, es decir, bastante lento y parándonos cada dos por tres en escaparates de tiendas ya cerradas.
Llegamos cuando el ambiente estaba en su punto más álgido. La discoteca estaba abarrotada y apenas tuvimos sitio para sentarnos.
-¿Qué te pido?-me preguntó poniéndose de pie.
-Pues quiero un “sex on the beach”-aquél era mi cóctel favorito, sin duda.
-Ahora vuelvo, mon amour-y se alejó de mi vista tras subir unas escaleras.
Mi pie repiqueteaba en el suelo con el ritmo de la música que me parecía lejana y monótona. No podía dejar de ver en mi cabeza la imagen de mi progenitora en el suelo, cubierta toda entera de sangre y suplicándole que la dejara vivir.
-¿Qué hace una chica tan guapa sola en mitad de este lugar?-preguntó una voz irreconocible, pero varonil a mis espaldas.
-Estoy con un amigo-no soportaba a aquellos tipos atractivos que creían comerse a todas las mujeres que pasaban por su lado.
-¿Con un amigo? Bueno, puedo hacerte compañía mientras esperas.
-No importa, en serio-saqué un cigarro de mi bolso, pero no encontré el mechero. De repente, una llama me iluminó el rostro y encendí mi cigarro-gracias-dije secamente.
-De nada. ¿Vienes mucho por aquí?
-No mucho-mi tono era el que normalmente se usa para espantar babosos, pero este no parecía captarlo.
-Ya veo. Siento haberte entrado de esta forma tan poco original. Pensarás que soy uno de esos tíos babosos que les encanta irse con mujeres una noche si y otra también. Pero nada más lejos de la realidad…me he acercado a ti porqué he visto algo diferente en tus ojos…una extraña sensación-me clavó su mirada en mis retinas y me di cuenta de sus ojos. Unos ojos verde oscuro, tan profundos como una selva tropical. La respiración me abandonó en aquél instante y tuve que esforzarme bastante en retirar mis ojos de los suyos.
-Pues soy bastante normal-no sabía bien que responder-muy normal, diría yo-mentira.
-No es lo que transmites…-se acercó lentamente a mí y me cogió del mentón para que volviera a mirarle. Me daba la sensación de estar delante de una serpiente o de un zorro. Era astuto y sabía muy bien cómo conseguir lo que quería o eso fue lo que me transmitió-hasta pronto, preciosa.
Se levantó de un respingó y se marchó hacía Dios sabe dónde. Entonces apareció Jack con dos cócteles y me entregó el que me correspondía.
-¿Quién coño era ese tío? Daba malas vibraciones-dio un tragó a su copa y yo le miré confusa.
-Ni idea. Hay demasiada gente rara suelta por el mundo-musité y bebí mi amado “sex on the beach”.
El resto de la noche pasó sin ninguna interrupción. Disfruté de la música lo máximo que pude e intenté no ligar con nadie. Aquél día no quería entrar en el circulo vicioso de relaciones esporádicas.
Al fin, Jack encontró un caramelito muy suculento y tuve que volver sola en taxi. Hubiera ido andando pero los zapatos de tacón me destrozaban los pies.
Pasos. Simplemente pasos. Cortos, sonoros, rezumbando entre el sucio asfalto de una ciudad desconocida. Mi cabeza me dolía y solo podía recordar vagamente lo que me había sucedido anteriormente. La sangre manchaba delicadamente mi camiseta de lino y mi cabello olía a hierro.
Una voz masculina, bastante grave y sin pizca de dulzura, retumbaba en mi mente, de un lado hacia otro.
“-Debes acabar lo que empezaste, Mey. Mátala-decía la voz.
-Pero es mi madre…-replicaba yo.
-Es una traficante de armas muy buscada-y aquella era la última frase.”
Pues muy bien, ya me la había cargado. No recordaba los detalles, ya que la morfina me ayudó bastante en esa complicada tarea, pero muerta, estaba. De eso no cabía duda.
Llegué a mi pequeño apartamento situado en una calle llena de gentuza y abrí la puerta con cuidado, intentando no hacer ruido, aunque sabía que era casi imposible. Jack dormía en el suelo, abrazado a una botella de litro de cerveza y Edmon bebía plácidamente la leche que le había dejado por la mañana, antes de irme.
-Tú, despierta-pateé a aquél ser masculino en toda la barriga.
-¿Eh…? ¿Mey?-se frotó la cabeza y la botella rodó hasta debajo del sofá cuando la soltó-no te esperaba.
-Seguro que has traído a alguna de tus fulanas. Espero que no me hayas dejado el condón por ahí tirado-suspiré y acaricié a Edmon, mi precioso gato atigrado.
-No he traído a nadie-se levantó sin esfuerzo y se sentó en el sofá-nadie estaba libre hoy. Por cierto, ¿es una nueva moda tener manchas de sangre en la ropa?
-Muy gracioso, Jack, muy gracioso. Me acabó de cargar a mi madre-saqué un paquete de tabaco del tejano y encendí un cigarro, que me lo llevé a la boca-**** vieja descerebrada. Lo que me ha costado matarla.
-Era tu madre-suspiró-deberías hablar con más respeto-se quitó la camiseta sudada y contemplé aquella tableta que siempre me hipnotizaba.
-Era una jodida traficante de armas. Además, cabe añadir, que compraba mujeres de todos los países para venderlas a su antojo…-pegué una calada y me quedé pensativa-y no me vendió a mi porque era su hija…
-Ella te dio la vida. Sin ella, no hubieras estado aquí.
-¡Ja! Para esta mierda de vida, me podría haber muerto en el parto. También debes pensar en mi padre, aquél viejo millonario adicto al crack.
-No se puede hablar contigo, Mey. Eres la mujer más imposible que conozco.
-Soy la única mujer con la que no te vas a la cama-tiré el cigarro al suelo y lo apagué con el pie.
-Porque tú no quieres-respondió Jack levantándose-sabes que te lo puedes pasar muy bien conmigo…
-Como des un paso más te reviento las pelotas-le advertí y se sentó nuevamente en el sofá-me voy a la ducha.
La ducha era lo único que me relajaba en mi ajetreada vida de… ¿policía sin título? Mi trabajo consistía en cargarme a todos los malos malosos que me indicaba mi jefe. Jack era mi compañero de piso y a veces de curro, pero no siempre.
Me desnudé sin prisas y contemplé en el espejo mi cuerpo casi esquelético. No comía bien y dormir, a veces ni dormía. Tenía unas bonitas facciones, heredadas de mi madre. Pómulos marcados, ojos casi violetas, de pestañas largas. Debajo de ellos se asomaban unas tímidas ojeras y mi nariz era respingona y fina. Los labios eran carnosos y mi barbilla acababa en punta. En cuanto a mi cuerpo, no era nada excepcional. Tenía figura atlética, de pechos no muy grandes pero bien formados. Piernas largas y de buen ver y cicatrices en zonas que jamás te imaginarias. Una en el hombro, otra en la barriga, tres en la espalda y 2 en el brazo izquierdo. Llevaba múltiples tatuajes. Un pequeño dragón en el brazo derecho, símbolo de fidelidad hacia el jefe. Mi nombre en japonés en el tobillo izquierdo y el símbolo celta en la parte oculta de la muñeca derecha.
Me metí en la vieja ducha y accioné el agua caliente, que al principio salió fría. Caía a mi cuerpo de color transparente, pero a medida que bajaba se volvía roja. El olor de hierro se sustituyó por el del gel con aroma a jazmín y el cabello ahora me olía a miel.
Cogí la toalla, me sequé y me la enrollé en el cuerpo. Me puse mis zapatillas de estar por casa y me dirigí hacia mi cutre habitación. Antes de nada, pude escuchar a Jack desde el salón, haciendo sexo telefónico con alguna amiga suya con derecho a roce.
-**** cerdo degenerado. No se puede tener intimidad en esta casa-abrí la puerta de mi santuario y rebusqué ropa en un armario empotrado de madera antigua-veamos…-rebusqué sin éxito por todo el armario hasta que vi algo inusual en mi vestido rojo favorito-¿y esta mancha blanca…?-entonces una luz se encendió en mi cerebro-¡SERÁ CABRÓN!
Fui hacía el salón, haciendo temblar toda la casa a causa de mi ira. Había manchado mi vestido favorito con sus flujos de hombre…maldito…
-¡Jack Junior Smith!-grité sin cortarme al ver su mano por debajo del pantalón-¡¿se puede saber qué diablos es está mancha?¡
-Mey….-le tembló la voz y colgó el teléfono-te lo puedo explicar…
-¡Esto no tiene explicación! ¡Cómo te atreves a ponerle mi vestido favorito a una de tus putas y correrte en él! ¡Eres….eres…!
-Pagaré la tintorería-refunfuñó mirando hacia otro lado.
-¡Ya no lo quiero!-y se lo tiré en toda la cara-¡por mí como si se lo regalas a la furcia que se lo puso!
Salí con más malhumor del que ya llevaba y cerré mi habitación de un portazo. La cerré con llave y me estiré en la cama, buscando entre los cajones de la mesita un viejo libro que me relajara.
-Hijo de perra…-mis dientes rechinaban y tenía que mantener mis uñas lejos de mi boca-ojala se muriera…
Sin previo aviso unas finas lágrimas tan frías y transparentes como el cristal, fueron descendiendo por mi cara sin vida. ¡Joder! ¿Tanto me dolía haber matado a esa persona que ya no consideraba mi madre? Pegué un puñetazo al pobre colchón que no tenía culpa y oí un “toc, toc” en la puerta.
