***Una Cuestión de Fé***

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***Una Cuestión de Fé***

Mensaje  Rosh el Miér Oct 22, 2008 1:24 pm

Capítulo 1:

-Perdóneme padre, porque he pecado.-
-Dime hija... ¿Qué has hecho?-
-He matado a sangre fría.-
-¿Estás arrepentida?-
-No, jamás lo estaré. Hice justicia.-
-Pero hija, el único quién puede hacer justicia es Dios y no puedes jugar a ser él.-
-Lamento contradecirlo, Padre. ¿No quiere saber, acaso, a quién he liquidado?-
-No necesito saberlo para darte consejo de penitencia hasta que recapacites.-
-Siempre me pregunté para que mierda viene uno a confesarse, nunca termina escuchando
algo bueno... puras bobadas.-
-Hija, modera tu lenguaje. Est{as en la casa de Dios.-
-¿Y qué? ¿Me escuchará más aquí que afuera? ¡Genial! ¡Hey tu! ¿Dónde estabas cuando ese
desgraciado me pegó tantas veces y me violó hasta dejarme encinta, para luego vender a mi
hijo a fin de saldar sus deudas? ¿Eh? ¿Dónde?-
Destrozada, cayó de rodillas. Una Luz brillante bajó hasta posicionarse frente a sus empapados
ojos. Le habló en un idioma que ella pudo comprender, a pesar de nunca haberlo escuchado.
Ella se paró de nuevo y emprendió viaje hacia la puerta de entrada...
Bajó las escalinatas con los puños apretados y bajando la cabeza. Subió al auto y le dió arranque.
Escondía una botella de wiskey barato que tenía planeado utilizar por si llegaba a sufrir algín tipo de cortada en el camino. Pero aún así, la sacó y tomó un largo trago para darse impulso. Luego de mostrar una típica expresión de asco por el económico licor, puso su pié en el acelerador y se dirigió al limpio camino que la alejaría para siempre de aquél horrible pueblo que la vió crecer, y sufrir tantas injusticias.
Condujo durante varias horas, hasta que cayó el oscuro manto que acunaba a la luna.
Estaba agotada, entre los múltiples dolores que la perseguían y la necesidad de utilizar un baño, se detuvo junto a una estación de servicio.
Entró para pedir la llave del baño. Tenía hambre, y pocos centavos en sus bolsillos, insuficientes como para poder comprarse algo. Tenía que encontrar dinero de alguna forma u otra.
¿Quién dice que los milagros no existen? En piso del baño, junto al secador de manos yacía una elegante billetera negra de cuero. En su interior se encontraba lo que ella tanto ansiaba. Sintió el guiño de su ángel.
Volvió para llevarse comida y combustible a su auto. Se sentó en el asiento de atrás para estar más cómoda. Degustó la comida como si hubieran pasado dias desde la última vez que había ingerído alimento alguno. Luego se recostó, y tapándose con un abrigo de lana, descansó hasta el llegar del alba.
Con fuerzas renovadas, tomó una bocanada de aire fresco y partió de nuevo a las rutas. Ahora era libre... Libre de poder reformar su vida a su antojo.
Una llovizna vespertina, que se transfiguró en fuerte tormenta la obligó a detenerse. La visibilidad era casi nula y aunque quisiera irse lo más léjos posible, era de tomar precauciones.
Su vehículo se estacionó junto a un Hotel familiar semi abandonado,
cuyos únicos ocupantes eran dos ancianos y un jóven de unos veinte años.

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Re: ***Una Cuestión de Fé***

Mensaje  Rosh el Miér Oct 22, 2008 1:29 pm

Capítulo 2:

Los ancianos permanecieron inmóviles, como las figuras de los santos en la iglesia. El muchacho se levantó de un brinco y se acercó a ella.
-¿Una habitación? Tenemos algunas muy elegantes-
-¿A cuánto la más económica?-
-$15.- la noche. Desayuno incluído-
-Aqui tienes-dijo mientras sacaba el dinero de la billetera de su bolsillo.
-Sígame, por aquí-
Marchaba, cual soldado, tras el joven de ojos grices como el cielo del momento.
-Pase, por favor. Si marca el doce en el teléfono, vendré para servirla. Disfrute su estadía-
Pero cuando intentaba irse, giró y la miró atentamente.
-¿Se encuentra bien? Su semblante me dice que no. Tal vez, solo es idea mía y necesita dormir. Olvide lo que dije-
-Tienes razón, estoy muy cansada. Mi viaje será muy largo y debo descansar-
-¿Desea que la despierte al alguna hora en especial?-
-A las nueve. No quiero dormir de más-
-A las nueve entonces será-
La miró sonriente, esperaba tal vez una propina. Ella se sentía un poco sola.
-¿Te molestaría sentarte y hablar conmigo un rato?-
-Para nada- dijo el muchacho sorprendido. Se sentó en un sillón, frente a la cama.-¿De qué quiere hablar?
-Cuéntame sobre este lugar-
-Bueno... era de mis tatarabuelos, y pasó de generación en generación.
Cuando mis padres murieron, me quedé con mis abuelos para ayudarlos-
-¿Hace mucho?-
-¿Que murieron? Hace nueve años. Era chico, me costó mucho asumirlo... pero el tiempo me enseñó a no culparme por ello-
-Eso es algo de lo que no se puede escapar: el dolor.
El muchacho la miró sin comprender la razón de sus palabras.
-¿Acaso escapa de algo?.
-Si, de mi pasado. Pero parece obstinado en seguirme adonde vaya.
-Uno no puede huír del pasado, aunque eso la perturbe.
-Te molestaría si te pido que me trates de tu. Me siento una anciana y no lo soy.
-Claro que no ¿Qué tan malo fué tu pasado?
-Lo suficiente: Una vida lleva de privaciones, un matrimonio arreglado con un abusador, un hijo que me robaron... una gloriosa muerte...
-¿Gloriosa?- el joven estaba perplejo.
-Por llamarla de alguna forma. Digamos que fué el resultado de la justicia.
-Debe ser que para mi la muerte es algo espantoso, pero no entiendo porque llamarla gloriosa. Aunque haya muerto el ser más despreciable del mundo, no lo consideraría como algo bueno.
-¿Y si muriera alguien que abusó de tí por muchos años y que te robó a tu único hijo para venderlo?
-Lamento lo de tu hijo... pero ¿Mataste a tu marido? ¿Por esa razón te escapas?
-No te escandalizes. Fué un accidente, aunque si lo hubiera planeado no me hubiera salido mejor. Murió por mi culpa, pero juro que mi intención no era esa sino asustarlo para que me respete un poco más.
-¿Seguro que fué accidente?
-¿Te parezco asesina?
-No, aunque hasta el que más inocente parece puede ser culpable.
-No se que me intentas insinuar pero si planeas hacerme una denuncia te aviso que estoy libre por falta de pruebas.
-Está bien, no pensaba en hacerlo ¿Sabes? Siempre quise saber como funciona la mente de un abusador y porqué disfrutan al hacerle mal a los demás.
-No estoy interesada. No sabré cual era su trastorno, pero tampoco me importaba, ni antes ni ahora.
-¿Tienes algún destino planeado?
-No, solo alejarme y cambiar de aire. Tal vez encontrar trabajo.
-Me gustaría poder sentirme así de libre. Pero, el deber llama y debo dejarte descansar.
-Me parece una idea brillante y no esperaba menos de tí.- le dijo sonriendo.
-¿Me permites una observación?
-Claro, dime.
-Luces muy bonita cuando sonries.- Y sin mediar otra palabra, se retiró caminando de forma liviana y ágil.