-Déjame pasar-dijo Jack desde el otro lado-vengo a pedir disculpas.
-¡No entres!-grité y arrojé un cojín a la puerta.
-Anda, Mey, se amable y ábreme.
-No voy a abrirte, pedazo de….de…-la voz se me entrecortaba a causa de aquél llanto incontrolable. No quería llorar, pero no podía parar. Me levanté al fin, después de tres o cuatro minutos pensándolo y le abrí la puerta.
-¿Lloras por el vestido? Realmente lo siento, yo…-pero le tapé la boca con un dedo y negué con la cabeza.
-No quiero que digas nada ¿vale? Estás lágrimas son mías, enteramente mías.
Asintió un poco y me abrazó, como tantas veces hacía. Jack, más que un compañero de piso o de trabajo, era como mi ángel de la guarda. Un ángel pervertido que siempre me consolaba en los momentos que tocaba fondo y es que yo, era una persona complicada, llena de complejos y malas rachas.
-Ya está Mey, lo malo ya ha pasado. Lo peor ya forma parte del pasado-me besó tiernamente la coronilla e intentó hacerme sonreír-¿quieres ir está noche de copas?
-Quizá eso me anime-suspiré.
Me acarició la cabeza una última vez y salió de la habitación, para dejarme la intimidad necesaria como para cambiarme.
-Veamos que me pongo si ese animal me ha manchado mi vestido favorito…-rebusqué durante diez minutos, hasta que al fin elegí mi segundo vestido favorito, de color lila oscuro, largo y con un pronunciado escote-ahora encuentra tu los zapatos.
En media hora más o menos estuve lista del todo. Me había alisado el cabello, maquillado con sumo cuidado y encontrado los zapatos que pegaban con el vestido. Jack picó a mi puerta y me ofreció un brazo al cual agarrarme, como si fuera mi príncipe azul y yo la joven adolescente que iba al baile de graduación
-¿Y ese lado tan caballeroso? Lo desconocía de ti.
-A veces lo soy, ¿Cómo piensas que ligo?-rió y yo me eché las manos a la cabeza.
Llevaba una camisa negra con dos botones abiertos, dejando entrever su exuberante figura. Una corbata roja alrededor del cuello le hacía de accesorio y los pantalones, con la camisa por dentro, eran unos tejanos negros que le marcaban bien el culo. Se había echado colonia o perfume, matándome el olfato.
-¿Dónde quiere ir my lady esta noche?-preguntó mientras cerraba la puerta del cuchitril.
-A..-me quedé pensativa, recordando los locales de la zona-al Black Swan.
-¿Quieres ir allí? La última vez que estuvimos, hace un mes, en fin…-hizo un mohín y se paró en seco.
-Yo hace más de medio año que no estoy allí-refunfuñé y él me miró estupefacto.
-Vaya, ¿no fue contigo? Juraría… ¡Ah, es verdad! Fue con Carrie, perdona, perdona.
Carrie era la prometida de Jack, de toda la vida. Ella sabía que Jack no le era fiel, pero no le importaba. Decía que debía disfrutar de la vida antes de casarse. Yo no opinaba lo mismo, pero mi opinión nunca contaba.
-Bueno, mejor no ir a ese sitio. Tengo la entrada denegada de por vida-me miró pidiéndome disculpas y suspiré. ¿Qué habría hecho ya para estar en la lista negra? Siendo Jack, las ideas eran muchas.
-Pues entonces vayamos a “Violet Storm”-sentencie y no iba a cambiar de idea. Ese local era uno de los mejores de la ciudad, repleto de chicos encantadores y con la cartera llena.
-Chicas buenorras con ganas de quitarse la ropa… ¿qué más se puede pedir?-sonrió de manera obscena y yo reí.
Nos dirigimos al local a nuestro paso, es decir, bastante lento y parándonos cada dos por tres en escaparates de tiendas ya cerradas.
Llegamos cuando el ambiente estaba en su punto más álgido. La discoteca estaba abarrotada y apenas tuvimos sitio para sentarnos.
-¿Qué te pido?-me preguntó poniéndose de pie.
-Pues quiero un “sex on the beach”-aquél era mi cóctel favorito, sin duda.
-Ahora vuelvo, mon amour-y se alejó de mi vista tras subir unas escaleras.
Mi pie repiqueteaba en el suelo con el ritmo de la música que me parecía lejana y monótona. No podía dejar de ver en mi cabeza la imagen de mi progenitora en el suelo, cubierta toda entera de sangre y suplicándole que la dejara vivir.
-¿Qué hace una chica tan guapa sola en mitad de este lugar?-preguntó una voz irreconocible, pero varonil a mis espaldas.
-Estoy con un amigo-no soportaba a aquellos tipos atractivos que creían comerse a todas las mujeres que pasaban por su lado.
-¿Con un amigo? Bueno, puedo hacerte compañía mientras esperas.
-No importa, en serio-saqué un cigarro de mi bolso, pero no encontré el mechero. De repente, una llama me iluminó el rostro y encendí mi cigarro-gracias-dije secamente.
-De nada. ¿Vienes mucho por aquí?
-No mucho-mi tono era el que normalmente se usa para espantar babosos, pero este no parecía captarlo.
-Ya veo. Siento haberte entrado de esta forma tan poco original. Pensarás que soy uno de esos tíos babosos que les encanta irse con mujeres una noche si y otra también. Pero nada más lejos de la realidad…me he acercado a ti porqué he visto algo diferente en tus ojos…una extraña sensación-me clavó su mirada en mis retinas y me di cuenta de sus ojos. Unos ojos verde oscuro, tan profundos como una selva tropical. La respiración me abandonó en aquél instante y tuve que esforzarme bastante en retirar mis ojos de los suyos.
-Pues soy bastante normal-no sabía bien que responder-muy normal, diría yo-mentira.
-No es lo que transmites…-se acercó lentamente a mí y me cogió del mentón para que volviera a mirarle. Me daba la sensación de estar delante de una serpiente o de un zorro. Era astuto y sabía muy bien cómo conseguir lo que quería o eso fue lo que me transmitió-hasta pronto, preciosa.
Se levantó de un respingó y se marchó hacía Dios sabe dónde. Entonces apareció Jack con dos cócteles y me entregó el que me correspondía.
-¿Quién coño era ese tío? Daba malas vibraciones-dio un tragó a su copa y yo le miré confusa.
-Ni idea. Hay demasiada gente rara suelta por el mundo-musité y bebí mi amado “sex on the beach”.
El resto de la noche pasó sin ninguna interrupción. Disfruté de la música lo máximo que pude e intenté no ligar con nadie. Aquél día no quería entrar en el circulo vicioso de relaciones esporádicas.
Al fin, Jack encontró un caramelito muy suculento y tuve que volver sola en taxi. Hubiera ido andando pero los zapatos de tacón me destrozaban los pies.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:09 pm, editado 1 vez
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Hinata_Nione- Contratista

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Fecha de inscripción: 18/09/2008

Re: 666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
2-Capitulo
Abrí la puerta de mi apartamentucho y me quité los zapatos a toda prisa, dejándolos tirados en cualquier parte. Edmon dormía en su canastito, al lado del sofá marrón oscuro de piel. Me senté en él y encendí la televisión, pero la única cosa interesante que daban a aquellas horas de la madrugada eran anuncios de tele-tiendas. La apagué y me fui a mi cuarto, a intentar olvidar con la cama todo lo que había ocurrido en ese día nefasto.
Mi pijama de verano cubría mi piel pálida y me desmaquillé en poco tiempo. Me toqué aquellos pequeños semicírculos liliáceos debajo de mis ojos y suspiré. A partir de ahora tendría más pesadillas y acabaría volviéndome loca del todo.
Me tumbé en mi vieja cama y cerré los ojos con fuerza, borrando cualquier imagen intrusa que estorbara mis placidos sueños. Pero no pensé en mi madre, ni en su sangre. Es más, ni tan siquiera pensé en todas las pesadillas que venían a asustarme como cuando era pequeña. Solo podía vislumbrar dos ojos verde oscuro clavados en mi cerebro.
Abrí los ojos sobre las diez de la mañana, por culpa de un vecino escandaloso que se creía Pavarotti reencarnado. Me levanté con pocas ganas y me puse mi bata azul celeste con un dragón chino en la espalda.
Ni rastro de Jack en toda la casa. Llegaría más tarde de las cuatro, con una resaca impresionante y ganas de dormir hasta el mes que viene.
Entonces me fijé en un pequeño detalle al cual no había dado mayor importancia. Un papel de libreta de cuadraditos reposaba sin más encima de la mesa del salón. Cogí la carta y observé la letra, clara, perfectamente recta y no muy redondeada.
“Querida Abie Bryant,
Eres más hermosa de lo que imaginaba. No sales favorecida en las fotos. No te atormentes, dentro de poco sabrás quién soy. Dentro de muy poco.
Att: Diablo”
-¿Diablo?-me pregunté a mi misma. ¿Quién cojones era y como sabía mi auténtico nombre y mi apellido? Doblé el papel y lo deposite en el cajón de mi mesita. ¿Sería una broma de Jack? Imposible.
Regresé al salón y sin haberme percatado antes, vi la ventana abierta de par en par. Me asomé pero era un suicidio subir por ahí. Era el quinto piso y último y solo un loco que no le importa morir hubiera escalado hasta mi piso… ¿pero y la ventana? ¿Por qué estaba abierta? Meneé la cabeza y me preparé un café americano, sin nada de azúcar.
Me pegué una buena ducha hasta que al fin todo mi cerebro estuvo despejado. No tenía resaca y eso me alegraba, pero no dejaba de preguntarme quién sería ese tal “Diablo”.
Mi móvil sonó de repente y tuve que salir corriendo del baño para cogerlo.
-¿El jefe?-apreté el botón verde y me puse el aparato en la oreja-¿Diga?
-¿Mey? ¡Al fin puedo contactar con alguien! Jack anda desaparecido-estaba histérico.
-¿Qué ocurre?-pregunté alarmada.
-Os necesito a ti y a Jack inmediatamente en las instalaciones. Ha habido un ataque terrorista en la sede central.
-¡Ahora mismo voy!-colgué sin despedirme y me vestí con lo primero que encontré: unos tejanos y una camiseta negra de tirantes.
Llegué en menos de veinte minutos. Cogí el ascensor hasta la planta diez y me metí en la oficina que ponía “Sr. S. Kennedy”.
-Te esperaba, Mey-dijo el hombre que estaba sentando detrás del escritorio de madera de cedro. El despacho era enorme, con moqueta blanca y paredes color salmón oscuro. Grandes ventanales se situaban detrás de mi jefe, dejando pasar la luz y dejando ver una vista espectacular. Había unas cuantas estanterías con libros de economía, contabilidad y cálculo.
-¿Se puede saber qué ha pasado exactamente?-me senté en la silla de cuero negro y saqué un cigarrillo.
-Han atacado la sede central del gobierno con C-4. No se sabe mucho de la situación y los terroristas no han dejado ni rastro. Está todo en alerta, ya te lo puedes imaginar-se frotaba las manos sin parar y una capa de sudor le cubría la cara.
-Así que un grupo de terroristas…es extraño que no hayan avisado antes…o…no sé, amenazado.
-Creemos que un hombre está detrás de todo esto…-murmuró y sacó un expediente del cajón de su escritorio-Leon C. Jerdon.
Le eché una ojeada a su expediente. Era un ex trabajador de mi sector de infiltración y asesinato en la sombra. Parecía tenerlo todo limpio, pero no había foto y estaba casi vacío.
-Ahora tendrá 25 años-me interrumpió-se largó de aquí cuando se entero de que matamos a casi toda su familia. Decidió vengarse.
-¿Toda su familia?-dije con la boca entreabierta.
-Eran camellos…matamos a sus padres, su hermana mayor, su marido, sus tíos y sus dos primos. Eran todos adultos y de repente nos encontramos con él, un bebé de apenas 1 mes. Lo adoptamos y lo criamos lo mejor que pudimos…hasta que se enteró de la verdad hace tres años. Juro vengarse…no le hicimos mucho caso, pero…
-Es una posibilidad, improbable pero posible-asintió y yo di una calada al piti.
-De momentos no estamos muy seguros, pero analizamos todas las situaciones y enemigos.
-Qué son demasiados-suspiré-bueno, volveré a casa-miré el reloj d muñeca y sonreí-Jack quizá haya llegado. Le informaré de todo, señor.
-Estupendo, Mey, estupendo.
-Por cierto…he recibido una nota no muy agradable está mañana. Creo que alguien entró en el piso, ya que la ventana estaba abierta. Ponía mi auténtico nombre y estaba firmada por un tal “Diablo”.
-Interesante-musitó-quizá esté todo conectado…interesante. Buscaré en el centro de datos del FBI.
-Gracias-apagué el cigarro en el bonito cenicero de cristal y salí, rumbo a mi amado apartamento.
Abrí la puerta de mi apartamentucho y me quité los zapatos a toda prisa, dejándolos tirados en cualquier parte. Edmon dormía en su canastito, al lado del sofá marrón oscuro de piel. Me senté en él y encendí la televisión, pero la única cosa interesante que daban a aquellas horas de la madrugada eran anuncios de tele-tiendas. La apagué y me fui a mi cuarto, a intentar olvidar con la cama todo lo que había ocurrido en ese día nefasto.
Mi pijama de verano cubría mi piel pálida y me desmaquillé en poco tiempo. Me toqué aquellos pequeños semicírculos liliáceos debajo de mis ojos y suspiré. A partir de ahora tendría más pesadillas y acabaría volviéndome loca del todo.
Me tumbé en mi vieja cama y cerré los ojos con fuerza, borrando cualquier imagen intrusa que estorbara mis placidos sueños. Pero no pensé en mi madre, ni en su sangre. Es más, ni tan siquiera pensé en todas las pesadillas que venían a asustarme como cuando era pequeña. Solo podía vislumbrar dos ojos verde oscuro clavados en mi cerebro.
Abrí los ojos sobre las diez de la mañana, por culpa de un vecino escandaloso que se creía Pavarotti reencarnado. Me levanté con pocas ganas y me puse mi bata azul celeste con un dragón chino en la espalda.
Ni rastro de Jack en toda la casa. Llegaría más tarde de las cuatro, con una resaca impresionante y ganas de dormir hasta el mes que viene.
Entonces me fijé en un pequeño detalle al cual no había dado mayor importancia. Un papel de libreta de cuadraditos reposaba sin más encima de la mesa del salón. Cogí la carta y observé la letra, clara, perfectamente recta y no muy redondeada.
“Querida Abie Bryant,
Eres más hermosa de lo que imaginaba. No sales favorecida en las fotos. No te atormentes, dentro de poco sabrás quién soy. Dentro de muy poco.
Att: Diablo”
-¿Diablo?-me pregunté a mi misma. ¿Quién cojones era y como sabía mi auténtico nombre y mi apellido? Doblé el papel y lo deposite en el cajón de mi mesita. ¿Sería una broma de Jack? Imposible.
Regresé al salón y sin haberme percatado antes, vi la ventana abierta de par en par. Me asomé pero era un suicidio subir por ahí. Era el quinto piso y último y solo un loco que no le importa morir hubiera escalado hasta mi piso… ¿pero y la ventana? ¿Por qué estaba abierta? Meneé la cabeza y me preparé un café americano, sin nada de azúcar.
Me pegué una buena ducha hasta que al fin todo mi cerebro estuvo despejado. No tenía resaca y eso me alegraba, pero no dejaba de preguntarme quién sería ese tal “Diablo”.
Mi móvil sonó de repente y tuve que salir corriendo del baño para cogerlo.
-¿El jefe?-apreté el botón verde y me puse el aparato en la oreja-¿Diga?
-¿Mey? ¡Al fin puedo contactar con alguien! Jack anda desaparecido-estaba histérico.
-¿Qué ocurre?-pregunté alarmada.
-Os necesito a ti y a Jack inmediatamente en las instalaciones. Ha habido un ataque terrorista en la sede central.
-¡Ahora mismo voy!-colgué sin despedirme y me vestí con lo primero que encontré: unos tejanos y una camiseta negra de tirantes.
Llegué en menos de veinte minutos. Cogí el ascensor hasta la planta diez y me metí en la oficina que ponía “Sr. S. Kennedy”.
-Te esperaba, Mey-dijo el hombre que estaba sentando detrás del escritorio de madera de cedro. El despacho era enorme, con moqueta blanca y paredes color salmón oscuro. Grandes ventanales se situaban detrás de mi jefe, dejando pasar la luz y dejando ver una vista espectacular. Había unas cuantas estanterías con libros de economía, contabilidad y cálculo.
-¿Se puede saber qué ha pasado exactamente?-me senté en la silla de cuero negro y saqué un cigarrillo.
-Han atacado la sede central del gobierno con C-4. No se sabe mucho de la situación y los terroristas no han dejado ni rastro. Está todo en alerta, ya te lo puedes imaginar-se frotaba las manos sin parar y una capa de sudor le cubría la cara.
-Así que un grupo de terroristas…es extraño que no hayan avisado antes…o…no sé, amenazado.
-Creemos que un hombre está detrás de todo esto…-murmuró y sacó un expediente del cajón de su escritorio-Leon C. Jerdon.
Le eché una ojeada a su expediente. Era un ex trabajador de mi sector de infiltración y asesinato en la sombra. Parecía tenerlo todo limpio, pero no había foto y estaba casi vacío.
-Ahora tendrá 25 años-me interrumpió-se largó de aquí cuando se entero de que matamos a casi toda su familia. Decidió vengarse.
-¿Toda su familia?-dije con la boca entreabierta.
-Eran camellos…matamos a sus padres, su hermana mayor, su marido, sus tíos y sus dos primos. Eran todos adultos y de repente nos encontramos con él, un bebé de apenas 1 mes. Lo adoptamos y lo criamos lo mejor que pudimos…hasta que se enteró de la verdad hace tres años. Juro vengarse…no le hicimos mucho caso, pero…
-Es una posibilidad, improbable pero posible-asintió y yo di una calada al piti.
-De momentos no estamos muy seguros, pero analizamos todas las situaciones y enemigos.
-Qué son demasiados-suspiré-bueno, volveré a casa-miré el reloj d muñeca y sonreí-Jack quizá haya llegado. Le informaré de todo, señor.
-Estupendo, Mey, estupendo.
-Por cierto…he recibido una nota no muy agradable está mañana. Creo que alguien entró en el piso, ya que la ventana estaba abierta. Ponía mi auténtico nombre y estaba firmada por un tal “Diablo”.
-Interesante-musitó-quizá esté todo conectado…interesante. Buscaré en el centro de datos del FBI.
-Gracias-apagué el cigarro en el bonito cenicero de cristal y salí, rumbo a mi amado apartamento.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:09 pm, editado 1 vez
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Re: 666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
mm tengo ganas de leer mas!!
vaya, Mey bebe americanos sin azucar, como yo xD
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Dunetska- Activo

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Re: 666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
JoJoJo...tienes suerte! Estaba escribiendo un poco!!