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Re: ***Una Cuestión de Fé***

Mensaje  Rosh el Miér Oct 22, 2008 1:32 pm

Capítulo 3:

Se sonrojó por un momento ante aquél comentario. Entró al baño y se dió una merecida ducha. Luego salió para recostarse.
La cama era bastante más cómoda que el asiento trasero del auto, aunque no en exeso. Se acurrucó y descansó serenamente.
A la mañana siguiente, el jóven regresó para despertarla. Ella dormía destapada y en camisón. Fué entonces cuando pudo ver los golpes en sus brazos y piernas. Primero la tapó, y después de observarla atentamente, la despertó dándole los buenos días.
-Son las nueve y diez minutos, perdoname que no te haya despertado en punto.
-No hay problema, esos minutos me cayeron de maravilla.
-¿Quieres que te traiga el desayuno aquí?
-¿Tiene cargo extra?
-Claro que no.
-Entonces si, traelo mientras me visto.
Él salió sonriendo radiante, y ella comenzó a vestirse. Intentaba usar ropas largas que le tapen los signos de su antigua vida, a pesar de no poder huír de ese horrible pasado.
Una luz se materializó detrás de sus espaldas, y le volvió a hablaren
aquella lengua sublime y magestuosa. Ella asintió y le regaló una sonrisa.
Cuando el muchacho regresó, su ánges se había ido y ella se ataba las zapatillas. Depositó en la cama desarreglada una bandeja con una taza de café con leche, 3 o 4 figacitas de pan y un pequeño plato con mermelada de frutillas.
-¿Azucar o edulcorante?
-Azucar, por favor.
-¿Algo más o quieres que me vaya?
-No, quédate. Aún no me dices tu nombre.
-Me llamo Tomás. Ahora me gustaría saber el tuyo.
-Soy Mara ¿Cuantos años tienes? Yo te daría unos veinte.
-Tengo 21, asi que no te equivocaste por mucho.
-¿Cuantos años de edad crees que tengo?
-No lo se, si digo un número mayor podrías ofenderte.
-No me voy a enojar, dime cuantos crees que tengo.
-cerca de... ¿25?
-Tengo 19. Pero no me enojo, siempre parecí mayor.
-¿Él fué quién te golpeó así?
Ella abrió los ojos y de pronto bajó la cabeza.
-Si, lo hacía todo el tiempo...
-¿Porqué no lo denunciaste?
-Lo hice, pero nadie escuchaba. Nunca me tomaron declaración.
Tomás le untó uno de los troxos de pan con la mermelada y se lo acercó. Ella no quiso comerlo y lo dejó en la bandeja.
-Tienes que comer algo, se te marcan los huesos ¿Es que tampoco podías alimentarte bien?
-Solo traía deudas de juego, dió a mi bebé como parte de pago.-se
frotaba el vientre, una lágrima se deslizó por su mejilla.
-Entiendo. Si no lo hubieras matado yo lo hubiera hecho.
Sonrió tímidamente pero seguía con la cabeza gacha.
-Vamos, arriba. Estoy tratando de darte ánimos y hacerte sentir mejor, no me hagas pensar que mi esfuerzo no sirve de nada.
-Mi intención no es esa.-respondió con un hilo de voz-Perdoname si tiro abajo tu buen humor.
Él le tomó una mano y la acarició dulcemente. Ella seguía en la misma posición y con la mirada perdida. Sus lágrimas se deslizaban sin pedir permiso por sus mejillas hasta sus labios.
Pasaron varios minutos en silencio. Tomás se acercó más a ella y la tomó de la barbilla. Secó su rostro con el pañuelo que llevaba en su bolsillo.
-Ya no llores, por favor.Dime que debo hacer para que te sientas mejor.
-Abrazame.
Él ni siquiera lo dudó, la cubrió con sus brazos mientras ella proseguía en su congoja. Acariciaba su largo pelo castaño y sedoso.
Media hora más tarde ella dejó de llorar, tal vez por la hermosa
sensación que se encendió en su interior con el abrazo.
-¿Te sientes mejor ya?
-Creo que si. La vida sigue ¿No?
-Por supuesto. Pero quiero que me prometas no volver a llorar así.
-Lo intentaré.-sonrió, relajando sus facciones.
-Así me gusta.-la besó en la frente.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Era la primera vez que un hombre
la trataba con cariño. Se miraban y sus narices estaban a cinco cm una de la otra. El silencio era infinito en ese cuarto, hasta que...
-¿Te vas hoy para continuar tu viaje o te quedas un tiempo más?
-No me voy a ir, no ahora. Tal vez mañana.
-¿Necesitas algo más?
-Estoy bien así, gracias.
-Cualquier cosa, me llamas... ya sabes, marcas el 12...
-Y estarás aquí tocando a mi puerta.
-Exacto. Ya aprendiste mi discurso.
y se retiró tranquilamente. Ella miraba hacia el techo, tirada boca
arriba en la cama. El corazón le latía con furia ¿Acaso se estaba
enamorando por primera vez?