3-Capitulo
A pesar de estar a comienzos de Junio, sentía cada poro de mi cuerpo helado. No corría viento pero notaba como penetraba en mi piel. Y de manera fulminante, vi al mismo hombre del “Violet Storm” sentando en la terraza de una cafetería, en la acera del frente. Vestía con un traje oscuro que parecía ser caro y unos mocasines que seguramente habría estrenado ese mismo día. Tomaba un café mientras revisaba el periódico local. Lo cerró y dirigió su vista hacía donde yo me encontraba. Sus ojos helados me hacían sentir completamente desnuda y su boca sonreía de forma macabra. Un bus pasó delante de mí, que casi me atropella, y cuando paso, él no estaba. Se había evaporado y si no hubiera sido por la taza y el diario que se encontraban encima de la mesa, estaría completamente segura de que se trataba de mi imaginación.
-¿Me estabas buscando?-preguntó la misma voz de anoche a mi lado.
-¿Ah?-me quedé impresionada al verlo a mi lado, con la misma sonrisa de hacía apenas tres segundos y sus aires de grandeza.
-¿Me estabas buscando?-repitió y no pude hacer nada más que asentir-ven a tomar un café conmigo.
Fuimos a la misma mesa dónde estaba anteriormente sentado y me senté con él. Me pedí un café con leche y un donut.
-Que agradable casualidad-se secó los labios de café con una servilleta, elegantemente.
-No esperaba encontrarte aquí-saqué un cigarro y lo encendí. Solo el tabaco me ayudaba a relajarme y a matarme, todo sea dicho.
-Fumar mata-me arrancó el cigarrillo de la mano, lo tiró y lo pisó-eres demasiado hermosa para estar enganchada a esa mierda.
-Soy bastante mayorcita para saber qué hacer con mi vida, gracias-dije con ironía.
-Aún no se tu nombre-cambió radicalmente de tema.
-Mey-murmuré-a secas.
-Mey-repitió y sonrió-a secas.
Nos callamos de improviso, sin saber muy bien que decir. Al menos yo no sabía que decirle a él. El típico hombre misterioso y caballeroso del cual no puedes escapar. No a sus encantos.
-Yo me llamo Zack, encantado-agarró mi mano y depositó un beso en el reverso-tienes una piel muy suave.
-Gracias…-me contemplé la mano en un momento fugaz y me mordí el labio-no aflojes, Mey, no con un tío como este-pensé.
-Cuando ves a alguien una vez es una coincidencia, pero cuando es la segunda vez, es el destino, ¿no crees?
-No creo en el destino-esperaba quitármelo rápido de encima.
-Vaya...ni yo en el amor-murmuró y sorbió un poquito de café.
No pude dejar de mirarle. Sus ojos de paraíso te seducían sin pretenderlo y sus labios tenían escritos “bésame” de una forma clara y redondeada. Pero no es oro todo lo que reluce y no me gustaba irme a la cama con hombres tan misteriosos.
3-Capitulo
A pesar de estar a comienzos de Junio, sentía cada poro de mi cuerpo helado. No corría viento pero notaba como penetraba en mi piel. Y de manera fulminante, vi al mismo hombre del “Violet Storm” sentando en la terraza de una cafetería, en la acera del frente. Vestía con un traje oscuro que parecía ser caro y unos mocasines que seguramente habría estrenado ese mismo día. Tomaba un café mientras revisaba el periódico local. Lo cerró y dirigió su vista hacía donde yo me encontraba. Sus ojos helados me hacían sentir completamente desnuda y su boca sonreía de forma macabra. Un bus pasó delante de mí, que casi me atropella, y cuando paso, él no estaba. Se había evaporado y si no hubiera sido por la taza y el diario que se encontraban encima de la mesa, estaría completamente segura de que se trataba de mi imaginación.
-¿Me estabas buscando?-preguntó la misma voz de anoche a mi lado.
-¿Ah?-me quedé impresionada al verlo a mi lado, con la misma sonrisa de hacía apenas tres segundos y sus aires de grandeza.
-¿Me estabas buscando?-repitió y no pude hacer nada más que asentir-ven a tomar un café conmigo.
Fuimos a la misma mesa dónde estaba anteriormente sentado y me senté con él. Me pedí un café con leche y un donut.
-Que agradable casualidad-se secó los labios de café con una servilleta, elegantemente.
-No esperaba encontrarte aquí-saqué un cigarro y lo encendí. Solo el tabaco me ayudaba a relajarme y a matarme, todo sea dicho.
-Fumar mata-me arrancó el cigarrillo de la mano, lo tiró y lo pisó-eres demasiado hermosa para estar enganchada a esa mierda.
-Soy bastante mayorcita para saber qué hacer con mi vida, gracias-dije con ironía.
-Aún no se tu nombre-cambió radicalmente de tema.
-Mey-murmuré-a secas.
-Mey-repitió y sonrió-a secas.
Nos callamos de improviso, sin saber muy bien que decir. Al menos yo no sabía que decirle a él. El típico hombre misterioso y caballeroso del cual no puedes escapar. No a sus encantos.
-Yo me llamo Zack, encantado-agarró mi mano y depositó un beso en el reverso-tienes una piel muy suave.
-Gracias…-me contemplé la mano en un momento fugaz y me mordí el labio-no aflojes, Mey, no con un tío como este-pensé.
-Cuando ves a alguien una vez es una coincidencia, pero cuando es la segunda vez, es el destino, ¿no crees?
-No creo en el destino-esperaba quitármelo rápido de encima.
-Vaya...ni yo en el amor-murmuró y sorbió un poquito de café.
No pude dejar de mirarle. Sus ojos de paraíso te seducían sin pretenderlo y sus labios tenían escritos “bésame” de una forma clara y redondeada. Pero no es oro todo lo que reluce y no me gustaba irme a la cama con hombres tan misteriosos.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:09 pm, editado 1 vez
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Hinata_Nione- Contratista

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Re: 666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
Aver si sigues esta muy interesantee!!!!
mmmm mas dejado con la intrigaaa^^.
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Symphonie- Motivao

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Re: 666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
4-Capitulo
Al cabo de un rato indeterminado sabía más o menos algo de su vida. Trabajaba en una empresa de coches (ahora no recuerdo bien la marca) y por las noches se encargaba de un restaurante que tenía a medias con un amigo.
-Todo un hombre de negocios-le dije.
-No tengo tiempo ni para hacer un triste crucigrama-suspiró-pero me gusta mantenerme ocupado.
-A mí me ocurre exactamente lo mismo.
-¿Tú como te ganas el pan?-me preguntó curioso.
-Pues, trabajo en una tienda de ropa-siempre decía lo mismo a todo el mundo-y a veces ayudo a mi padre (que no era otro que Jack).
-Está bien-afirmó-ya me pasaré a verte, si quieres.
-No importa-admití-es una tienda modesta, cerca de la Gran Avenida. Vendemos ropa moderna, para salir de fiesta básicamente.
-Como cualquier tienda joven-se tomó el último sorbo de su café y dobló el periódico-debería ir tirando, es tarde.
Depositó una tarjeta con unas letras negras muy claras sobre el delicado papel color beige. Estaba su número de teléfono y su nombre.
-Llámame-y con esas palabras se despidió y me dejó allí, intentando comprender si aquello era real o no. Si su figura trajeada sólo había sido obra de mi desbordante imaginación.
Toqué la tarjeta varias veces y me conciencié de que todo aquello era real, lo más real que le puede pasar a una.
Cogí un taxi y me dirigí a mi piso, hecho un desastre.
Edmon maullaba, buscando la comida del mediodía y la habitación de Jack estaba cerrada a cal y canto, con un cartelito que ponía “don’t disturb”
-Al menos ya ha llegado-susurré y me tumbé en el sofá. Miré el reloj y pude comprobar que eran casi las doce del mediodía. ¿Cuánto tiempo había estado hablando con Zack? Ni sabía que existía realmente el tiempo cuando estaba con él.
Descolgué el teléfono, para llamarle, pero parecería una desesperada y era mejor esperar un tiempo. No mucho. Sólo el adecuado, ese tiempo que sólo las mujeres sabemos con exactitud.
Le di de comer a Edmon y me encerré en mi habitación. Saqué de la mesita un viejo libro y una foto se cayó. La recogí y me sentí horrorizada. Allí estaba yo, con catorce años. Un adefesio con gafas de culo de botella, aparatos y trenzas castañas. Recordé el mote de mis antiguos y odiosos compañeros de instituto, la “scalextric”. Guardé la foto en el fondo del cajón, dónde estaba y dejé que la lectura me embriagara con sus páginas de sentimientos tan parecidos a los míos, pero por más que lo intentará solo podía verle a él. A él y a sus ojos color paraíso.
Al cabo de un rato indeterminado sabía más o menos algo de su vida. Trabajaba en una empresa de coches (ahora no recuerdo bien la marca) y por las noches se encargaba de un restaurante que tenía a medias con un amigo.
-Todo un hombre de negocios-le dije.
-No tengo tiempo ni para hacer un triste crucigrama-suspiró-pero me gusta mantenerme ocupado.
-A mí me ocurre exactamente lo mismo.
-¿Tú como te ganas el pan?-me preguntó curioso.
-Pues, trabajo en una tienda de ropa-siempre decía lo mismo a todo el mundo-y a veces ayudo a mi padre (que no era otro que Jack).
-Está bien-afirmó-ya me pasaré a verte, si quieres.
-No importa-admití-es una tienda modesta, cerca de la Gran Avenida. Vendemos ropa moderna, para salir de fiesta básicamente.
-Como cualquier tienda joven-se tomó el último sorbo de su café y dobló el periódico-debería ir tirando, es tarde.
Depositó una tarjeta con unas letras negras muy claras sobre el delicado papel color beige. Estaba su número de teléfono y su nombre.
-Llámame-y con esas palabras se despidió y me dejó allí, intentando comprender si aquello era real o no. Si su figura trajeada sólo había sido obra de mi desbordante imaginación.
Toqué la tarjeta varias veces y me conciencié de que todo aquello era real, lo más real que le puede pasar a una.
Cogí un taxi y me dirigí a mi piso, hecho un desastre.
Edmon maullaba, buscando la comida del mediodía y la habitación de Jack estaba cerrada a cal y canto, con un cartelito que ponía “don’t disturb”
-Al menos ya ha llegado-susurré y me tumbé en el sofá. Miré el reloj y pude comprobar que eran casi las doce del mediodía. ¿Cuánto tiempo había estado hablando con Zack? Ni sabía que existía realmente el tiempo cuando estaba con él.
Descolgué el teléfono, para llamarle, pero parecería una desesperada y era mejor esperar un tiempo. No mucho. Sólo el adecuado, ese tiempo que sólo las mujeres sabemos con exactitud.
Le di de comer a Edmon y me encerré en mi habitación. Saqué de la mesita un viejo libro y una foto se cayó. La recogí y me sentí horrorizada. Allí estaba yo, con catorce años. Un adefesio con gafas de culo de botella, aparatos y trenzas castañas. Recordé el mote de mis antiguos y odiosos compañeros de instituto, la “scalextric”. Guardé la foto en el fondo del cajón, dónde estaba y dejé que la lectura me embriagara con sus páginas de sentimientos tan parecidos a los míos, pero por más que lo intentará solo podía verle a él. A él y a sus ojos color paraíso.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:09 pm, editado 1 vez
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Hinata_Nione- Contratista

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Re: 666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
sigue asi wapa!!
mencanta : )
cada vez q leo tus actualizaciones dan ganas de leer más

frozen_spirit- Motivao

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Re: 666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
5-Capitulo-En otro lugar…
Ir bien vestido era algo importante. Muy importante. No podías presentarte al trabajo de cualquier forma, por supuesto. Traje de Armani, camisa de Chanel y unos zapatos de Gucci. Todo estaba perfectamente calculado.
Entré en aquél sucio sótano sobre las tres de la tarde. Aún tenía un poco de tiempo hasta la hora de trabajo y podía permitirme el lujo de visitar a mi fiel presa. Atada a la cama, amordazada y llena de heridas cicatrizando. Era todo tan perfecto que se me saltaban las lágrimas.
-Hola querido-musité sentándome a su lado-espero que no me hayas echado de menos.
No contesto, claro está, hasta que no le quite el pañuelo que contenía su afilada lengua. Cogí unas tijeras de la mesita para proseguir con el trabajo que había dejado a medias.
-¿Me vas a decir ya la contraseña o deberé matarte?-balanceé las tijeras sobre su carne y suspiré.
-No te voy a decir nada. Prefiero morir sufriendo, que contarte la verdad.
-Esa no es la respuesta que quería oír-le clavé las tijeras en un brazo y dejé que la sangre manchara las sábanas sucias. Su grito desesperado llenó mis oídos y yo, simplemente, bostecé.
-Me aburres-admití-mucho. Eres un ser patético, demasiado para mi gusto. Creo que no voy a sacar nada en claro de ti, así que este es el final-me aparté el flequillo de la cara y le corte los genitales, intentando no marcharme. Su expresión fue desgarradora, pero no me aporto nada. Ni el más mínimo sentimiento. Tiré las tijera sobre la cama, mientras aquél ser se desangraba y salí del lugar con fragancia de choto.
Volvemos con Mey…
Estaba totalmente metida en mi pequeño mundo, sin dejar de pensar en esos ojos verdes cuando Jack abrió la puerta de golpe.
-¡Ya sabes que debes picar antes de entrar!-anuncié y él se quedó indiferente.
-Perdón, perdón. Solo quería saber si estabas por aquí…¿hay alguna misión?
-¿No has visto las noticias?-dije con ironía-han atacado la sede central del gobierno con C-4. He ido a ver al jefe antes.
-¿Qué?-su cara de pasmado me lo revelaba todo.
-Como lo oyes. El jefe me ha dicho que es posible que un tal Leon. Solo sé que trabajaba en nuestro sector, pero se marchó-me senté en la cama y comencé a explicarle toda la historia a Jack, incluido lo de Diablo.
-¡Si que pasan cosas cuando no estoy por aquí!-dijo asombrado-en fin, tendremos que mantenernos alerta. Cualquier medida de seguridad es poca. Ahora mismo me visto y hablo con el Jefe, a ver si ha descubierto algo importante.
-Como quieras, pero él tampoco tiene las cosas claras. Ves a verlo, si eso te hace sentir mejor.
Y si que lo hizo. Tras aquellas palabras, se duchó, se vistió y salió escopeteado hacía las oficinas de la CIA.
Ir bien vestido era algo importante. Muy importante. No podías presentarte al trabajo de cualquier forma, por supuesto. Traje de Armani, camisa de Chanel y unos zapatos de Gucci. Todo estaba perfectamente calculado.
Entré en aquél sucio sótano sobre las tres de la tarde. Aún tenía un poco de tiempo hasta la hora de trabajo y podía permitirme el lujo de visitar a mi fiel presa. Atada a la cama, amordazada y llena de heridas cicatrizando. Era todo tan perfecto que se me saltaban las lágrimas.
-Hola querido-musité sentándome a su lado-espero que no me hayas echado de menos.
No contesto, claro está, hasta que no le quite el pañuelo que contenía su afilada lengua. Cogí unas tijeras de la mesita para proseguir con el trabajo que había dejado a medias.
-¿Me vas a decir ya la contraseña o deberé matarte?-balanceé las tijeras sobre su carne y suspiré.
-No te voy a decir nada. Prefiero morir sufriendo, que contarte la verdad.
-Esa no es la respuesta que quería oír-le clavé las tijeras en un brazo y dejé que la sangre manchara las sábanas sucias. Su grito desesperado llenó mis oídos y yo, simplemente, bostecé.
-Me aburres-admití-mucho. Eres un ser patético, demasiado para mi gusto. Creo que no voy a sacar nada en claro de ti, así que este es el final-me aparté el flequillo de la cara y le corte los genitales, intentando no marcharme. Su expresión fue desgarradora, pero no me aporto nada. Ni el más mínimo sentimiento. Tiré las tijera sobre la cama, mientras aquél ser se desangraba y salí del lugar con fragancia de choto.
Volvemos con Mey…
Estaba totalmente metida en mi pequeño mundo, sin dejar de pensar en esos ojos verdes cuando Jack abrió la puerta de golpe.
-¡Ya sabes que debes picar antes de entrar!-anuncié y él se quedó indiferente.
-Perdón, perdón. Solo quería saber si estabas por aquí…¿hay alguna misión?
-¿No has visto las noticias?-dije con ironía-han atacado la sede central del gobierno con C-4. He ido a ver al jefe antes.
-¿Qué?-su cara de pasmado me lo revelaba todo.
-Como lo oyes. El jefe me ha dicho que es posible que un tal Leon. Solo sé que trabajaba en nuestro sector, pero se marchó-me senté en la cama y comencé a explicarle toda la historia a Jack, incluido lo de Diablo.
-¡Si que pasan cosas cuando no estoy por aquí!-dijo asombrado-en fin, tendremos que mantenernos alerta. Cualquier medida de seguridad es poca. Ahora mismo me visto y hablo con el Jefe, a ver si ha descubierto algo importante.
-Como quieras, pero él tampoco tiene las cosas claras. Ves a verlo, si eso te hace sentir mejor.
Y si que lo hizo. Tras aquellas palabras, se duchó, se vistió y salió escopeteado hacía las oficinas de la CIA.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:10 pm, editado 1 vez
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Hinata_Nione- Contratista

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Re: 666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
6-Capitulo
Entré en mi oficina personal, pidiéndole a mi secretaria que no pasara me ninguna llamada.
Me dejé caer en la cómoda silla de cuero y me aflojé un poco la corbata. Encendí el aire acondicionado y me acerqué, sin levantarme, a un caballete con un cuadro apoyado en su regazo. Me encantaba pintar durante mi “tiempo libre” y sólo me faltaba buscar una tonalidad roja que no llegaba a encontrar. Mezclé un montón de colores, pero no daba resultado.
De repente, oí como la puerta se abría y mi secretaria penetraba en la estancia. Su perfume rozaba mi olfato, mientras me dejaba sobre el escritorio unos documentos.
-¡Ay!-exclamó llevándose el dedo a la boca-ya me he vuelto a cortar. Estos papeles son mortales-rió a modo de escusa.
-Déjamelo ver-cogí su mano y le observé el dedo. Era un arañazo sin importancia, muy superficial. Una gota de sangre se asomó al exterior y un pensamiento veloz cruzó mis neuronas-este es…-murmuré-el color que tanto ansiaba-agarré el abre cartas, afilado, y le rajé el cuello sin vacilar. Ella cayó de rodillas al suelo, sujetándose la garganta y mirándome sin entender nada.
-Lo siento-cogí un cenicero y lo llené con su sangre-pero era algo importante-y me senté otra vez delante del caballete, dejando a aquella pobre infeliz estirada en el suelo.