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Re: ***Una Cuestión de Fé***

Mensaje  Hinata_Nione el Miér Oct 22, 2008 1:42 pm

Wii!! Al final la has colgado!!! ^^ Ya sabes que encanta!!! Eres una gran escritora!!! (K)

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Re: ***Una Cuestión de Fé***

Mensaje  Rosh el Jue Oct 23, 2008 2:31 pm

Capítulo 4:

Habían pasado varias horas y ella permanecía inmóvil, pensando. Todo seguía igual, hasta que tres leves golpecitos en la puerta de la habitación la despertaron de su ensoñación.
-¿Se puede?
-Claro, pasa Tomás.
-¿Querés almorzar con nosotros?
-¿Quienes serían nosotros?
-Mis abuelos y yo. No hay más huéspedes.
-y... ¿Qué comeríamos?
-Nada muy extraordinario, aunque mi abuela es gran cocinera: pastas.
-Me encantaría.
-Entonces ven, sígueme hasta el comedor.
Salieron de aquél cuarto y se dirigieron escaleras abajo.
El comedor era amplio, con una larga mesa de madera rojiza con sus sillas a juego. Sobre la misma se extendía un largo mantel floreado, que llevaba pintado la palabra bienvenidos en diferentes idiomas.
Tomaron asiento junto a la punta cercana a la cocina. Instantes después, se acercó la anciana con un enorme platón de pastas con salsa de tomate.
-Abuela, ella es Mara, nuestra única huésped por el momento.
La anciana levantó la vista para verla de frente.
-Es un placer, señorita. Ahora acérqueme su plato, creo que me quedaron muy ricos.
-Muchas gracias señora. Para mi también es un placer y tiene UD. Razón, se ven realmente tentadores.
-La abuela amasa sus propias pastas.-dijo mientras se servía.
-Tomás es celíaco, compro la harina especial y lo hago por él.
-¿Qué significa eso?
-Que no puedo ingerir gluten, y no puedo comer cualquier cosa sin leer los ingredientes.
-Mi nieto es un joven sano, sólo que sufre con su sistema digestivo.
-Realmente están muy sabrosos, nunca había probado pastas frescas.-dijo ella mientras pinchaba su comida con el tenedor.
-¿Cómo que no? ¿Estás segura?
-Siempre de paquete, de los secos. Las pastas frescas solían ser más caras.
-Puedo enseñarte a prepararlas, no es nada complicado.
-Me encantaría, muchas gracias.
-Ustedes sigan hablando… yo aprovecho y me como lo mío y lo suyo.-Repetía el muchacho con la boca sucia de salsa.
El anciano permanecía en silencio.
-Viejo…
-Viejo.-replicó casi gritando la anciana mientras lo codeaba.
-¿Qué?
-¿Más?
-¿QUE?
-¿Qué SI QUIERES MÁS?
-El Alplax lo tomo por las noches, es para dormir.
-No, te pregunté QUE SI QUIERES MÁS COMIDA.
-¡Ah! No, estoy bien así.
-Viejito, estás cada día más sordo.
-¿Qué?
-Nada, come.
-El abuelo está un poco sordo. Su audífono se descalibra muy seguido y es cuestión de revisarlo.
Ella casi no le prestaba atención. Se sentía acompañada por primera vez… se sentía en familia… miraba al hombre de edad avanzada con cariño, y éste le regaló una sonrisa.