Al cabo de una media hora, otra persona entró a mi despacho. Yo ya sabía muy bien quién era, así que no alcé la vista.
-¡Joder tío!-gritó al ver la sangría-¡Otra vez no! Es la séptima secretaria que te cargas en dos meses.
-Necesitaba su sangre para acabar mi cuadro-dije sin arrepentimiento-no es culpa mía que apareciera en el momento menos indicado. ¿Acaso quieres formar parte de mi cuadro tú también?
-No...-tragó saliva y me miró duramente-pero no puedes ir cargándote a ton ni son a todas las secretarias que te encuentro, sin motivo alguno.
-¿Qué hay de malo en ello? Yo solo hago lo que mis instintos me piden. Hay que buscar el placer y evitar el dolor. Aunque matar no me supone ningún placer…no me aporta nada. Pero son cosas que se deben hacer.
-“Cosas que se deben hacer”-repitió y suspiró-en todo caso, no venía aquí para hablar de secretarias muertas. ¿Has contactado con el sujeto?
-Por supuesto. Es una ovejita muy bonita…aunque haya nacido de una oveja negra. Me sabe mal usarla de esta forma…-me quedé pensativo y luego me eché a reír-es broma.
-Lo sé. Tú nunca tienes remordimientos. Es más, lo haces todo con absoluta frialdad y luego te quedas indiferente.
-Vengo a ser un asesino profesional, cargado de venganza. Suena a película, ¿verdad?
-Quizá. En fin, Diablo, ahora llamaré al servicio de limpieza para que se encarguen del estropicio. Al final te tendré que comprar una alfombra nueva.
-No hace falta, me gustan las manchas de sangre. Le dan más personalidad a este despacho tan austero.
-Lo que tú digas. Tengo una reunión. Cuando quieras hablo con los chicos y…
-Unos días más…unos pocos días más. Aún tengo que buscar la información de Jack y la relación con nuestro sujeto-di un brochazo al lienzo con el color rubí que tanto buscaba-¡es fantástico! Me encanta el toque que le da…no hay nada mejor que el rojo de la sangre.
-Por supuesto…-se despidió con la mano y salió de mi despacho. Me puse música de fondo y pinté al ritmo de Mozart.
Entré en mi oficina personal, pidiéndole a mi secretaria que no pasara me ninguna llamada.
Me dejé caer en la cómoda silla de cuero y me aflojé un poco la corbata. Encendí el aire acondicionado y me acerqué, sin levantarme, a un caballete con un cuadro apoyado en su regazo. Me encantaba pintar durante mi “tiempo libre” y sólo me faltaba buscar una tonalidad roja que no llegaba a encontrar. Mezclé un montón de colores, pero no daba resultado.
De repente, oí como la puerta se abría y mi secretaria penetraba en la estancia. Su perfume rozaba mi olfato, mientras me dejaba sobre el escritorio unos documentos.
-¡Ay!-exclamó llevándose el dedo a la boca-ya me he vuelto a cortar. Estos papeles son mortales-rió a modo de escusa.
-Déjamelo ver-cogí su mano y le observé el dedo. Era un arañazo sin importancia, muy superficial. Una gota de sangre se asomó al exterior y un pensamiento veloz cruzó mis neuronas-este es…-murmuré-el color que tanto ansiaba-agarré el abre cartas, afilado, y le rajé el cuello sin vacilar. Ella cayó de rodillas al suelo, sujetándose la garganta y mirándome sin entender nada.
-Lo siento-cogí un cenicero y lo llené con su sangre-pero era algo importante-y me senté otra vez delante del caballete, dejando a aquella pobre infeliz estirada en el suelo.
Al cabo de una media hora, otra persona entró a mi despacho. Yo ya sabía muy bien quién era, así que no alcé la vista.
-¡Joder tío!-gritó al ver la sangría-¡Otra vez no! Es la séptima secretaria que te cargas en dos meses.
-Necesitaba su sangre para acabar mi cuadro-dije sin arrepentimiento-no es culpa mía que apareciera en el momento menos indicado. ¿Acaso quieres formar parte de mi cuadro tú también?
-No...-tragó saliva y me miró duramente-pero no puedes ir cargándote a ton ni son a todas las secretarias que te encuentro, sin motivo alguno.
-¿Qué hay de malo en ello? Yo solo hago lo que mis instintos me piden. Hay que buscar el placer y evitar el dolor. Aunque matar no me supone ningún placer…no me aporta nada. Pero son cosas que se deben hacer.
-“Cosas que se deben hacer”-repitió y suspiró-en todo caso, no venía aquí para hablar de secretarias muertas. ¿Has contactado con el sujeto?
-Por supuesto. Es una ovejita muy bonita…aunque haya nacido de una oveja negra. Me sabe mal usarla de esta forma…-me quedé pensativo y luego me eché a reír-es broma.
-Lo sé. Tú nunca tienes remordimientos. Es más, lo haces todo con absoluta frialdad y luego te quedas indiferente.
-Vengo a ser un asesino profesional, cargado de venganza. Suena a película, ¿verdad?
-Quizá. En fin, Diablo, ahora llamaré al servicio de limpieza para que se encarguen del estropicio. Al final te tendré que comprar una alfombra nueva.
-No hace falta, me gustan las manchas de sangre. Le dan más personalidad a este despacho tan austero.
-Lo que tú digas. Tengo una reunión. Cuando quieras hablo con los chicos y…
-Unos días más…unos pocos días más. Aún tengo que buscar la información de Jack y la relación con nuestro sujeto-di un brochazo al lienzo con el color rubí que tanto buscaba-¡es fantástico! Me encanta el toque que le da…no hay nada mejor que el rojo de la sangre.
-Por supuesto…-se despidió con la mano y salió de mi despacho. Me puse música de fondo y pinté al ritmo de Mozart.
Última edición por Hinata_Nione el Jue Oct 30, 2008 10:10 pm, editado 1 vez
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Hinata_Nione- Contratista

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Re: 666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
Waaaa!!!! que esto está muy wenooooooooooooo!!!!!
Me encanta, más te vale seguir escribiendo!!!!! o sino... naaaah!!!, es bromita
Que sigas bien
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Rosh- Activo

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Re: 666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
7-Capitulo
Justo cuando estaba penetrando en el mundo de la novela y olvidando mi patética vida, el móvil sonó desde el comedor y yo me lancé de lleno para llegar a tiempo.
-¿Diga?-pregunté rápidamente sin mirar el número.
-Hola Mey-contestó la voz de mi jefe desde el otro lado del auricular-no hemos encontrado nada en la base de datos del FBI sobre Diablo, pero nos ha mandado una nota hará diez minutos.
-¿Una nota? ¿Qué dice?-me levanté de un respingó y me llevé una uña a la boca.
-Dentro de dos horas atacará el Parlamento. Debes venir inmediatamente para poder prepararte.
-¡Ahora mismo voy!-colgué sin ni tan siquiera despedirme. Me cambié de ropa (unos tejanos negros, una camiseta oscura y unas bambas cómodas) y salí corriendo a las oficinas.
Cuando llegué, un rato más tarde, todo el mundo estaba en sus puestos y repasando los planes que habían ideado en pocos minutos.
Jack se encontraba con el uniforme puesto, armado hasta los dientes y ahora me tocaba a mí imitarle.
-¿Nerviosa Mey?-preguntó Jack con media sonrisita en los labios.
-Como si fuera la primera vez que hago esto-reí y me puse el casco.
-Cierto, pero sí que es la primera vez que lo haces cuando el psicópata en cuestión ha ido a nuestro piso.
-No me lo recuerdes, quieres. Acabaré con ese bastardo-cogí dos pistolas semiautomáticas, un rifle, una escopeta y dos o tres granadas de humo-lo necesario.
-Bueno chicos-dijo el jefe-ya sabéis que debéis hacer. Capturar a esos cabrones y traerlos aquí. Sed discretos y disparar hasta matar. Os jugáis mucho, no lo olvidéis.
Nos subimos a un helicóptero que nos esperaba en la azotea e intenté calmarme, respirando con calma.
-Recuerda, debes mantener la adrenalina lejos de tu cuerpo. Frialdad en la mente-musitó Jack.
-Lo sé, lo sé-me rasqué la cabeza a pesar de llevar el casco y noté como el sudor frío recorría mi espalda-no estoy nerviosa, no lo estoy-me repetí a mi misma una y otra vez hasta convencerme de ello.
Nos dejaron en el punto acordado y desde allí Jack y yo corrimos como unos auténticos desesperados hasta llegar a un lugar más o menos estratégico.
El edificio ya estaba totalmente vacío y faltaba una hora para que el grupo atacase, pero todos estábamos listos y en disposición de matar a quién se pusiera por delante. Jack me agarró la mano y yo le respondí con un apretón.
-Te cubriré-dijo sin venir a cuento-no dejaré que te pase nada.
-No soy tan débil como parezco, Jack-murmuré y me imaginé su rostro de desaprobación.
-Sabes que eres lo más importante que tengo.
-¡Oh, Jack! No te pongas sentimental ahora…no es momento ni lugar.
-Quizá sea la última vez que hable contigo, Mey-dijo seriamente.
-¡Cállate! No atraigas a la mala suerte. Con ese pesimismo normal que te vaya a pasar algo.
-Solo quería decirlo, ahora prepárate. Algo me dice que se adelantarán…-y no estuvo muy equivocado. Dos minutos después de aquella frase la gran cúpula de cristal se rompió, dejando caer unas bombas de humo.
-¡Joder!-tosí y Jack me cogió con más fuerza-¿Por qué siempre igual?-agarré la pistola con mi mano libre, dispuesta a desenfundar.
-Ya sabes, a matar-me soltó y tomó su rifle. Apuntó hacía el techo y se preparó para lo que tuviera que ocurrir.
-Espero que no tarden mucho. El numerito está muy visto-me quejé y preparé la pistola. Un grupo de personas comenzó a bajar y un estruendo, causado por el tiroteo, penetró en mis oídos. ¡Ay rutina, te echaba de menos!
Me separé de Jack y corrí hacía una dirección cualquiera, todas eran igual de validas. Maté a unos cuantos cretinos que intentaron atacarme y vislumbre al que parecía ser el cabecilla.
-¡Es él! Ese tal Diablo-murmuró Jack corriendo junto a mí. No me creía que fuera tan fácil, pero allá íbamos los dos. Dispuestos a aniquilarle. Nos tuvimos que detener porque alguien se giró hacía nuestra dirección.
-¿Dónde va?-le pregunté, escondiéndonos tras unas columnas para que no nos viera.
-A la última planta. Allí está todo el sistema informático. Por las escaleras de emergencia.
Subimos absorbiendo aire a grandes bocanadas y salimos, sin hacer mucho ruido.
-Ves por la izquierda-asentí y me desplegué en la dirección que me dijo. No había ni un alma, pero era totalmente peligroso. Desde allí aún se podían oír unos cuantos tiroteos y los gritos ahogados de mis compañeros heridos.
-¡Mierda!-susurré desesperada. ¿Dónde estaba ese maldito Diablo?-¿Jack?-pregunté por el transmisor-¿Estás ahí?
-Hola, señorita Bryant-contestó una voz irreconocible-¿me esperabas?
El mundo se desvaneció a mis pies y todo se volvió oscuro, más oscuro que el negro. Habían capturado a Jack…seguro…¡por mí culpa…! ¡Qué jodida impotencia se sentía en aquellos momentos!
-¿Diablo…?-musité con cierta seguridad fingida en la voz.
-Exacto-vislumbré su sonrisa a través del aparato y comencé a moverme-hacía mucho que quería hablar conmigo.
-¿Por qué?-cada paso me acercaba a Jack.
-Me pareces la mar de interesante-rió-mucho. Eres…eres mi tipo de mujer, ¿sabes? Atlética, valiente, fuerte…si, justo mi tipo.
-Suelta a Jack-le amenacé-si lo que quieres soy yo, ven a por mí.
-No…la cosa no va así, preciosa. No quiero que ningún hombre te toque…no quiero que tengas amigos. Eres mía, ¿entiendes? Naciste para serlo.
-De acuerdo…-el sudor se hacía más intenso-iré dónde estás, pero suelta a mi amigo…
-¿Soltarle?-se quedó en silencio, pensando-si, es lo que iba a hacer-se oyó un ruido sordo, como si el aparato cayera al suelo y después un fuerte disparo.
-¡NOOOOOOOOOOO!-grité y corrí con la adrelalina corriendo por mis venas, sin descanso-¡Dios, no! ¡Por favor, no, no, no, no!-repetía mi subconsciente de forma repetida, como si fuera un contestador automatico-Jack, por el amor de Dios, espero que estés bien…Dios…-entré en la habitación dónde que creí haber oído el disparo y entré sin pensármelo dos veces. Allí estaba Jack, tumbado y cubierto de sangre…y por la ventana se escapaba el culpable de aquella atrocidad, subiéndose a un helicóptero.
-¡Hijo de puta!-grité y le disparé hasta que me quedé sin balas-¡Cabrón de mierda! ¡Vuelve aquí, vuelve!
Estaba enmascarado, pero se subió la máscara para dejarme ver una dulce sonrisa y desapareció entre las nubes del infinito.
-¡Jack!-grité y me tumbé a su lado-todo va a ir bien. Ahora mismo vendrá una ambulancia y…-me quité el casco y le cogí del cuello-Jack, mirame. ¡No te duermas!
-Mey…esto…esto es el fin…-musitó con una sonrisa-me alegro de haberte conocido, en serio. Nunca te lo pude decir pero…yo…siempre…te…-y la mano que acariciaba mi mejilla cayó al suelo, sin vida. Su corazón no latía y su rostro estaba clavado en el techo. No pestañeaba. Jamás lo volvería hacer.
-¡JACK!-el grito me desgarró la garganta y lloré como nunca, abrazándome a aquél cadáver que una vez fue mi amigo.
Justo cuando estaba penetrando en el mundo de la novela y olvidando mi patética vida, el móvil sonó desde el comedor y yo me lancé de lleno para llegar a tiempo.
-¿Diga?-pregunté rápidamente sin mirar el número.
-Hola Mey-contestó la voz de mi jefe desde el otro lado del auricular-no hemos encontrado nada en la base de datos del FBI sobre Diablo, pero nos ha mandado una nota hará diez minutos.
-¿Una nota? ¿Qué dice?-me levanté de un respingó y me llevé una uña a la boca.
-Dentro de dos horas atacará el Parlamento. Debes venir inmediatamente para poder prepararte.
-¡Ahora mismo voy!-colgué sin ni tan siquiera despedirme. Me cambié de ropa (unos tejanos negros, una camiseta oscura y unas bambas cómodas) y salí corriendo a las oficinas.
Cuando llegué, un rato más tarde, todo el mundo estaba en sus puestos y repasando los planes que habían ideado en pocos minutos.
Jack se encontraba con el uniforme puesto, armado hasta los dientes y ahora me tocaba a mí imitarle.
-¿Nerviosa Mey?-preguntó Jack con media sonrisita en los labios.
-Como si fuera la primera vez que hago esto-reí y me puse el casco.
-Cierto, pero sí que es la primera vez que lo haces cuando el psicópata en cuestión ha ido a nuestro piso.
-No me lo recuerdes, quieres. Acabaré con ese bastardo-cogí dos pistolas semiautomáticas, un rifle, una escopeta y dos o tres granadas de humo-lo necesario.
-Bueno chicos-dijo el jefe-ya sabéis que debéis hacer. Capturar a esos cabrones y traerlos aquí. Sed discretos y disparar hasta matar. Os jugáis mucho, no lo olvidéis.
Nos subimos a un helicóptero que nos esperaba en la azotea e intenté calmarme, respirando con calma.
-Recuerda, debes mantener la adrenalina lejos de tu cuerpo. Frialdad en la mente-musitó Jack.
-Lo sé, lo sé-me rasqué la cabeza a pesar de llevar el casco y noté como el sudor frío recorría mi espalda-no estoy nerviosa, no lo estoy-me repetí a mi misma una y otra vez hasta convencerme de ello.
Nos dejaron en el punto acordado y desde allí Jack y yo corrimos como unos auténticos desesperados hasta llegar a un lugar más o menos estratégico.
El edificio ya estaba totalmente vacío y faltaba una hora para que el grupo atacase, pero todos estábamos listos y en disposición de matar a quién se pusiera por delante. Jack me agarró la mano y yo le respondí con un apretón.
-Te cubriré-dijo sin venir a cuento-no dejaré que te pase nada.
-No soy tan débil como parezco, Jack-murmuré y me imaginé su rostro de desaprobación.
-Sabes que eres lo más importante que tengo.
-¡Oh, Jack! No te pongas sentimental ahora…no es momento ni lugar.
-Quizá sea la última vez que hable contigo, Mey-dijo seriamente.
-¡Cállate! No atraigas a la mala suerte. Con ese pesimismo normal que te vaya a pasar algo.
-Solo quería decirlo, ahora prepárate. Algo me dice que se adelantarán…-y no estuvo muy equivocado. Dos minutos después de aquella frase la gran cúpula de cristal se rompió, dejando caer unas bombas de humo.
-¡Joder!-tosí y Jack me cogió con más fuerza-¿Por qué siempre igual?-agarré la pistola con mi mano libre, dispuesta a desenfundar.
-Ya sabes, a matar-me soltó y tomó su rifle. Apuntó hacía el techo y se preparó para lo que tuviera que ocurrir.
-Espero que no tarden mucho. El numerito está muy visto-me quejé y preparé la pistola. Un grupo de personas comenzó a bajar y un estruendo, causado por el tiroteo, penetró en mis oídos. ¡Ay rutina, te echaba de menos!
Me separé de Jack y corrí hacía una dirección cualquiera, todas eran igual de validas. Maté a unos cuantos cretinos que intentaron atacarme y vislumbre al que parecía ser el cabecilla.
-¡Es él! Ese tal Diablo-murmuró Jack corriendo junto a mí. No me creía que fuera tan fácil, pero allá íbamos los dos. Dispuestos a aniquilarle. Nos tuvimos que detener porque alguien se giró hacía nuestra dirección.
-¿Dónde va?-le pregunté, escondiéndonos tras unas columnas para que no nos viera.
-A la última planta. Allí está todo el sistema informático. Por las escaleras de emergencia.
Subimos absorbiendo aire a grandes bocanadas y salimos, sin hacer mucho ruido.
-Ves por la izquierda-asentí y me desplegué en la dirección que me dijo. No había ni un alma, pero era totalmente peligroso. Desde allí aún se podían oír unos cuantos tiroteos y los gritos ahogados de mis compañeros heridos.
-¡Mierda!-susurré desesperada. ¿Dónde estaba ese maldito Diablo?-¿Jack?-pregunté por el transmisor-¿Estás ahí?
-Hola, señorita Bryant-contestó una voz irreconocible-¿me esperabas?