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Re: ***Una Cuestión de Fé***

Mensaje  Rosh el Vie Oct 24, 2008 5:36 pm

Capítulo 5:

Habiendo terminado de comer. La abuela sirvió el postre: una suculenta tarta de manzanas acarameladas.
-Espero que la disfruten, la hice con amor.
-Como para no disfrutarla, ya me la estoy comiendo con los ojos… ñam…-repetía Tomás y se frotaba las manos, como villano de caricatura.
-Muchas gracias.
-No agradezcas cada cinco minutos niña. Sólo pruébala.
La tarta tenía un sabor especial que no se podía describir con palabras normales.
-Rico… muy rico.-decía el viejito con dulzura. Le sopló un beso a su esposa, quien se sonrojó levemente.
Mara los miraba embobada.
-Que lindo que luego de toda una vida se amen de esa forma…
-Son muy demostrativos, lo que a veces me hace sentir un poco solo… pero no es queja eh!
Mara lo miraba con mirada cuestionante.
-Es que ya veía que me miraban mal por decirlo de esa forma. Me dicen que estoy en edad de novias y eso, pero no se…
-¿Nunca tuviste novia?
-Si, pero en Buenos Aires. Hace como tres años.
-¿Qué pasó?
-Me engañó con un vecino. Los descubrí en el auto de él, juntos y muy pegajosos.
-Lo lamento, no quise revolverte aquellos recuerdos.- dijo mientras bajaba la cabeza.
-Tranquila, ya no me afecta.- y le regaló una sonrisa.
-Deberías intentar salir del hotel.
-La verdad es que me gusta estar aquí y no quiero dejarlos solos.
-Ya te dije que no somos inútiles. Disculpa a mi nieto, nos ve como a dos paralíticos.
-Temo que les hagan daño, nada más es eso.
Terminó su porción y salió apresuradamente por la puerta. Mara lo siguió casi corriendo.
-¡Hey! No corras tanto.
-Intento cuidarlos y no lo aprecian… no lo entienden… no quiero perderlos también a ellos…
-Espera un poco…
-No quiero irme, no quiero dejarlos… no quiero… yo…
Ella logró alcanzarlo y él se aferró a su torso, en un abrazo de infinito sentimiento. Mara nunca había visto llorar a un hombre, sólo atinó a acariciarlo con suavidad y besarle la frente.
-No dejes que me vuelva a sentir solo, por favor.
Ella se sorprendió y abrió sus ojos como nunca antes. Tomás la miraba fijamente con sus cristalinos iris, derrochando líquido salado en cada parpadeo.
Por un momento ella se hundió en sus ojos y no supo que responderle. Pero luego…
-No lo haré, no me iré… jamás… lo prometo.
Él intentó sonreír. Mara le acariciaba la nuca.
-Nunca. No voy a dejarte nunca…
Sus corazones latían juntos semi taquicárdicos. Volvieron a fundirse en un cariñoso abrazo hasta que él se calmó.
-Lamento actuar de ésta forma.
-No lamentes mostrarme le que te pasa. Si me voy a quedar contigo debo saber como cuidarte.
-¿Lo harás? ¿En verdad?
-No puedo mentirte. Eres la primera persona que me demuestra cariño en toda la vida, aparte de mi pobre madre.
-Porque tal vez no me importa quien seas o lo que hayas hecho con tu vida.
-Eso significa que…
-Que creo que me pasan cosas cuando te veo, cuando te acaricio, cuando te abrazo… cosas que no se como describir. Se que es muy apresurado, pero te quiero. No sé como, ni porqué… el corazón no cuestiona sobre ese tipo de cosas, solo escoge y ya, uno no puede negarse. Llámalo amor a primera vista o dime loco, pero te quiero.