El mundo se desvaneció a mis pies y todo se volvió oscuro, más oscuro que el negro. Habían capturado a Jack…seguro…¡por mí culpa…! ¡Qué jodida impotencia se sentía en aquellos momentos!
-¿Diablo…?-musité con cierta seguridad fingida en la voz.
-Exacto-vislumbré su sonrisa a través del aparato y comencé a moverme-hacía mucho que quería hablar conmigo.
-¿Por qué?-cada paso me acercaba a Jack.
-Me pareces la mar de interesante-rió-mucho. Eres…eres mi tipo de mujer, ¿sabes? Atlética, valiente, fuerte…si, justo mi tipo.
-Suelta a Jack-le amenacé-si lo que quieres soy yo, ven a por mí.
-No…la cosa no va así, preciosa. No quiero que ningún hombre te toque…no quiero que tengas amigos. Eres mía, ¿entiendes? Naciste para serlo.
-De acuerdo…-el sudor se hacía más intenso-iré dónde estás, pero suelta a mi amigo…
-¿Soltarle?-se quedó en silencio, pensando-si, es lo que iba a hacer-se oyó un ruido sordo, como si el aparato cayera al suelo y después un fuerte disparo.
-¡NOOOOOOOOOOO!-grité y corrí con la adrelalina corriendo por mis venas, sin descanso-¡Dios, no! ¡Por favor, no, no, no, no!-repetía mi subconsciente de forma repetida, como si fuera un contestador automatico-Jack, por el amor de Dios, espero que estés bien…Dios…-entré en la habitación dónde que creí haber oído el disparo y entré sin pensármelo dos veces. Allí estaba Jack, tumbado y cubierto de sangre…y por la ventana se escapaba el culpable de aquella atrocidad, subiéndose a un helicóptero.
-¡Hijo de puta!-grité y le disparé hasta que me quedé sin balas-¡Cabrón de mierda! ¡Vuelve aquí, vuelve!
Estaba enmascarado, pero se subió la máscara para dejarme ver una dulce sonrisa y desapareció entre las nubes del infinito.
-¡Jack!-grité y me tumbé a su lado-todo va a ir bien. Ahora mismo vendrá una ambulancia y…-me quité el casco y le cogí del cuello-Jack, mirame. ¡No te duermas!
-Mey…esto…esto es el fin…-musitó con una sonrisa-me alegro de haberte conocido, en serio. Nunca te lo pude decir pero…yo…siempre…te…-y la mano que acariciaba mi mejilla cayó al suelo, sin vida. Su corazón no latía y su rostro estaba clavado en el techo. No pestañeaba. Jamás lo volvería hacer.
-¡JACK!-el grito me desgarró la garganta y lloré como nunca, abrazándome a aquél cadáver que una vez fue mi amigo.
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Hinata_Nione- Contratista

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Re: 666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
pobrecito
!!!!!!, jo, me encanta!!!, cntinua escribiendo, q no nos puedes dejar así

Erionwell- Motivao

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Re: 666.Guarda tus sonrisas para el Diablo.666
8-Capitulo
Lo último que recuerdo de aquél día fue la voz de mi jefe intentando hacerme reaccionar y el equipo médico trajinando con aparatos sin identificar. No asistí al funeral, al contrario, me encerré en casa durante una semana soltando las lágrimas que me mataban por dentro. Jack, mi ángel, mi hermano, mi amigo, pudriéndose en u ataúd bajo el montón de tierra. No asimilé muy bien la realidad.
-¡¿Mey?!-gritó una voz que no supe reconocer-¿estás ahí?
Me desperecé del sofá y arrastré los pies hasta abrir la puerta. Un hombre alto, trajeado y con un ramo en la mano esperaba tras la puerta. Pude reconocerle por sus ojos verdes, aquellos ojos que siempre me volcaban el corazón.
-¡Menuda mala cara!-mencionó al entrar-vístete ahora mismo, vamos a salir.
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabes mi dirección?
-Busque en la guía tu número, llamé a información y me indicaron el lugar. ¿He hecho mal?-suspiré y negué.
-No estoy de humor, Zack-intenté ser clara y tajante, para que se largara, pero era uno de esos tipos que no captaban el mensaje a la primera.
-No me voy a ir en tu condición-cogió un vaso de una de las estanterías, más o menos limpio, lo lleno de agua y dejo caer las flores-espero que te gusten los Lirios.
-Son bonitos-musité indiferente y observé bien la situación. Allí de pie, con sus aires de nobleza, vestido de forma impecable y con una sonrisa que no alcanzaba a sus ojos, entre el caos y desorden que formaban mi piso. Una escena bastante cómica, la verdad.
-Siento haber venido sin avisar-se disculpo al fin-me preocupé. Mi sexto sentido me anunció que no te hallabas muy bien y…
-No importa, no importa. ¿Quieres algo para beber?
-Un café con leche-se fue a sentar en un silloncito, apartando la ropa sucia que se extendía aquí y allá.
Preparé el café, limpié unos cacharros y se lo serví. Sorbimos en un silencio un tanto incomodo, sin embargo, no le di importancia. Así no tardaría tanto en irse.
-¿Qué ha pasado?-preguntó finalmente. No, no pretendía irse así como así.
-Nada-mentí aunque no muy bien, porque mi voz se quebró.
-Dímelo-su forma autoritaria me sobresalto y sus ojos de paraíso me escudriñaban de forma calculadora.
-Mi…-empecé a decir. ¡Oh dios! No podía pronunciar aquellas palabras, ¡no! Noté como mis cuencas se cuajaban de agua y que estaría a punto de llorar otra vez, como una maldita cría. Sentí un peso a mi lado y alcé la vista. Me acarició el cabello, la frente, la cara, la nariz, hasta posarse definitivamente en mis labios. Los miró perplejo y…
…no vaciló en besarme. Su boca sabía a café sin azúcar, como la mía. No fue algo dulce, ni tierno, ni delicado. Me agarró con ímpetu e impuso su fuerza y brutalidad. Mi cuerpo reaccionó ante aquél acto y las lágrimas se escaparon tras tantas emociones.
Nos besamos en ese viejo sofá, con la inmundicia a nuestros pies. La ropa no tardo en formar parte del estercolero y me acarició como si fuera la última vez que lo hacía. En aquél viejo sofá hicimos el amor, sin censura, sin compasión, con lágrimas, con tristeza, sin amor.
Lo último que recuerdo de aquél día fue la voz de mi jefe intentando hacerme reaccionar y el equipo médico trajinando con aparatos sin identificar. No asistí al funeral, al contrario, me encerré en casa durante una semana soltando las lágrimas que me mataban por dentro. Jack, mi ángel, mi hermano, mi amigo, pudriéndose en u ataúd bajo el montón de tierra. No asimilé muy bien la realidad.
-¡¿Mey?!-gritó una voz que no supe reconocer-¿estás ahí?
Me desperecé del sofá y arrastré los pies hasta abrir la puerta. Un hombre alto, trajeado y con un ramo en la mano esperaba tras la puerta. Pude reconocerle por sus ojos verdes, aquellos ojos que siempre me volcaban el corazón.
-¡Menuda mala cara!-mencionó al entrar-vístete ahora mismo, vamos a salir.
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabes mi dirección?
-Busque en la guía tu número, llamé a información y me indicaron el lugar. ¿He hecho mal?-suspiré y negué.
-No estoy de humor, Zack-intenté ser clara y tajante, para que se largara, pero era uno de esos tipos que no captaban el mensaje a la primera.
-No me voy a ir en tu condición-cogió un vaso de una de las estanterías, más o menos limpio, lo lleno de agua y dejo caer las flores-espero que te gusten los Lirios.
-Son bonitos-musité indiferente y observé bien la situación. Allí de pie, con sus aires de nobleza, vestido de forma impecable y con una sonrisa que no alcanzaba a sus ojos, entre el caos y desorden que formaban mi piso. Una escena bastante cómica, la verdad.
-Siento haber venido sin avisar-se disculpo al fin-me preocupé. Mi sexto sentido me anunció que no te hallabas muy bien y…
-No importa, no importa. ¿Quieres algo para beber?
-Un café con leche-se fue a sentar en un silloncito, apartando la ropa sucia que se extendía aquí y allá.
Preparé el café, limpié unos cacharros y se lo serví. Sorbimos en un silencio un tanto incomodo, sin embargo, no le di importancia. Así no tardaría tanto en irse.
-¿Qué ha pasado?-preguntó finalmente. No, no pretendía irse así como así.
-Nada-mentí aunque no muy bien, porque mi voz se quebró.
-Dímelo-su forma autoritaria me sobresalto y sus ojos de paraíso me escudriñaban de forma calculadora.
-Mi…-empecé a decir. ¡Oh dios! No podía pronunciar aquellas palabras, ¡no! Noté como mis cuencas se cuajaban de agua y que estaría a punto de llorar otra vez, como una maldita cría. Sentí un peso a mi lado y alcé la vista. Me acarició el cabello, la frente, la cara, la nariz, hasta posarse definitivamente en mis labios. Los miró perplejo y…
…no vaciló en besarme. Su boca sabía a café sin azúcar, como la mía. No fue algo dulce, ni tierno, ni delicado. Me agarró con ímpetu e impuso su fuerza y brutalidad. Mi cuerpo reaccionó ante aquél acto y las lágrimas se escaparon tras tantas emociones.
Nos besamos en ese viejo sofá, con la inmundicia a nuestros pies. La ropa no tardo en formar parte del estercolero y me acarició como si fuera la última vez que lo hacía. En aquél viejo sofá hicimos el amor, sin censura, sin compasión, con lágrimas, con tristeza, sin amor.
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