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Re: ***Una Cuestión de Fé***

Mensaje  Rosh el Miér Oct 29, 2008 4:06 pm

Capítulo 6:

Mara se quedó perpleja. Nunca nadie le había confesado cosa tal, por tanto no sabía como actuar. No debía escapar, pero ¿Qué sentía por él?
-Es cierto, es apresurado. No puedo darte una respuesta instantánea, no por no quererte sino porque quiero encontrar las palabras correctas.
-No te obligo a nada. No te ordeno, solo que… me gustaría que me quieras como yo te quiero… sin cuestionamientos ni ataduras. No pienso hacerte daño y eres libre para quedarte o irte.-dijo mientras se secaba las lágrimas.-Soy un tarado.
-Para nada. No eres un tarado. Pero sinceramente confieso que nadie me trató así… con cariño… y debo reconocer que me encanta y que mi voluntad no es irme.
Él respiraba agitado y nervioso. Se alejaba para no tentarse a abrazarla de nuevo, pero el instinto pudo más. Ella se hundía en sus brazos. Una reluciente paz la inundaba al sentir su pecho.
-Tomás.
-¿Qué?
-Te quiero.
Él se despegó de sus brazos y la miró serio.
-No te obligo… yo…
-Nadie me obliga, te quiero y punto… más te vale aceptarlo…-le sonrió.-Y ahora volvamos antes de que tus abuelos se preocupen.
-Está bien. Pero no digas nada. No quiero que se preocupen por mis arranques.
-Les diré que me quedo contigo y que voy a buscar trabajo para pagarles mi estadía.
-Por eso no te preocupes, los ingresos son buenos y donde comen tres…
Mara no dijo palabra, pero no estaba conforme. Aunque los ancianos la tomarían como parte de la familia.
En efecto, ella les comunicó que se quedaría y los abuelos de Tomás le dijeron que debería ayudarlos en algunas cosas.
-Te enseñaré la forma en la que cocino y tiendo las camas. Después de todo, ya estoy muy vieja y cansada para hacerlo yo misma.
-No hay problema para mí, sería un placer asistirla.
-Y dime abuela.
-Abuela, ¿En que te ayudo?
La anciana le sonrió. Tomás la tomó de la mano y la arrastró hacia sí.
-Por hoy, en nada.-respondió él apresuradamente.-Nos vamos a dar una vuelta y a tomar un poco de aire. A esta hora no suele venir nadie.
-Me parece buena idea.-señaló la abuela.-vayan a caminar por el bosquecito.
Salieron caminando en silencio y luego de quince minutos llegaron a lo que ellos llamaban bosquecito.
Detrás de unos arbustos se ocultaba una cascada rocosa y un arroyo de agua fresca, limpia… a unos metros más de distancia, un lago.
-¿Sabes nadar? No es muy profundo, pero…
-Creo que si se, en todo caso me rescatas.
-Bien. No te asustes si me saco la camisa.
-Claro que no.
Él se sacó la ropa y ella hizo lo mismo. El agua les llegaba a los hombros a ella y a él a tres cuartos de torso.
-Te dije que no era profundo ¿No está genial el agua?
-Si, es hasta relajante.
-¿Quieres ver algo secreto?
-¿Secreto?
-Sujétate de mi cuello, haremos más rápido así.
-No me suena muy bien lo que me dices, pero debo confiar.
La llevó en su espalda, recorriendo el lago. Entonces llegaron a un frondoso sauce llorón.
Salieron del agua y se acercaron.
-Éste es mi escondite, bajo éste árbol me quedaba esperando que el tiempo pasara y mi ropa interior se secara.
-Interesante, pero ¿Porqué me trajiste?
-No lo se. Algo me dijo que debía hacerlo… ¿Ves ese hueco?
-Si.
-Mete tu mano.
Ella lo hizo, y sacó un paquete envuelto en una bolsa de tela.
-¿Qué es esto?
-Algo así como una máquina del tiempo. Ábrela, son los tesoros de mi infancia.
Dentro había una cajita con crayones rotos, un dibujo, una foto de sus padres, una bolsa con bolitas de vidrio de colores y figuritas de viejos jugadores de fútbol.
-Yo nunca guardé nada como ésto.
-No se porqué lo hice, pero nunca me pude desprender de ellas. Antes de perderlas, decidí guardarlas en secreto.
-Me vuelvo a preguntar ¿Porqué me lo muestras?
-Ya te dije que no lo se, tal vez porque confío en que me ayudarás a tener más y mejores cosas que recordar.

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Re: ***Una Cuestión de Fé***

Mensaje  Rosh el Jue Nov 06, 2008 6:06 pm

Capítulo 7:

Mara lo miraba extrañada.
(Pensando) -¿Este que se piensa? ¿Qué soy una máquina de generar alegría? ¿Justo yo?
-¿Te quedaste pensando?
-Si, solo en que me parece que tu vida no fue tan mala después de todo para que quieras mejores cosas que recordar.
-No quiero que interpretes que yo me arrepiento de haber vivido algo, es sólo que… No quiero que te vayas porque me siento solo.
-Pero no lo estás.
-No lo digo en la forma de sentir que estoy aislado, me refiero a que necesito a alguien a mi lado.
-¿Cómo una novia?- Levantaba una ceja.
-Algo así… no quiero obligarte a nada, como te dije antes. Pero me parece que me estoy enganchando con vos…
-Vení.-Se sentó en el pasto y dio unos pequeños golpecitos en el suelo con su palma abierta.
Tomás se sentó a su lado, dejando que sus pies rozaran la superficie del agua.
-¿De verdad me estás proponiendo que sea tu novia? ¿Sos conciente de ello?
-Total y completamente.
-¿Estás seguro de que no te vas a arrepentir?
-Si.
-¿Qué no me vas a recordar nada de mi vida pasada?
-Lo juro por lo que más quiero.- dijo con la bolsa de tela en sus manos.
-Bueno.
-¿Bueno qué?
-Te tomo la palabra
Él abrió los ojos de forma tal que parecían salirse de sus cuencas. Ellá lo rodeó con sus brazos y posó sus labios sobre los suyos. Nunca había tomado la iniciativa en un beso, pero se las supo apañar solita. La boca del muchacho se deslizó por su cuello. Su lengua se movía sin parar como si recibiera algún tipo de fuerza externa incontrolable.
Ella bajó un poco las manos para acariciar su espalda.
Poco a poco se fueron recostando, pero fue Mara la que se ubicó por encima. Lo besaba con suavidad mientras él se dejaba llevar.
Unos instantes más tarde, y antes de llegar a un interesante punto de excitación, él la detuvo.
-No quiero ir tan rápido, perdoname.
-Como quieras, pero yo tenía ganas.
-¿Perdón?
-Y si… siempre a lo bruto y yo sin ganas… Ahora todo dulce y con muchas ganas.
-Me encantaría hacerlo con vos, mi amor, pero me parece que sería mejor si estuviera seguro de que nadie va a aparecer. Esto es algo así como un espacio público, y cualquiera puede entrar. Si nos ven pueden denunciarnos.
-Mejor, le da un poquito de sabor al ambiente.
-Te tenía más angelical.
-Digamos que soy un arma de doble filo cuando me tocas el cuello. Además… ¿Me llamaste mi amor?
-¿Te molesta?
-Claro que no. Mientras que no me digas “Gorda o gordita”
-Nunca, prometido y no pienso preguntar el porqué.
-Así me gusta. ¿Volvemos?
-Dale, antes de que me empiecen a agarrar ganas.
Volvian riendo y caminando de la mano. Cantaban una canción vieja que pasaban por la radio de un auto que no paró, ambos la conocían casi completa.
En ese instante en el que podía llamarse a si misma “Feliz”, La luz que ella ya conocía volvió a bajar. Tomás estaba asustado. Para que se calmara, la luz tomó forma de humano híbrido.
Regresó para darles una noticia no grata, La policía los esperaba en el hotel.

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